22 de mayo de 2024 en Buenos Aires

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Empresas con propósito: ¿cómo hacen los que hacen?

¿Cómo hicieron para dar el salto aquellos que iniciaron un camino de crecimiento sustentable? Testimonio de productores que se animaron a dar el salto.

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Por CREA Región Sudoeste | SUO

Por lo general, los objetivos de crecimiento de una empresa se asocian a la búsqueda de rentabilidad. No obstante, un abordaje integral exige pensar en tres planos: la mirada social, el cuidado ambiental y, por supuesto, el beneficio económico. Lo que llamamos el "triple impacto" como pilar de las empresas con propósito.

“Solemos hablar un montón del cambio, sin embargo, ¿cuántos de nosotros estamos realmente dispuestos a incomodarnos para llegar a ese objetivo? ¿Cuántas veces protestamos porque las cosas no suceden como esperamos y cuántas veces somos nosotros mismos los responsables de que eso no ocurra?”, inquirió Gonzalo Herrán, presidente del Congreso Nacional 2022, y moderador de la charla ¿Cómo hacen los que hacen?, del último Congreso CREA de la región Sudoeste.

Para explorar esta temática, la zona convocó al escenario a cuatro productores que se animaron a dar el salto, y que a través de su experiencia pueden ser fuente de inspiración para otros: Cecilio De Souza, Eduardo Castro, Blas Briceño y María Paula Montilla.

Economía circular

Como cuarta generación de vendedores de maquinaria agrícola, Cecilio De Souza, especialista en Economía Agrícola de la ENSAR (Ecole Nationale Supérieure Agronomique) de Rennes, Francia, tenía claro que si entraba a la empresa familiar, cosa que concretó en 2002, era para generar algo distinto. “Si bien todo estaba bastante consolidado, siempre se puede seguir creciendo. El hecho de ser parte de una empresa familiar chica, con poca superficie (no superamos las 300 hectáreas) me llevó a decir: ‘A lo que sea que hagamos, tenemos que sacarle el mayor provecho posible’”, advirtió el actual presidente de Agro de Souza S.A.

El primer paso consistió en acondicionar un pequeño feed lot que tenían e incorporar un equipo de riego a un campo que habían comprado para generar el alimento para el encierre. El segundo paso se produjo luego de realizar distintos viajes que les permitieron conocer otras realidades. En 2017 se consolidó la idea de instalar una planta de biogás para transformar lo que hasta entonces era puro desecho. “Había que capturar el metano y convertirlo en energía”, subrayó.

Pero, ¿cómo una empresa de esas dimensiones se animó a jugar en esa liga? La primera medida fue la consolidación de un equipo de trabajo constituido por su padre, su tío (que falleció al final de la pandemia) y la gente que poco a poco se fue sumando al proyecto. “Cuando tomé la empresa a mi cargo, éramos seis personas trabajando; hoy somos más de 65. Fue generar contagio y que se sintieran identificados. Contar con un equipo te deja tiempo para relacionarte con la gente, abrir la cabeza y no distraerte con las cosas negativas”, indicó.

También fueron claves la determinación, la perseverancia y, por qué no, un poco de locura. “En 2018, la Argentina se quedaba sin fondeo, mientras que en 2019 Macri perdía las elecciones. Nosotros firmamos la licitación el 4 de diciembre de 2019, por lo que teníamos dos opciones: pagar el seguro de caución y abandonar la idea, o seguir adelante y redoblar el seguro. Nos decidimos por la segunda, pero así y todo no llegábamos, porque el préstamo del Banco Nación no era suficiente”, relató.

La respuesta vino de la mano de dos clientes y proveedores, que pasaron a convertirse en socios. “Apostamos a una economía 360 como estrategia económica y productiva, pero el relacionamiento y el asociativismo también fueron parte de la circularidad”, subrayó. Así, pese a los avatares, lograron cumplir con la planificación original.

Aunque reconoce que aún queda mucho por hacer, la meta inicial sigue vigente: “Me debo a 65 personas que tienen que desarrollarse y disfrutar la misma calidad de vida que uno pretende para sí mismo. Allí reside el principal desafío”, concluyó Cecilio.

Empresas B

El segundo en contar su historia fue el ingeniero agrónomo Eduardo Castro, socio fundador de Optimizar Forestal SAS, una empresa B dedicada a producir plantas y diseñar y ejecutar proyectos de producción forestal, energética, de restauración y de compensación de emisiones de CO2. Esto último, gracias a la vinculación con Nativas, una empresa de Rosario que impulsa proyectos de regeneración para incrementar la biodiversidad y capturar carbono. “Por suerte, esto va avanzando, tenemos por delante un desafío inmenso”, subrayó.

Pero, ¿qué llevó al nieto de un referente de la industria química a tomar este rumbo? Ante todo, “la posibilidad de trabajar en un terreno donde otros no están trabajando. Internamente, yo sabía que si no incursionaba en el mundo de los agroquímicos, detrás mío habría 500 personas que iban a querer hacerlo. Conocía también todas las posibilidades que ofrecía el área forestal para darle una alternativa de biodiversificación a los sistemas productivos argentinos”, explicó.

Arrancó de cero en un lote del campo familiar, a pulmón, y sufrió robos, incendios y obstáculos varios. “Pero la vida es eso, un tobogán, y siempre está la posibilidad de reinventarse, encontrar una salida, marcar un norte y empezar de nuevo”. Hoy produce 1.100.000 plantas en dos viveros y se constituyó como una empresa B, con la que desde noviembre es miembro CREA.

Por definición, las empresas B reciben una certificación de parte de la organización sin fines de lucro B Lab, tras cumplir con estrictos estándares de desempeño social y ambiental, de transparencia y responsabilidad. “Quisimos darle una vuelta de tuerca a esto y asistimos a la primera reunión de Camino+B, un programa que les permite a las empresas entender, medir y gestionar su triple impacto para empezar el camino hacia la sostenibilidad”, indicó.

Eduardo encontró así una forma de ordenar la empresa, alinearla y crecer en un sentido que genere impacto y que la potenciara económicamente. “Casi te diría como una consecuencia del hacer, de un hacer comprometido con una causa. Básicamente, se trata de un montón de acciones que uno emprende por naturaleza, por vocación, pero que empiezan a tener un nuevo sentido. Estoy seguro de que muchos de ustedes las hacen, aunque no las consideren parte de una política de la empresa” subrayó.

En otras palabras, Eduardo explicó que el Sistema B golpea la puerta de gobiernos, instituciones, ONG y empresas varias buscando quebrar el paradigma de la economía tal como lo conocemos: “el capitalismo puro y duro del sálvese quien pueda. Esta es una concepción distinta: disponemos de recursos limitados en el marco de un paradigma económico agotado y debemos gestionarlos de una manera distinta. Ser una empresa B significa empezar a transitar un camino en el cual nos volvemos protagonistas del cambio. La responsabilidad ya no está más fuera de la empresa, por ejemplo en el Estado, en el empleado que no viene o que no se compromete. La responsabilidad pasa a estar en buena medida puertas adentro”.

“Imagínense que tienen la posibilidad de caminar por una una senda que los llevará a la cima de la montaña de la vida en términos de propósito, de integridad, de un crecimiento paulatino. Y que se trata de un camino que es gradual, en función de las posibilidades que uno tiene. Nadie les va a pedir que hagan algo que no puedan hacer. Se trata simplemente de gestionar los recursos con un horizonte”, agregó, advirtiendo que no todos están llamados a ser empresas B, pero sí deberían sentirse llamados “a respirar otro aire”.

Compromiso social

En pocas palabras, Blas Briceño se dedica al desarrollo de software. “Una empresa de software puede potenciar la capacidad de gestión de las empresas, generar un programa específico para una actividad o negocio, o diseñar un software, al que luego se le ponen cuatro ruedas ¡y es Tesla!”, advirtió el CEO y fundador de Finnegans, presidente de Xubio y vicepresidente de la Cámara Argentina de Software.

"Cada vez es más necesario -o conveniente- favorecer el desarrollo de software como herramienta transformadora para cada uno de los negocios que existen sobre la tierra: la salud, la educación, la industria automotriz, el agro, entre otros. Son espacios donde la digitalización tiene mucho para ofrecer”, señaló.

Consultado acerca de la inteligencia artificial, la respuesta no se hizo esperar: ¿deberíamos temerle o viene a facilitarnos la vida? "En primer lugar, la inteligencia artificial se nutre de una capacidad de almacenamiento y procesamiento de datos gigantesca para crear series de algoritmos que permiten que diversos programas y mecanismos muestren comportamientos inteligentes y razonen como lo hacen los humanos, generando múltiples ventajas para las empresas. Hay, por supuesto, mucha manipulación de esta información y estas capacidades en función de objetivos non sanctos, pero mi visión es que esos miedos nos han acompañado durante toda la evolución, son genuinos y atendibles, y sobre eso, tenemos que trabajar”.

"La inteligencia artificial ya forma parte de la agenda de muchísimas organizaciones y gobiernos. Es hacia allí que debemos ir si queremos mejorar nuestras capacidades. Esa agenda es posible, beneficiosa y muy accesible. Nos pide que aprovechemos las posibilidades que ofrecen la digitalización, el machine learning y la inteligencia artificial para producir cambios radicales”, señaló.

Sin ir más lejos, en la aplicación selectiva de herbicidas ya hay machine learning. “Ya tenemos a disposición las herramientas necesarias para aplicar insumos y encontrar las mejores estrategias de producción, comerciales y económicas. ¡Es a favor de nuestro negocio y es impresionante! Cambian definitivamente la posibilidad de obtener rentabilidad y crecimiento”.

"Pero para adoptarlas -precisó- es necesario que las organizaciones asuman el punto de vista de la innovación, del aprendizaje y de la mejora continua. Hay que tomar esas capacidades y ponerlas en juego, en lugar de esperar al momento en que estén establecidas, porque de ser así, llegaremos seguramente tarde”.

¿Siempre se puede emprender? ¿Incluso en la segunda mitad de la vida? Con 57 años y una startup creada a sus 50, Blas fue categórico: “Definitivamente. Emprender es un viaje que uno puede realizar en cualquier momento de la vida; los aprendizajes previos son combustible para el siguiente viaje”, concluyó.

Equipos de trabajo motivados

Por último, fue el turno de María Paula Montilla, presidente de la empresa familiar Cimafer S.A., miembro CREA desde hace 15 años.

María Paula empezó hablando de sus “rarezas”. La primera, no provenir de una familia agropecuaria. “Mi papá era un empresario que terminó adquiriendo campos, aunque sin intención de transformarse en productor agropecuario. Yo tampoco lo era y, de hecho, en mi equipo de trabajo soy la que menos sabe de campo”, aseguró, indicando que su rol es el de administrar las motivaciones de los demás: “Y bueno, considero que funciona, veo a la gente contenta trabajando conmigo”.

Su otra “rareza” reside en el hecho de manejar un equipo conformado por un encargado y tres peones, dos de los cuales son mujeres. Algo que no buscó intencionalmente, pero que hoy la llena de orgullo por la calidad del trabajo realizado. “La primera empezó a trabajar hace ocho años porque era la mujer del encargado, y la segunda es su amiga, que viéndola trabajar contenta decidió sumarse”, relató.

En un contexto donde la gente grande se retira y es difícil atraer gente joven, ¿puede esta realidad aplicarse a la de otros campos? Para María Paula, la clave reside en abrir la cabeza. “Si a los viejos los queremos, pero están viejos, a los jóvenes no tenemos ganas de entenderlos, y a las mujeres tampoco, por el hecho de ser mujeres, terminamos dejando afuera al 80% del mercado laboral. Después no podemos quejarnos porque no encontramos gente para trabajar”, advirtió.

En todos estos años, María Paula se preparó para conducir un equipo diverso. Y a la larga, su entorno se fue amoldando. “No hablamos de hacer encajar a la fuerza algo que no funciona. Hablamos de adaptación. Si nos quedamos quietos no crecemos ni sobrevivimos”, subrayó.

Instó a ser tolerante con aquel que no está dispuesto a escuchar. "Ir al choque jamás funciona. Hoy das tu opinión y siempre algo queda; la semana que viene volvés a charlar y quizás se olvidó de que estaba en contra, y así sucesivamente... De alguna forma, lo vas llevando”.

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