29 de mayo de 2026 en Buenos Aires

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El riego, pieza clave de un sistema integrado

En General La Madrid, La Gama articula agricultura bajo riego con ganadería para estabilizar rindes, producir forraje y sostener un planteo intensivo.

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En la zona Sudoeste de CREA, donde el agua suele marcar buena parte del resultado productivo, en La Gama se desarrolla un sistema que integra agricultura bajo riego y ganadería de ciclo completo, en un esquema orientado a intensificar el uso de los recursos.

Ubicado en La Colina, partido bonaerense de General La Madrid, e integrante del CREA Coronel Suárez, el establecimiento está en manos de tres hermanos —Agustín, Vicente y Santiago Casares—, que impulsan un proyecto con mirada productiva y de largo plazo.

Según Agustín Casares, socio administrador, la lógica es combinar intensidad productiva con un manejo que preserve los recursos, con una mirada de largo plazo. “Buscamos producir al máximo dentro de un esquema que cuide el suelo y permita que la empresa siga funcionando en el tiempo, para las próximas generaciones”, afirmó.

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La empresa familiar busca producir al máximo dentro de un esquema que cuide el suelo y permita que la empresa siga funcionando en el tiempo, para las próximas generaciones

La empresa familiar busca producir al máximo dentro de un esquema que cuide el suelo y permita que la empresa siga funcionando en el tiempo, para las próximas generaciones

Riego para estabilizar y potenciar rendimientos

El establecimiento combina ambientes bien diferenciados. Sobre un total de 2.700 hectáreas, unas 900 corresponden a bajos destinados a ganadería permanente, implantados con agropiro y festuca, en sectores que naturalmente están más expuestos a anegamientos. Las 1.800 hectáreas restantes son lomas, divididas en partes iguales entre secano y superficies bajo riego, donde se alternan agricultura extensiva y pasturas.

El riego comenzó a incorporarse hace unos 20 años sobre 225 hectáreas, inicialmente como una herramienta para asegurar la producción de maíz destinada a la ganadería. Con el tiempo, la aparición de materiales adaptados a la zona permitió estabilizar el maíz en secano y el riego pasó a ocupar un lugar más amplio dentro del sistema, tanto en el planteo agrícola como en la producción de forraje.

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Sobre un total de 2.700 hectáreas, unas 900 corresponden a bajos destinados a ganadería permanente, implantados con agropiro y festuca, en sectores que naturalmente están más expuestos a anegamientos.

Sobre un total de 2.700 hectáreas, unas 900 corresponden a bajos destinados a ganadería permanente, implantados con agropiro y festuca, en sectores que naturalmente están más expuestos a anegamientos.

Hoy, el esquema bajo riego incluye trigo, cebada, maíz y soja, además de verdeos y pasturas utilizados como soporte forrajero. En las lomas de secano, en tanto, la rotación suma girasol, junto con trigo, cebada, maíz y soja, con la posibilidad de incorporar soja de segunda, según las condiciones de la campaña, solo en los riegos.

En estos años, la superficie regada se expandió hasta alcanzar 900 hectáreas y pasó de un pivote central a cinco equipos. Esta tecnología permitió reducir uno de los principales condicionantes productivos de la zona: la falta de agua, especialmente en maíces de alto potencial.

“En secano se puede hacer un maíz barato, con poca inversión, y lograr resultados aceptables. Bajo riego, en cambio, apuntamos a producciones mucho más altas, pero con costos muy distintos”, explicó. El resultado económico entre ambos planteos puede variar según cómo acompañe el clima. En la estructura del establecimiento, sin embargo, el maíz de primera bajo riego aparece entre los cultivos de mejor desempeño, con márgenes que rondan los 800 dólares por hectárea.

De cara a la campaña fina, la empresa prevé reforzar el área de cebada. “Requiere menos agua, termina su ciclo antes y llega mejor parada a los golpes de calor de diciembre”, indicó. Además, destacó que demanda menos nitrógeno por tonelada producida, un aspecto que hoy cobra relevancia por el costo del fertilizante.

Esa combinación también se reflejó en los resultados económicos, donde la cebada bajo riego mostró márgenes cercanos a los 300 dólares por hectárea, por encima de los registrados en trigo.

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El riego comenzó a incorporarse hace unos 20 años para asegurar la producción de maíz destinada a la ganadería

El riego comenzó a incorporarse hace unos 20 años para asegurar la producción de maíz destinada a la ganadería

Ganadería integrada al sistema

El planteo ganadero se apoya en un rodeo de entre 900 y 1000 vientres, según las condiciones de cada año, con recría e invernada de toda la producción. Las vacas permanecen en los bajos, mientras que la recría se desarrolla en las lomas sobre pasturas y con aprovechamiento de rastrojos, bajo un manejo orientado a no comprometer la estructura del suelo.

Más allá de su integración con la agricultura, la ganadería sigue siendo una de las bases económicas del establecimiento. Con márgenes superiores a los 500 dólares por hectárea sobre más de 1.200 hectáreas, mantiene resultados competitivos dentro del planteo general y aporta estabilidad en una escala mayor que la de varios cultivos agrícolas.

Como parte del ordenamiento de ambientes realizado en el campo, que permitió delimitar bajos y lomas, se instalaron unos 120-150 kilómetros de alambrado eléctrico para intensificar el uso del recurso forrajero y mejorar el manejo de la hacienda.

El riego también cumple un papel importante en la producción de forraje. Una avena tradicional suele presupuestarse para unas 300 raciones por hectárea —aunque hoy puede acercarse a 400 con nuevos materiales—, mientras que un raigrás regado y fertilizado con unas 600 kilos de urea puede alcanzar hasta 1.800 raciones por hectárea, concentradas entre mediados de septiembre y mediados de octubre, antes de dar paso al cultivo agrícola siguiente. “Si bien se puede alcanzar ese techo de 1800 raciones, normalmente apuntamos a 900 raciones con menos urea. Y la curva de producción es bimodal con un valle en invierno”, afirmó.

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La empresa comenzó a reducir superficie de verdeos de invierno en secano y optó por planteos regados y fertilizados para aumentar productividad.

La empresa comenzó a reducir superficie de verdeos de invierno en secano y optó por planteos regados y fertilizados para aumentar productividad.

A partir de esa lógica, la empresa comenzó a reducir superficie de verdeos de invierno en secano y optó por planteos regados y fertilizados para aumentar productividad. “En vez de hacer muchas hectáreas de verdeos de invierno de secano, empezamos a hacer la mitad, pero regadas y fertilizadas. Tiene más costo, pero el kilo de materia seca termina siendo más barato”, resumió.

Este año, todo el maíz que consumirá la hacienda saldrá de los pivotes de riego. Con unas 300 hectáreas implantadas, la producción estimada ronda las 3000-3500 toneladas, mientras que el consumo interno, aun en un año complicado para la producción de pasto, se ubica en torno a las 600 toneladas.

La terminación de los animales apunta a los 420 kilos, aunque según las necesidades financieras, el estado de los recursos forrajeros o las señales del mercado, la recría y terminación puede extenderse hasta los 480 o 500 kilos para capturar más carne por cabeza. “La idea es que a partir de los 380 kilos el animal ya esté listo para salir, y después decidir según el contexto”, explicó.

Los números del establecimiento muestran que el resultado no depende de una sola actividad. Mientras algunos cultivos bajo riego, como el maíz de primera, aparecen entre los planteos agrícolas de mejor desempeño, con márgenes cercanos a los 800 dólares por hectárea, la ganadería mantiene resultados competitivos sobre una superficie mucho mayor. En secano, además, cultivos como el girasol también muestran buenos resultados, con márgenes superiores a los 600 dólares por hectárea.

En ese contexto, la empresa ya no tiene posibilidad de seguir expandiendo el área bajo riego, por lo que las decisiones de inversión pasan hoy principalmente por la renovación de maquinaria e infraestructura.

“Los equipos de riego no nos entran más”, resumió. El año pasado renovaron una sembradora y, hacia adelante, las prioridades pasan por tractores, camionetas, mejoras de infraestructura y mantenimiento del equipamiento existente.

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La terminación de los animales apunta a 420 kilos,

La terminación de los animales apunta a 420 kilos,

Trabajo en equipo

El trabajo cotidiano se organiza a partir de una estructura de un encargado y de un equipo en el que conviven personas con trayectorias muy distintas: algunos ingresaron hace pocos años y otros llevan más de tres décadas en el establecimiento. Dentro de lo razonable, la lógica es que todos puedan desempeñar distintas tareas.

En ese esquema, una de las claves pasa por consolidar equipos de trabajo y generar condiciones adecuadas para el día a día. “No podés pretender hacer una ganadería del siglo XXI con herramientas de otra época”, resumió.

La empresa también suele acompañar algunas situaciones vinculadas a la educación universitaria de los hijos del personal, por ejemplo con ayuda para alquileres o estudios a distancia. Según indicó, la motivación no pasa únicamente por lo económico.

El manejo ganadero también fue cambiando con el tiempo. Hoy, salvo situaciones puntuales como anegamientos, gran parte del trabajo de campo se realiza con motos y perros entrenados, en lugar de recurrir al caballo como herramienta habitual.

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