La empresa Cusillos desarrolla agricultura sobre unas 43.000 hectáreas en Salta, Tucumán y Santiago del Estero. En uno de sus campos, comenzaron a notar una caída de la productividad. Aunque los cultivos emergían, su desarrollo se frenaba y muchas plantas terminaban muriendo. Frente a esa situación, hicieron un diagnóstico de los suelos para definir una estrategia de recuperación del ambiente.
Carlos Le Fort, ingeniero agrónomo de la empresa, integrante del grupo CREA San Patricio, en la región NOA, describió el contexto en el que surgió el problema: "En el establecimiento La Medialuna, en Santo Domingo, Santiago del Estero, tenemos unas 3.700 hectáreas en secano. Dentro de esa superficie hay un ambiente de aproximadamente 200 hectáreas, ubicado hacia el este del campo y próximo al cauce de un río, que empezó a mostrar problemas. No es un suelo salino donde no se desarrolle ningún cultivo, pero los mismos emergían bien y, a medida que avanzaba el ciclo, comenzaban a frenar su desarrollo, hasta en algunos casos morir. Ahí fue cuando nos preguntamos qué estaba pasando", recordó.
La empresa decidió implantar sorgo gigante con el objetivo de comenzar a recuperar el ambiente mediante un cultivo con mayor tolerancia a la salinidad.
Un diagnóstico más profundo de los suelos
Antes de definir una intervención, el equipo de trabajo decidió profundizar el diagnóstico para comprender qué estaba limitando el desarrollo de los cultivos. Para ello realizó análisis de suelos en distintos puntos del lote, incrementó la profundidad de muestreo hasta los dos metros e incorporó mediciones de textura, materia orgánica, pH, conductividad eléctrica y densidad aparente, además de calicatas para observar el perfil.
"Empezamos a hacer muestreos más profundos y en una mayor cantidad de puntos que en el resto del campo. Analizamos, entre otras variables, la textura, el pH, la conductividad eléctrica y la densidad aparente", explicó Le Fort.
Los resultados mostraron que la principal limitante no se encontraba en la parte superficial del perfil. "Hasta el primer metro encontramos valores de conductividad eléctrica de entre 1,5 y 2 dS/m. Para los cultivos que hacemos habitualmente esos valores no representan una restricción importante. Quizás sí para el poroto —por eso no lo sembrábamos en esos lotes—, pero soja, maíz y sorgo los toleran, aunque no expresen todo su potencial", precisó.
La situación cambiaba por debajo de esa profundidad. "A partir del primer metro la conductividad eléctrica aumentaba fuertemente y llegaba a valores de entre 10 y 18 dS/m. Es decir, hasta el primer metro estábamos bien; desde ahí hacia abajo aparecía el problema", señaló.
Tolerancia a salinidad en los principales cultivos extensivos
Ese comportamiento permitió explicar por qué los cultivos comenzaban su desarrollo normalmente, pero luego perdían vigor. "Entre uno y dos metros puede haber agua almacenada en el suelo, pero las sales hacen que las raíces no puedan absorberla. Cuando el cultivo empieza a demandar más agua y explora en profundidad, se encuentra con esa limitación. Es como si el cultivo tuviera una maceta mucho más chica: dispone de agua solo en el primer metro del perfil. A partir de ahí empiezan a caer los rendimientos e incluso pueden morir las plantas", explicó.
Con los resultados de los análisis de suelo, decidieron profundizar el diagnóstico mediante calicatas para entender qué ocurría dentro del perfil. "Queríamos ver si había distintas causas. Una posibilidad era que existiera una napa freática alta, pero la descartamos. En cambio, encontramos concreciones salinas en todo el perfil y una fuerte compactación en los primeros 60 centímetros del suelo", contó.
Según explicó, esa compactación impedía que el agua infiltrara con normalidad y favoreciera el lavado de las sales. "Cuando llovía, el agua infiltraba muy poco o solamente por algunas grietas. Entonces las sales acumuladas entre uno y dos metros no lograban desplazarse hacia mayor profundidad. El suelo compactado impedía que el agua ingresara con facilidad y las arrastrara", indicó.
Estrategia para recuperar el ambiente
Con ese diagnóstico, y junto con la asesora Laura Carabaca, el equipo decidió implantar sorgo gigante (Agri 002E). El objetivo no era obtener un rendimiento económico inmediato, sino comenzar a recuperar el ambiente mediante un cultivo con mayor tolerancia a la salinidad.
"Buscábamos un cultivo que pudiera desarrollarse justamente donde los demás prácticamente se morían. La idea era que generara un sistema radicular abundante para ayudar a romper esa compactación, mejorar la infiltración del agua y favorecer el lavado de las sales hacia profundidades mayores a los dos metros", explicó.
El manejo posterior del cultivo también respondió a ese objetivo. "Este año no buscamos obtener una renta con el sorgo. Buscamos generar mucha raíz y mucha biomasa para lograr una cobertura uniforme del suelo. Después pasamos un rolo para aplastar ese sorgo y formar una cobertura que reduzca la evaporación del agua hacia la superficie y evite que las sales vuelvan a ascender", agregó.
"Buscamos generar mucha raíz y mucha biomasa para lograr una cobertura uniforme del suelo", dijo Le Fort.
Ensayos para comparar alternativas
Además del manejo aplicado sobre el lote, el equipo implementó distintos tratamientos para evaluar alternativas que aceleraran la recuperación del ambiente.
"También quisimos evaluar si podíamos romper esa capa compactada de los primeros 60 centímetros mediante un subsolador para favorecer la entrada de agua. Después sembramos inmediatamente para evitar que el suelo volviera a compactarse", detalló.
Los ensayos incluyeron distintas combinaciones de prácticas. "Hicimos un tratamiento con subsolador, otro con subsolador más yeso, otro solamente con yeso y un testigo con sorgo sin ningún tratamiento. La idea era comparar cómo respondía el suelo con cada una de esas alternativas", explicó.
Primeros resultados y próximos pasos
Los primeros resultados mostraron una buena implantación del sorgo, una elevada producción de biomasa y mejores condiciones para favorecer el ingreso del agua al perfil. La siguiente etapa consistirá en repetir los análisis de suelo para evaluar la evolución de la conductividad eléctrica y monitorear el proceso de recuperación del lote.
"La idea es sembrar soja este verano y evaluar cómo responde en cada uno de los tratamientos. Si vemos que la soja se desarrolla mejor solo con el subsolador y no hay diferencias con el tratamiento que incorpora yeso, podremos evitar esa aplicación y no hacer un gasto innecesario", concluyó.
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