26 de noviembre de 2025 en Buenos Aires

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Don Guillermo: una familia empresaria diversificada a gran escala

En Misiones, una familia empresaria del CREA Alto Paraná integra la cadena de valor en áreas de yerba mate, foresto-industria, ganadería, agricultura y energía.

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Por CREA Región Litoral Norte | LIN

En el norte misionero, Establecimiento Don Guillermo, del CREA Alto Paraná, combina tradición y eficiencia productiva. Con 8000 hectáreas y 500 empleados, integra forestación, industria maderera, construcciones, yerba mate, ganadería, agricultura y energía en toda la cadena de valor, con un aserradero, un próximo frigorífico e independencia energética. Actualmente, la familia empresaria incorpora a la segunda generación en la gestión.

"Somos descendientes de inmigrantes”, recordó Lorena Gruber, coordinadora de producción agropecuaria de la empresa. “Mis bisabuelos vinieron escapando de la Segunda Guerra Mundial. Compraron un lote de 25 hectáreas en Santiago de Liniers, cuando se estaba colonizando la provincia. Mi abuelo y mi papá crecieron en ese lugar”, comentó.

Ese fue el punto de partida de una historia que se transmite de generación en generación. En 1976, su padre y sus tíos fundaron el aserradero familiar. Empezaron cortando madera nativa de la selva misionera y, con el tiempo, incorporaron especies exóticas. “Ese año es el de la fundación de la empresa porque fue el primer aserrado que lograron con éxito, con su propia sierra adquirida gracias a un préstamo familiar de su tío abuelo, Guillermo Meisser. Tenían solo 15 y 17 años”, relató.

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Primero fabricaban bastidores para cuadros y camas; luego fueron especializándose en el aserrado de tablas hasta montar una industria con sierras automatizadas. La primera plantación de pino llegó en 1984, con 15 hectáreas, y marcó el inicio de un proceso de integración con la industria. Desde entonces, la empresa avanzó en la forestación, el secado, la clasificación y la remanufactura de la madera.

“Hoy nuestro objetivo es plantar 300 hectáreas anuales”, precisó Gruber. En los aserraderos se obtiene madera de pino destinada a tablas, tirantes, machimbres, tableros, molduras y vigas multilaminadas. Una parte se comercializa en el mercado interno, a través de corralones y la empresa Easy; otra se exporta a Estados Unidos, Panamá, Costa Rica y Brasil.

Una parte de la producción industrial se destinada a construcciones en madera, bajo el nombre de Cabureí. “Una de mis hermanas es arquitecta y junto a mi prima, que es ingeniera civil, coordinan el área de construcciones. Por el momento trabajamos con diseños estandarizados de casas prefabricadas, pero aparecen clientes que buscan diseños personalizados y premium. Hasta el momento satisfacemos una necesidad habitacional, pero nos desafía el mercado de construcciones con más diseño”, relató.

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Desde sus inicios, la empresa creció hasta contar con 6.500 hectáreas forestadas. En la industria maderera procesan alrededor de 2,5 millones de pies cuadrados por mes. Además, desarrollaron otras unidades de negocios, como yerba mate, ganadería y agricultura. Hoy dedican 280 hectáreas a la yerba mate. El rodeo vacuno supera las 4000 cabezas y la agricultura ronda 500 hectáreas, entre producción de granos y pasto.

“De nuestra generación, cada uno fue tomando diferentes roles en función de sus habilidades, abarcando el área administrativa, industrial y comercial de la madera, construcciones y producción primaria", señaló Lorena. “Mi madre y mis tías se dedicaron casi exclusivamente a nuestra crianza y hasta hoy son sostén, con la crianza de nuestros hijos. Las mujeres de mi generación pudimos elegir trabajar activamente en la empresa, y para nosotras contar con las abuelas es fundamental”, agregó.

Hoy la familia proyecta la incorporación de los más jóvenes mediante la educación y su posible futura participación en la empresa. “Estamos viendo cómo ir incluyendo a los más chicos, para que conozcan lo que hacemos, se formen, se motiven y entiendan el funcionamiento de la empresa”, explicó. “Es un logro familiar enorme. Me genera mucha satisfacción ser parte de este proceso”, se enorgulleció.

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Nuevos horizontes

A lo largo de las décadas, la empresa amplió su horizonte productivo incorporando lotes con yerba mate. “Nos dedicamos a la venta de hoja verde, es decir, a la producción primaria del cultivo”, apuntó Gruber. “Tercerizamos la cosecha y la vendemos a un secadero que se encarga de todo el proceso de elaboración”, detalló.

El vínculo con la yerba no fue lineal: los vaivenes del mercado obligaron a redefinir estrategias, con mejoras tecnológicas. “La producción de yerba mate es una de las áreas en donde más trabajo. Venimos rejuveneciendo yerbales viejos, cambiando la forma de cosecha al sistema de “rama madura” y mejorando la fertilidad de suelo. Este año incursionamos en la cosecha mecanizada, que era manual. En 2021 incorporamos tijeras electrónicas, que fue un salto tecnológico, y ahora estudiamos mecanizar completamente un área, aunque aún con más dudas que certezas”, contó.

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La mecanización es un paso importante hacia la eficiencia, aunque también implica nuevos desafíos. “Estamos experimentando, tratando de aumentar la rentabilidad. Es un mercado regional, con fluctuaciones fuertes en los precios: llega un momento que se satura y baja el valor del producto. Es bastante cíclico y ahora no estamos en un buen momento. Pero pensamos que se va a restablecer y que hay que seguir trabajando para estar bien posicionados cuando los precios mejoren”, comentó.

Eficiencia energética

Tras las primeras plantaciones de pino en 1984, los ´90 marcaron una década de expansión y tecnificación. La yerba mate y las forestaciones atravesaban un ciclo favorable, que permitió incorporar tierras y plantar entre 200 y 300 hectáreas por año, con un pico de 732 en 2006. Además, adquirió maquinaria de remanufactura, como cepilladoras, machimbradoras, moldureras, finger joint y prensas de alta frecuencia. Luego incorporó un scanner de saneado automático con dos sierras, para aprovechar mejor la madera y clasificarla en distintas calidades, y una línea de enyesado de molduras, que permite obtener un acabado más uniforme de las piezas.

“Para el uso de las cámaras de secado, a fines de los ´90 se adquirió una de las calderas que hasta hoy está funcionando. Ahí empezamos a incursionar en la producción de vapor”, recordó Lorena. Ese paso marcó el inicio de un nuevo rumbo: aprovechar los residuos del proceso industrial para producir energía. En 2010, sumaron otra caldera y una turbina de mayor capacidad, para avanzar hacia el autoabastecimiento.

El proyecto alcanzó su punto más alto el año pasado, con la instalación de una turbina moderna que amplió esa capacidad. “Hoy nos declaramos productores de energía por biomasa. Los desechos industriales se combustionan en una caldera, permitiendo la generación de vapor. Parte de ese vapor se destina a los secaderos y otra parte impulsa las turbinas que producen electricidad”, afirmó.

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Ganadería vacuna y porcina

La crisis de 2001 marcó un punto de inflexión. “Nos afectó como a todos, y una de las posibilidades que surgió, más por necesidad que por oportunidad, fue la ganadería”, recordó. En ese contexto, muchos clientes no podían pagar sus cuentas y comenzaron a ofrecer animales como parte de pago. “Nos daban bovinos por las deudas y los fuimos aceptando porque era una forma de cobrar y, además, porque la ganadería era parte de nuestra historia, con mi abuelo como primer productor ganadero”, explicó.

Esa coyuntura se transformó en una oportunidad de largo plazo. La empresa comenzó a criar y engordar hacienda, hasta completar un ciclo productivo que hoy integra cría, recría y terminación. “Contamos con más de 4000 cabezas de las razas Bradford Brangus y Brahman. Tenemos el ciclo completo, con la cadena integrada”, destacó.

La mayoría de los rodeos pastorean entre los árboles. “Los sistemas forestales se fueron convirtiendo en sistemas silvopastoriles, generando una sinergia entre pasto, árboles y carne”, señaló.

A principios de los 2000, los rodeos se alimentaban a pasto, con el paso del tiempo se incorporó el silo de fibra como estrategia de reserva forrajera para el invierno y finalmente la suplementación energético/proteica con granos. En 2013 se construyó el galpón de feedlot para la terminación, donde los animales completan un ciclo de 45 a 90 días de engorde con silo de fibra y granos. “Producimos pasto elefante, maíz y sorgo para fibra, y principalmente maíz y sorgo para grano. La mayor parte de los granos aún se compra a otras provincias, pero proyectamos autoabastecernos”, detalló.

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La integración avanza con la construcción de un frigorífico propio. “Estos últimos tiempos faenamos más de 100 novillos por mes, principalmente en instalaciones tercerizadas”, explicó. La obra comenzó el año pasado y ya cuenta con aprobación técnica. “La idea era inaugurar nuestras instalaciones a fin de este año, pero si no llegamos será a principios del próximo. Por ahora pensamos faenar exclusivamente la producción propia”, añadió.

El proyecto refleja una filosofía empresarial que recorre toda la trayectoria familiar. “Mi familia tiene como característica priorizar la integración de la cadena propia. Es un paradigma de ir resolviendo y generando nuestro autoabastecimiento. Si le pones un número quizás no sea lo más rentable, pero nos proporciona mayor independencia, principalmente en el largo plazo, y eso tiene su valor”, resumió.

La ganadería porcina también forma parte de esa visión. “La producción de cerdo viene de la historia familiar. Mis abuelos tenían sus chanchitos domésticos. Mi viejo y mis tíos siempre los mantuvieron para autoconsumo. Hace unos diez años, uno de mis primos empezó a incursionar en el mejoramiento genético y en la producción a mayor escala, con una alimentación más controlada y balanceada. Hoy tenemos más de 70 madres y nos dedicamos desde la cría hasta la terminación”, agregó.

Manejo agrícola

La agricultura es el área donde Lorena se encuentra más involucrada como Ingeniera Agrónoma. “Ahí es donde estoy un poco más activa, con la producción de granos”, comentó. Durante muchos años, la empresa trabajó con una rotación muy limitada: “Hacíamos maíz, maíz, maíz, o sorgo, sorgo, sorgo, y empezaron los problemas”

Para diversificar y mejorar el manejo, hace tres años incorporaron el girasol. “Lo usamos para la rotación de cultivos, para cortar ciclos de plagas y usar otros principios activos para el control de malezas. Todavía no definimos el destino del grano de girasol, pero seguimos probando distintas opciones”, indicó. Parte de la producción se usa en la alimentación animal. “No estamos muy convencidos debido al alto contenido de aceite. Estamos evaluando dos opciones: fabricar un tornillo para extraer el aceite y obtener expeller, o incorporarlo como planta entera para aportar fibra”, admitió.

“Como venta de grano, estamos muy lejos del puerto. No es un cultivo rentable para nosotros, y la comercialización a países vecinos es más compleja”, detalló. Hoy, la superficie dedicada a girasol ronda las 70 hectáreas, frente a unas 300 de maíz y sorgo. “Vamos rotando cada dos años una misma superficie. No es lo que necesitamos para la alimentación animal, pero nos viene bien para el manejo agronómico”, señaló.

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Un espacio de aprendizaje

El vínculo de Lorena con la red CREA surgió desde la universidad. “Conocí el Movimiento cuando estudiaba en la Universidad Nacional del Nordeste, en Corrientes”, recordó. En 2015, mientras desarrollaba un emprendimiento junto a un compañero de la facultad, participó en una feria y, casi por azar, se inscribió en un concurso: “Llené un formulario en Agroactiva sin mirar de qué se trataba y gané una media beca para la formación de Líderes CREA. Fue algo que me abrió la mente”.

Durante un año viajó todos los meses a Buenos Aires para asistir al programa. “Si bien no está directamente relacionado con la producción agropecuaria, me marcó mucho en la formación personal, sobre todo en concientizar del rol que podemos tomar en la sociedad”, reflexionó. A partir de esa experiencia, nació la idea de integrar la empresa familiar a la que pertenece en la red CREA.

Después de recibirse, decidió ejercer su profesión fuera del ámbito familiar. “Tenía miedo de trabajar con mi familia, así que entré en un concurso del INTA con el Instituto Nacional de la Yerba Mate. Ahí adquirí formación técnica en yerba mate”, explicó. Con el tiempo, se incorporó a la empresa en esa área y luego en agricultura. “Empecé despacito, tratando de ponerle datos y números a las cosas. Faltaba un registro, y mi idea fue y sigue siendo fortalecer ese aspecto”, mencionó.

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El paso siguiente llegó en 2024, cuando se conformó el grupo CREA Alto Paraná, en la región Litoral Norte. “Hablando con un colega que es asesor CREA, vimos la posibilidad de formar un grupo acá. Yo ya venía trabajando en la toma de datos y quería aprender si los estaba haciendo bien. También quería dialogar con otros productores”, recordó.

Para Lorena, la red CREA representa un espacio de aprendizaje y vínculo intergeneracional. “Rescato la posibilidad de conocer otros establecimientos de cerca, con una mirada crítica, porque la reunión CREA es más que una visita”, afirmó. “Me sirve por mi formación, pero también es una forma de transmitir a mis hermanas y a mis primos, que vienen de otras disciplinas, una manera de entender el trabajo y tomar decisiones. Ir formándonos juntos en estos criterios es fundamental”, concluyó.

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