La disponibilidad de agua subterránea en cantidad y calidad, sumada a los frecuentes déficits hídricos estacionales –principalmente durante la primavera y el verano– hacen del riego una herramienta clave para reducir riesgos climáticos y estabilizar los rendimientos, explicó Matías Saint Andre, asesor del CREA Coronel Suárez, durante una jornada en línea realizada este viernes por la región CREA Sudoeste.
La base hidrogeológica de la región está constituida por el acuífero pampeano, ubicado dentro de la cuenca interserrana de Claromecó, delimitada por los sistemas serranos de Ventania y Tandilia. Se trata de un acuífero semi confinado, lo que le otorga condiciones de calidad superiores al separar las aguas de la capa superficial. Presenta recarga local, con mayor intensidad en las zonas serranas, donde se combinan mayor permeabilidad del suelo y menor evapotranspiración.
El espesor del acuífero varía entre los 60 metros en zonas cercanas a Ventania y hasta 240 metros en áreas como Coronel Suárez y Guaminí. El flujo subterráneo se dirige de sur a norte, abasteciendo lagunas y cursos de agua del sudoeste. Esta disponibilidad de agua es uno de los pilares sobre los cuales se sustenta el crecimiento del riego en la región.
Calidad del agua para uso agrícola
Los estudios realizados en la región, particularmente por el Grupo Riego y el INTA, muestran que el 100% de los pozos evaluados presentan una clasificación S2 (riesgo moderado) para sodificación de suelos, y un 85% en clase C2 (riesgo moderado de salinización) en términos de salinidad. Solo un 15% se clasifica como C1 (sin riesgo).
diapo0
Cuenca hídrica y calidad del agua subterránea
Esto indica –comentó Matías– que, si bien el agua es apta para riego, debe manejarse con criterio técnico y monitoreo continuo para evitar la acumulación de sales en el perfil del suelo. La elección de cultivos, el manejo del riego y el tipo de suelo resultan determinantes en la sostenibilidad de los sistemas.
El crecimiento de la superficie irrigada ha sido sostenido en las últimas dos décadas. De 9500 hectáreas en 2006/07 se pasó a un estimado de casi 85.000 ha en 2024/25, según estimaciones basadas en estudios del INTA Bahía Blanca y otros trabajos regionales.
diapo1
Evolución de la superficie con riego en la región CREA Sudoeste
Si bien la mayor concentración sigue estando en el partido de Coronel Suárez, con más del 50% de las hectáreas bajo riego con pivote, en los últimos años se ha registrado un notable avance en nuevas zonas como Saavedra, Púan, Tornquist y Adolfo Alsina, donde anteriormente no se consideraba viable el riego.
Impacto sobre rendimientos agrícolas
Los beneficios productivos del riego son evidentes. En trigo, los promedios de rendimiento bajo riego casi duplican a los de secano, pasando de 3700 kg/ha a más de 6900 kg/ha. En maíz la diferencia es también significativa, con incrementos del orden del 60%. En soja y girasol, si bien el impacto es menor, también se registran mejoras notables.
diapo2
Impacto del riego en los rendimientos agrícola. CREA Sudoeste
Más allá del aumento de productividad, el riego aporta estabilidad interanual, especialmente en campañas climáticamente adversas, como por ejemplo la 2019/20. Este factor es clave para la sostenibilidad económica de las empresas agropecuarias y la planificación de largo plazo.
Además, el riego abre la puerta a una mayor diversificación de la matriz productiva, permitiendo la inclusión de cultivos de alto valor o intensivos como semillas de maíz y girasol, papa, zanahoria y otros cultivos hortícolas.
Esos sistemas no solo permiten mayores márgenes económicos, sino que también promueven modelos empresariales más complejos y tecnificados. Las empresas dejan de ser meramente agropecuarias para transformarse en proveedoras de servicios agroindustriales.
En este sentido, se observa un creciente interés por parte de las empresas CREA de la región, que ya cuentan con más de 26.000 hectáreas bajo riego, lo que representa un 18,7% de su superficie agrícola.
Un análisis de márgenes brutos en empresas CREA de la zona revela que, por cada hectárea bajo riego, no sólo se incrementa el resultado económico, sino que además se hace más estable en el transcurso del tiempo, lo que permite modelos de gestión más previsibles.
Impacto económico regional
El asesor presentó una presupuestación de un proyecto con una sola bomba cardánica central para una superficie total de 140 hectáreas y un caudal previsto de 140 metros cúbicos por hora, el cual requiere una inversión inicial de 251.950 dólares.
Con un valor residual de 98.000 dólares en el plazo de un década, con los precios actuales se lograría una TIR de casi el 15% con una capacidad de repago de la inversión en el sexto año.
El impacto económico del riego va más allá del productor. La producción adicional generada por las 85.000 hectáreas irrigadas representa cerca de 300.000 toneladas adicionales de granos, lo que equivale a potenciar la actividad económica asociada a la comercialización, acondicionamiento y transformación de esa mercadería.
El crecimiento del riego, además de mayor cantidad de agroinsumos, requiere infraestructura específica: pozos, pivotes, sistemas eléctricos o energéticos, caminos y acceso a servicios técnicos. En paralelo, se desarrollan tecnologías de monitoreo de humedad, sensores, automatización y modelos de programación del riego.
Grupos de trabajo como GEASO (CREA Sudoeste), INTA y diversas compañías privadas investigan constantemente cómo mejorar la eficiencia del uso del agua y la sostenibilidad de los sistemas. Esta articulación entre sector productivo, tecnológico y científico es uno de los factores diferenciales del sudoeste bonaerense frente a otras regiones del país.
El riego en el sudoeste bonaerense se ha consolidado como una herramienta de transformación productiva, tecnológica y económica. Con un recurso hídrico disponible, productores comprometidos, investigación aplicada y tecnologías adaptadas a las condiciones locales, la región muestra un modelo de expansión sostenido y sustentable.
Sin embargo, para que este desarrollo sea perdurable, el asesor CREA indicó que será clave continuar invirtiendo en conocimiento, monitoreo de recursos, manejo responsable del agua y políticas públicas que acompañen este proceso. El potencial existe, y el desafío ahora es construir un sistema de riego eficiente, rentable y sustentable a largo plazo.