De todas maneras, el analista dijo que los precios futuros 2026/27, si bien están sostenidos por las referencias presentes en EE.UU., al momento de la cosecha argentina estarán influenciados en gran medida por la dinámica comercial del trigo ruso, la cual es muy difícil de proyectar con anticipación.
Contexto internacional
El mercado internacional del trigo ha experimentado una profunda transformación estructural en las últimas décadas al pasar de un esquema dominado por la producción de EE.UU. a un escenario de marcada concentración en el este de Europa y la región del Mar Negro.
Hasta comienzos de los ’90, EE.UU. controlaba entre el 40% y el 50% del mercado mundial de exportación y era el gran formador de precios a nivel internacional.
Pero en el nuevo siglo Rusia comenzó a tener un rol cada vez más preponderante hasta convertirse en el líder mundial apenas una década atrás. La campaña 2023/24 representó un récord histórico para Rusia al abarcar el 27% de la oferta exportable global de trigo.
Ucrania, por su parte, mantiene un sólido 9% de participación en el mercado global, aunque su perfil productivo está más volcado hacia el maíz y el trigo forrajero que hacia el trigo pan.
Por su parte, EE.UU. sufrió una fuerte contracción, tocando un piso del 9% de participación, con una recuperación estimada hacia el 12,5% para la campaña 2025/26. A pesar de esta significativa pérdida de terreno, los mercados estadounidenses, como el CME Group, continúan ejerciendo el rol de formadores de precios internacionales por el volumen de negocios comerciales y financieros que concentran.
Antes de la consolidación de Rusia como jugador hegemónico, el mercado global de calidades se estructuraba bajo una clara segmentación liderada por los EE.UU. y Canadá con productos bien diferenciados, como es el caso del Soft Red Winter (SRW), destinado principalmente al norte y oeste de África, o el Hard Red Winter (HRW), utilizado a nivel global como trigo corrector.
“El ingreso masivo del trigo ruso desarticuló ese esquema de primas comerciales a través de una agresiva estrategia de volumen y especificaciones técnicas competitivas. Rusia introdujo al mercado un piso mínimo de 12,5% de proteína (sobre base seca) ofreciendo incluso partidas de 13% de proteína sin exigir diferenciales de precio extraordinarios”, explicó el experto.
Un ejemplo claro de este impacto ocurrió en el mercado de Marruecos. Históricamente, este destino importaba el volumen base desde Francia y utilizaba trigos correctores provenientes de EE.UU., Alemania o Argentina para compensar las deficiencias de la producción local. Con la disponibilidad del trigo ruso, este último pasó a ocupar el rol de proveedor general al aportar proteína barata y de fácil acceso, complementada por la oferta báltica y ucraniana.
A raíz de esta sobreoferta de calidad estándar, compradores estatales de alta relevancia como el ente estatal GASC de Egipto modificaron sus pliegos de condiciones. Históricamente conformados con un 11% de proteína en base seca, en las últimas campañas elevaron la exigencia contractual a un 12,5% de proteína para todos los orígenes, incrementando la vara técnica internacional en un punto y medio sin contraprestación económica adicional.
La penetración comercial instrumentada por Rusia en las últimas dos décadas no responde a dinámicas de libre mercado, sino a una estrategia diseñada desde el Estad, que contempla diplomacia geopolítica coordinada desde el Kremlin y que comprende un interés especial en consolidar el bloque de los BRICS.
“El lobby diplomático ruso ha sido clave para flexibilizar las especificaciones técnicas en mercados históricamente cerrados a su producción debido al impacto del Eurygaster (insecto que daña el tejido del gluten durante el llenado del grano). Argelia, por ejemplo, hasta el año 2020 era un mercado francés porque el nivel de tolerancia a insectos en partidas rusas era del 0,1%. Tras gestiones diplomáticas, se flexibilizó el límite al 0,5% y posteriormente al 1,0%, permitiendo el ingreso de entre dos y tres millones de toneladas anuales rusas”, comentó.
Con una extensión territorial de 17 millones de kilómetros cuadrados, el principal cuello de botella de la Federación Rusa radica en su falta de acceso soberano a aguas oceánicas profundas y cálidas. Sus exportaciones tradicionales dependen de pasos marítimos regulados o bajo influencia directa de países de la OTAN: los estrechos del Mar Báltico y las rutas del Mar del Norte (países escandinavos), así como el estrecho del Bósforo (Turquía), compuerta de salida del Mar Negro hacia el Mediterráneo.
El planeamiento estratégico ruso de largo plazo contempla evitar el paso por el Canal de Suez y el estrecho de Bab el-Mandeb (zonas de alta fricción geopolítica) para establecer rutas logísticas con Irán que le permitan tener una salida directa al Mar Arábigo para abastecer a India y el sudeste asiático, pero ese proyecto ahora está duda con el conflicto presente en Medio Oriente.
Para asegurar el flujo hacia las terminales marítimas desde regiones mediterráneas distantes como el Volga o los Urales –con distancias de acarreo que superan miles de kilómetros de distancia–, el Estado ruso aplica un agresivo programa de subsidios al flete ferroviario. Eso permite mantener la competitividad del grano en los puertos de salida incluso en campañas con inviernos rigurosos que retrasan la logística terrestre comercial.
Intervención estatal y transparencia
La preeminencia de Rusia introduce una volatilidad sin precedentes debido a la falta de herramientas de cobertura locales y la naturaleza de sus transacciones comerciales.
“El mercado dominante en Rusia es el disponible: entre el 95% y el 100% de la comercialización interna y externa de trigo ruso se ejecuta bajo la modalidad spot, careciendo de mercados de futuros o contratos forward consolidados que brinden referencias de mercado, como sucede en muchos países occidentales”, señaló Pierbattisti.
Por otra parte, el control de la infraestructura y el comercio internacional se encuentra altamente concentrado. El banco estatal ruso VTB posee participaciones mayoritarias en terminales portuarias clave y empresas comerciales. Tras la reestructuración de firmas como Demetra, el flujo quedó bajo el dominio de corporaciones con vínculos estatales directos o indirectos como OZK (United Grain Company).
El gobierno ruso aplica un sistema de retenciones variables gestionado diariamente por equipos técnicos de trading gubernamentales. La discrecionalidad de tales políticas influyen en la dinámica comercial del trigo ruso.
“Históricamente existía una correlación sólida entre los valores de los mercados de EE.UU., Europa y el Mar Negro, pero a partir del año 2017 –coincidiendo con la consolidación de Rusia como el exportador número uno– se produjo un desacoplamiento estructural de los precios físicos frente a las cotizaciones bursátiles en EE.UU.”, comentó.
Esta brecha de base (basis split) se profundizó drásticamente a partir de febrero de 2022 con el inicio de las acciones bélicas en Ucrania, donde el coeficiente de correlación estadística entre los precios europeos y los rusos colapsó a niveles bajísimos.
Las licitaciones internacionales de cereales realizadas por países importadores de trigo ruso funcionaban como los principales catalizadores de transparencia de precios. En particular, los procesos de compra del GASC de Egipto permitían visualizar de manera pública los operadores, orígenes, puertos habilitados, valores FOB y costos de fletes marítimos.
Pero hacia finales de 2024 ese esquema transparente comenzó a desaparecer: el comprador estatal egipcio migró hacia negociaciones bajo la modalidad de licitaciones privadas sin publicación de precios de cierre, eliminando así las referencias de valores que servían para transparentar el mercado.
Adicionalmente, los balances mundiales de oferta y demanda sufren distorsiones técnicas. Por un lado, aproximadamente el 20% de la producción de trigo ucraniano se encuentra geográficamente bajo control ruso (algo que se sabe, pero es difícil de reconocer en términos institucionales).
Por otra parte, la falta de representación diplomática occidental en territorio ruso viene restando precisión a las cifras confeccionadas para realizar estimaciones de oferta y demanda mundial de cereales. “Informes de organismos de referencia como el USDA (Departamento de Agricultura de EE.UU.), si bien mantienen una sólida metodología analítica, han registrado desvíos de hasta 10 millones de toneladas en la proyección de la oferta real rusa volcable al circuito exportador”, apuntó el analista.
El problema se agrava porque, al considerar la demanda china, no resulta sencillo determinar qué volumen corresponde a compradores genuinos y qué porción de las importaciones son realizadas por el gobierno central para confeccionar reservas estatales.
Perspectivas para la campaña 2026/27
La nueva campaña se perfila bajo un escenario macroeconómico de sostenibilidad de precios y volatilidad elevada, marcado por una reducción de los stocks de los principales exportadores de trigo.
Los trigos de invierno en EE.UU. enfrentan condiciones agronómicas severas, con reportes que indican que cerca del 70% de los lotes se encuentran en estado crítico. Ante proyecciones que estiman la producción más baja de las últimas cinco décadas, los precios del trigo Kansas se encuentran bajo un proceso de recalentamiento.
“EE.UU. se verá obligado a implementar un proceso de racionamiento vía precios altos, encareciendo su valor FOB para priorizar su molienda interna y recortar sus saldos exportables hacia los mercados mundiales”, afirmó el consultor.
Por otra parte, la fase “El Niño” suele estar asociada a restricciones hídricas en las principales regiones cerealeras de Australia, lo que podría generar un factor alcista potencial en el transcurso del ciclo 2026/27.
Trigo argentino
El panorama global obliga a la cadena triguera argentina a definir su estrategia comercial de largo plazo para evitar el riesgo de quedar atrapada en el medio de dos esquemas de negocio definidos: el de trigo segregados –liderado por EE.UU. y Canadá– y el de volumen y calidad mínima ofrecido por Rusia.
“Cuando la producción argentina logra sostener parámetros proteicos estables en el rango de 11,5% a 12,5% (base seca), la oferta exportable se integra fluidamente en el mercado global bajo su rol tradicional de corrector intermedio. Sin embargo, en campañas donde el nivel de proteína desciende por debajo de la barrera del 12%, como la 2025/26, el abanico de compradores se reduce drásticamente. En niveles cercanos al 11% o inferiores, el grano argentino queda confinado a destinos forrajeros de menor valor unitario”, resaltó.
A pesar de registrar un gran volumen exportable con niveles proteicos heterogéneos, el desempeño comercial del trigo argentino en la campaña actual demostró una fuerte dinámica en los primeros cinco meses del ciclo comercial, alcanzando 12,5 millones de toneladas despachadas, lo que representa el 70% del objetivo anual planeado.
“Esa agilidad comercial combinó la apertura de programas de alta calidad –tales como envíos de 200.000 toneladas de trigo con 12,5% de proteína con destino a mercados exigentes como Arabia Saudita– con la salida masiva de trigo forrajero y de calidad estándar hacia destinos de volumen en el sudeste asiático”, señaló.
“El desafío de la política comercial y agronómica argentina radicará en estructurar mecanismos de incentivos, fertilización y segregación que estabilicen los contenidos proteicos. El objetivo es capturar los diferenciales de precios por calidad en un mercado global donde las especificaciones técnicas base continúan elevándose bajo las reglas dictadas desde el Mar Negro”, resumió Pierbattisti.