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Este conocimiento resulta clave para la producción de cultivos. Sin embargo, muchas veces los análisis no se realizan, se hacen de manera esporádica o se discontinúan con el paso de los años. “Muy pocos productores hacen un seguimiento de estos parámetros importantes en el suelo, que pueden estar manifestando una intervención no deseada para el cultivo”, advirtió.
En ese sentido, destacó la necesidad de monitorear la evolución de los suelos para detectar posibles cambios en las condiciones productivas y tomar medidas adecuadas. Estas pueden ser preventivas para quienes recién comienzan a regar o correctivas para aquellos que llevan varios años utilizando esta tecnología y registran modificaciones asociadas a la calidad del agua.
Dos casos contrastantes
Durante la reunión, se presentaron dos experiencias de monitoreo para mostrar cómo evoluciona la salud del suelo bajo riego cuando se utilizan aguas de distinta calidad.
“La idea fue transmitir herramientas para gestionar los sistemas de riego. Si bien el riego permite estabilizar los rendimientos e independizarnos de las precipitaciones, hay que prestar atención a la calidad del agua, que no siempre es la óptima”, explicó Cristian Cazorla, asesor del CREA Alejandro Chaján y coasesor del CREA Huinca Renancó.
El primer caso corresponde a un establecimiento CREA ubicado en Coronel Baigorria, a unos 35 kilómetros al noroeste de Río Cuarto. Allí comenzaron a regar hace cinco años, lo que permitió construir una serie de datos desde el inicio del sistema. Según Cazorla, se trata de un caso con agua de muy buena calidad, apta para riego, que permitió obtener buenos resultados y expandir progresivamente la superficie regada.
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El segundo caso se ubica unos 20 kilómetros al oeste de Río Cuarto y corresponde a una empresa que no integra CREA. El establecimiento cuenta con unas 140 hectáreas bajo riego y una rotación basada en trigo/soja, soja de primera y maíz de primera. En este caso, el monitoreo comenzó cuando el sistema ya estaba en funcionamiento y los análisis revelaron una calidad de agua intermedia, que requiere ciertos cuidados de manejo.
En ambos establecimientos se realizaron análisis de calidad de agua con foco en tres indicadores: conductividad eléctrica, pH y relación de adsorción de sodio (RAS), un parámetro que refleja la cantidad relativa de sodio presente en el agua. Además, se evaluó la evolución de distintas propiedades del suelo en profundidad.
Los dos sistemas utilizan riego por goteo subterráneo mediante mangueras enterradas. Para el seguimiento se tomaron muestras de suelo entre 0 y 20 centímetros, de 20 a 40 centímetros y de 40 a 60 centímetros, donde se analizaron conductividad eléctrica, pH y porcentaje de sodio intercambiable.
“La conductividad está relacionada con el potencial de salinización del suelo; el pH influye sobre la disponibilidad de nutrientes; y el porcentaje de sodio intercambiable afecta la estructura del suelo y el movimiento del agua dentro del perfil”, resumió Cazorla.
Los niveles elevados de sodio pueden reducir la porosidad del suelo y dificultar la infiltración, favoreciendo la aparición de anegamientos temporarios y problemas de oxigenación en las raíces, aun cuando el cultivo disponga de agua suficiente.
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Resultados del monitoreo
Los resultados obtenidos reflejaron comportamientos muy diferentes según la calidad del agua utilizada para riego.
En el establecimiento de Coronel Baigorria, donde el agua presenta una muy buena calidad, no se registraron aumentos en los niveles de sodio intercambiable ni procesos de salinización. “Era lo que esperábamos, porque se trata de un agua con muy bajo contenido de sales y sodio”, apuntó Cazorla.
El principal cambio observado fue una disminución del pH del suelo. Este proceso estaría asociado tanto a la extracción de bases por los cultivos como al uso intensivo de fertilizantes con reacción ácida.
A partir de estos resultados, el equipo comenzó a evaluar estrategias para corregir la acidificación, mediante la aplicación de enmiendas y el reemplazo parcial de fertilizantes por alternativas como purines, guano o cultivos de servicio.
La situación fue diferente en el segundo establecimiento. Aunque el agua no presentó problemas de salinidad, sí mostró una elevada concentración de sodio. Como consecuencia, aumentó significativamente el porcentaje de sodio intercambiable en el suelo, convirtiéndose en la principal señal de alerta.
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En el segundo establecimiento, aumentó significativamente el porcentaje de sodio intercambiable en el suelo, convirtiéndose en la principal señal de alerta.
“El sodio ingresa al complejo de intercambio, degrada la estructura del suelo y reduce la porosidad”, señaló Cazorla. Este proceso puede dificultar el movimiento del agua en el perfil y afectar el desarrollo de los cultivos.
Para corregir esta situación, recomendó aplicar enmiendas cálcicas, como yeso agrícola (sulfato de calcio), que permiten desplazar el sodio del complejo de intercambio y favorecer su lavado fuera de la zona explorada por las raíces.
Como conclusión, destacó la importancia de realizar monitoreos periódicos de agua y suelo. “La recomendación es hacer controles anuales para contar con alertas tempranas y poder actuar antes de que los problemas se vuelvan más difíciles de corregir”, afirmó.
Herramientas para la evaluación de agua y suelo
Además de presentar los resultados de los casos analizados, los técnicos compartieron herramientas para facilitar el monitoreo de la calidad del agua y la evolución de los suelos bajo riego.
Una de las actividades estuvo enfocada en la interpretación de análisis de agua. Allí se repasó qué información solicitar a los laboratorios y cómo utilizar esos datos para identificar posibles riesgos asociados al riego.
También se brindaron pautas para el monitoreo de suelos, con foco en los indicadores que permiten detectar cambios en el tiempo. “Así como un médico pide estudios específicos según los síntomas de una persona, en el suelo también hay que medir variables concretas para entender qué está pasando”, explicó Cristian Cazorla.
En ese sentido, recomendó prestar especial atención a parámetros como pH, conductividad eléctrica y porcentaje de sodio intercambiable, además de seguir protocolos adecuados de muestreo para asegurar la calidad de la información.
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La Mesa de intercambio agrícola desarrolló una plataforma web que permite cargar análisis de agua y obtener una interpretación automática de los resultados.
Como complemento, la Mesa de intercambio agrícola desarrolló una plataforma web que permite cargar análisis de agua y obtener una interpretación automática de los resultados.
Durante la reunión, los participantes utilizaron la herramienta con datos de sus propios establecimientos. “Cada productor podía registrarse desde el celular y cargar información de los distintos pozos de riego de su empresa”, explicó Ramiro Martini, técnico de la Mesa de intercambio agrícola de la región Centro de CREA.
A partir de variables como pH, conductividad y concentración de cationes y aniones, la plataforma genera gráficos e indicadores que permiten evaluar la aptitud del agua para riego y realizar un seguimiento de los distintos pozos a lo largo del tiempo.
“La idea era contar con una herramienta más amigable y que cada participante pudiera interactuar con sus propios datos durante la reunión, de manera autogestiva”, concluyó Andrea Lardone, integrante de la mesa técnica regional.
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