Huella de carbono en viticultura
El Proyecto de Carbono en Sistemas Agropecuarios de CREA, que midió la huella de carbono en cuatro fincas de la región Valles Cordilleranos, publicó el primer informe relativo a los cultivos de vid.
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SUSCRIBITEHuella de carbono. Primeros resultados en fincas vitícolas para el Proyecto de Carbono en Sistemas Agropecuarios de CREA.
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SUSCRIBITEEl Proyecto de Carbono en Sistemas Agropecuarios de CREA, que midió la huella de carbono en cuatro fincas de la región Valles Cordilleranos, publicó el primer informe relativo a los cultivos de vid.
“Los resultados, correspondientes a las campañas 2024 y 2025, muestran datos reveladores y abren oportunidades concretas para implementar prácticas de mejora”, explican Luis María Arias Usandivaras y Diana de Salazar, coordinadores de la iniciativa instrumentada por CREA en colaboración con Arcor y UPL.
Las cuatro fincas vitivinícolas evaluadas, ubicadas en la provincia de Mendoza, corresponden a establecimientos dedicados principalmente a la producción de uva para vino de mesa (casos 1 y 4), mientras que los casos 2 y 3 comprenden producción de uva para mosto, lo que implica sistemas de manejo y objetivos productivos diferentes, particularmente en términos de rendimiento por hectárea.
Mientras que en los casos 1 y 4 los rendimientos analizados fueron de 9487 y 7280 kg/ha de uva respectivamente, en los casos 3 y 4 fueron de 19.644 y 20.000 kg/ha.
“Un primer análisis de los resultados indica que, dentro de la huella de carbono total por kilogramo de uva producida, la principal contribución proviene de las actividades desarrolladas en la propia finca, mientras que el transporte representa un aporte marginal en todos los casos”, apuntan los técnicos CREA.
Los valores de huella de carbono total se ubican en un rango aproximado entre 0,08 y 0,23 kg de CO2 equivalente por kilogramo de uva, reflejando diferencias asociadas principalmente al rendimiento, la escala productiva y las prácticas de manejo de cada establecimiento.
Los casos 1 y 2 presentaron las huellas de carbono más bajas por kilogramo de uva, lo que se vincula con una combinación de rendimientos relativamente altos y una estructura de manejo que permitió diluir las emisiones generadas en la etapa de finca sobre un mayor volumen de producción.
“En el caso 4, el valor obtenido debe interpretarse en el contexto de su sistema de producción orgánico, basado en el uso exclusivo de estiércol y en una escala productiva reducida, factores que tienden a incrementar la huella por kilogramo de uva cuando los rendimientos son menores”, comentan Luis y Diana.
“Esta combinación de pequeña escala, manejo orgánico basado en estiércol y bajo rendimiento por hectárea explica en gran medida la elevada huella de carbono observada”, añade.
El análisis de la huella de carbono por hectárea permite evaluar la intensidad de emisiones de cada sistema vitivinícola en función de la superficie cultivada. En ese marco, los casos 1 y 2 muestran huellas de carbono por hectárea relativamente bajas y de magnitud similar, mientras que el caso 3 presenta un valor intermedio, superior a los anteriores, pero claramente inferior al caso 4. Esas diferencias evidencian que la huella por hectárea está más asociada a la intensidad de las prácticas de manejo y al tipo de insumos utilizados que al volumen total de producción obtenido.
“Estos resultados refuerzan la idea de que la huella de carbono por hectárea y la huella por kilogramo de producto responden a dinámicas distintas y complementarias: mientras la primera refleja la presión ambiental del sistema sobre la superficie cultivada, la segunda está fuertemente condicionada por la eficiencia productiva y el rendimiento, siendo ambas necesarias para una evaluación ambiental integral de los sistemas vitivinícolas”, argumentan los técnicos.
“En base a las observaciones realizadas, se vuelve necesario incorporar un análisis que desglose las fuentes de emisiones, lo cual ayudará a interpretar de manera más precisa por qué algunas fincas resultan más intensivas en emisiones por superficie y otras más eficientes. Así, al complementar los indicadores globales con la estructura interna de las fuentes, se obtiene un panorama más completo que permite no solo comparar sino también entender las causas detrás de las diferencias entre fincas”, afirman.
En el siguiente gráfico puede verse el aporte porcentual de las distintas fuentes de emisión al total de la huella de carbono de cada establecimiento, permitiendo identificar tanto patrones comunes como diferencias en la estructura interna de las emisiones entre las fincas analizadas. El desglose por rubro refleja contrastes asociados al tipo de manejo, la intensidad productiva y la escala de los sistemas vitivinícolas.
En todos los establecimientos, las emisiones directas de finca constituyen uno de los componentes relevantes de la huella de carbono, aunque su peso relativo varía entre casos. En los casos 3 y 4, este rubro representa la principal contribución al total, lo que se asocia a una mayor incidencia de procesos biogeoquímicos del suelo vinculados al manejo de la fertilización y de los residuos orgánicos. No obstante, en ambos casos se observa también la participación de otros rubros, particularmente el consumo de energía, lo que indica que el perfil de emisiones no se encuentra concentrado exclusivamente en una única fuente.
El caso 1 presenta una estructura de emisiones más diversificada, con aportes relevantes de las emisiones directas de finca, el consumo de energía y la fabricación de insumos. Este patrón es representativo de un sistema productivo de escala intermedia, en el que las labores mecanizadas, el uso de energía y la utilización de insumos externos tienen una incidencia comparable en la huella total, sin que ninguno de estos componentes predomine de manera excluyente.
En el caso 2 se observó una participación significativa de las emisiones asociadas al sistema de conducción del viñedo y al manejo de residuos, junto con un aporte relevante del consumo de energía. Este perfil es consistente con un sistema de mayor escala e intensidad productiva, donde las estructuras permanentes y la frecuencia de las labores culturales adquieren mayor peso relativo en la huella de carbono. En este caso, la contribución de las emisiones directas de finca es proporcionalmente menor en comparación con otros establecimientos, reflejando una menor incidencia relativa de los procesos directos del suelo.
“En todos los casos, las emisiones asociadas al transporte representan una fracción marginal del total, confirmando que la mayor parte de la huella de carbono se genera en la etapa de producción primaria”, indican.
En conjunto, el análisis pone de manifiesto que no solo resulta relevante el nivel total de emisiones, sino también su distribución interna, ya que sistemas con valores globales similares pueden presentar perfiles de emisión distintos, lo que resulta clave para identificar estrategias de mitigación específicas para cada tipo de establecimiento.
Los resultados obtenidos en el estudio confirman que la huella de carbono asociada a la producción de uva presenta una variabilidad significativa entre establecimientos, aun cuando se analizan sistemas localizados en una misma región vitivinícola y bajo un marco metodológico común. Esta variabilidad se explica principalmente por diferencias en los rendimientos, la escala productiva y las prácticas de manejo, en línea con lo reportado en estudios previos realizados tanto en Argentina como en otros contextos vitivinícolas.
Para el cálculo de la huella de carbono y de la huella de agua se utilizó la “Calculadora de Huella de Agua y Carbono para la Vitivinicultura Argentina”, desarrollada por COVIAR. Esta herramienta se basa en ISO 14067:2018 (huella de carbono de productos) e ISO 14046:2014 (huella de agua), además de Product Category Rules (PCR) para vino y los principios generales de la OIV-CST 503H-2022 para la comunicación de huellas en el sector vitivinícola.
La calculadora organiza el ciclo de vida en tres módulos: Finca, Establecimiento vitivinícola y Transporte, permitiendo definir alcances “de la cuna a la puerta” según la información disponible. En este informe, el foco está puesto en la etapa de finca y transporte asociado a la uva, es decir, en la huella de carbono por kg de uva producida.
La herramienta utiliza factores de emisión específicos para: combustibles y electricidad (principalmente a partir de factores DEFRA 2023 y CAMMESA 2023); fertilizantes nitrogenados, fosforados y potásicos, así como estiércoles y abonos orgánicos (Kool et al., FAO; IPCC-EFDB); fitosanitarios, insumos de elaboración y materiales de packaging; y emisiones directas e indirectas de N2O derivadas del uso de fertilizantes y residuos de poda incorporados al suelo.
Los gases de efecto invernadero considerados (CO2, CH4, N2O) se convierten a dióxido de carbono equivalente (CO2eq) utilizando los factores de potencial de calentamiento global (GWP) a 100 años del Quinto Informe de Evaluación del IPCC (AR5), donde CO2 = 1, CH4 = 28 y N2O = 265.
De esta forma, las distintas emisiones se expresan en una unidad común (kg CO2eq/kg uva), lo que permite sumar las contribuciones de cada fuente y comparar resultados entre fincas. El indicador final resultante corresponde a la relación entre las emisiones totales generadas en la etapa de finca + transporte y los kilos de uva producidos, es decir, la huella de carbono por unidad de producto.