5 de enero de 2026 en Buenos Aires

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Verdeos bajo riego: resultados en CREA Córdoba Norte

Cuatro empresas evaluaron verdeos con avena y centeno bajo riego, combinando pastoreo horario, manejo por altura y suplementación estratégica.

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Por CREA Región Córdoba Norte | COR

Durante el invierno de 2025, empresas de la región Córdoba Norte de CREA evaluaron la siembra de verdeos bajo riego para fortalecer la recría en ambientes con limitantes hídricas. Los ensayos mostraron resultados consistentes, con ganancias de 720–750 gramos diarios por animal y una producción cercana a 880 kilos de carne por hectárea.

El trabajo fue coordinado por Osvaldo Luna, asesor del CREA Ganadero del Noroeste y responsable técnico de la Mesa Ganadera de CREA Córdoba Norte. “Queríamos medir hasta dónde podía acompañarnos el riego en pleno invierno y cómo respondían los animales a un manejo más preciso”, señaló.

Los planteos combinaron avena —en la mayoría de los casos— y centeno, con pastoreo horario, suplementación estratégica y un manejo por altura que permitió aprovechar el tercio superior de la planta y asegurar un buen rebrote. Integrados en una rotación agrícola —verdeos, luego maíz y, según el caso, alfalfa bajo riego— estos sistemas mixtos aportaron más estabilidad y mejor uso de la infraestructura disponible.

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Ensayos sobre verdeos bajo riego

En la zona norte y noroeste de Córdoba las precipitaciones rara vez superan los 400–500 milímetros anuales, lo que condiciona cualquier planteo ganadero. No obstante, la disponibilidad de agua en las napas habilitó el uso de pivotes de riego. “Esta tecnología nos permite regar verdeos y sostener sistemas mixtos incluso en ambientes muy restrictivos”, sostuvo Luna.

Ante esta posibilidad, en 2025 implementaron mediciones a campo para determinar el aporte del riego sobre verdeos y su impacto en la producción animal. Durante marzo, establecimientos CREA sembraron avena sobre 40 hectáreas y planificaron un uso escalonado mediante tres pastoreos entre mayo y octubre. “Queríamos evaluar cuánto podíamos sostener la oferta forrajera en la etapa seca del año”, explicó.

El planteo se integró a un sistema de recría. Los animales ingresaron a las parcelas con 170 kilos promedio y permanecieron allí entre las 11 y las 16/17 horas, para luego volver a una ensenada. Esa dinámica permitió ajustar la carga diaria y monitorear las respuestas productivas con mayor precisión, a medida que avanzaba cada ciclo de pastoreo.

En promedio, la superficie sembrada con avena bajo riego produjo 8.200 kilos de materia seca por hectárea, con 310 milímetros aplicados. Sobre ese lote pastorearon 450 novillitos que ingresaron con un peso de 170 kilos y salieron con cerca de 250 kilos. “La ganancia promedió 720-750 gramos diarios, lo que nos deja 80 kilos de carne por cabeza”, detalló. Traducido por hectárea, la producción llegó a 880 kilos de carne.

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Dieta equilibrada

Un aspecto central del manejo fue el equilibrio entre proteína y energía. En los primeros estadios, la avena ofrece alta proteína, mucha humedad y poca materia seca, lo que obliga a complementarla. “El verdeo arranca muy bien en proteína, pero casi sin energía disponible”, explicó Luna para contextualizar el desafío nutricional del invierno.

Por eso se organizó un esquema de pastoreo horario —entre las 11 de la mañana y las 4 o 5 de la tarde— y, el resto del tiempo, los animales permanecieron en un corral grande donde recibieron silaje de maíz para aportar energía y un rollo de alfalfa como fuente de fibra, clave para contrarrestar la humedad del verdeo. Esa corrección permitió sostener ganancias de 720 a 750 gramos diarios por animal durante los primeros meses del ciclo.

El manejo se mantuvo desde mayo hasta agosto. Luego, hacia fines de agosto y durante septiembre y octubre, la avena comenzó a encañar y formar grano, lo que modificó su valor nutritivo. “Cuando la planta empezó a aportar algo de energía con el grano, dejamos de dar silaje”, señaló. La avena equilibró parte de la dieta y permitió sostener el ritmo de ganancia hasta el final del período.

Para resumir, Luna detalló que en los primeros dos pastoreos, realizados en estado vegetativo, la avena mantenía alta humedad y baja energía, por lo que la corrección con silaje y alfalfa resultó indispensable. En el último tramo, ya con grano disponible, los animales incorporaron más energía directamente del verdeo y la dieta se estabilizó. “Cuando no aplicamos esta estrategia, las ganancias bajan mucho”, advirtió al comparar con otras pruebas de la región.

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Aprendizajes del manejo

El trabajo en la región dejó varios aprendizajes que hoy se consideran centrales para lograr buenos resultados. La experiencia se replicó en cuatro empresas, casi todas con avena y una con centeno. “Aparecieron patrones que se repetían entre establecimientos y que nos permitieron afinar el manejo”, señaló Luna.

La fecha de siembra fue una de las claves. Para asegurar tres pastoreos, el verdeo debe implantarse en los primeros días de marzo. Según el año, incluso puede lograrse un cuarto uso, aunque la base del sistema es consumir el verdeo dos veces en estado vegetativo y una tercera en fase reproductiva, cuando el cultivo ya aporta energía a través del grano.

El manejo diario también depende del personal. Armar la parcela todos los días y respetar las rutinas de ingreso —a las 11 horas— y salida —a las 16 o 17— demanda organización y precisión. Mientras los animales pastorean, en las ensenadas se les asigna silaje y rollo para equilibrar la dieta, lo que exige coordinación entre quienes manejan la tropa y quienes preparan la suplementación.

El equipo debe controlar que todos los animales coman, ajustar correctamente el tamaño de la parcela y evitar tanto el déficit como el exceso de forraje. “El pastoreo horario funciona si cada detalle se cumple: horarios, parcelas y suplementación”, remarcó, y subrayó la importancia del seguimiento diario del rodeo para sostener las ganancias de peso alcanzadas en las mediciones a campo.

El tercer punto introdujo un cambio conceptual: comer por altura. Esto implica ingresar cuando el verdeo tiene unos 35 centímetros y retirar a los animales cerca de los 20 centímetros. “La idea es que siempre consuman el tercio superior, donde está la mejor calidad”, explicó. Ese despunte asegura buenas ganancias y un rebrote más rápido, algo indispensable para volver a la franja con suficiente volumen.

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Respetar estas alturas requiere capacitación. Aunque el criterio parece simple, la ejecución demanda medir, observar y ajustar continuamente. En este sentido, las empresas que participaron de las mediciones organizaron instancias de formación específicas para que el personal pudiera identificar correctamente los momentos de entrada y salida. “Cuanto más preciso es el manejo, más se nota en el rebrote y en la ganancia de peso”, indicó.

Márgenes económicos

Desde el punto de vista económico, el principal costo del sistema fue el riego: cada milímetro aplicado se estimó en un dólar. “En esta experiencia usamos unos 300 milímetros, lo que implica un costo directo de 300 dólares por hectárea”, puntualizó Luna.

El análisis posterior mostró un costo por kilo producido de 0,90 dólares y un margen bruto de 214 dólares por hectárea, valores que resultan competitivos para un planteo realizado en un ambiente de 400–500 milímetros anuales. El verdeo se integra a una rotación agrícola que luego continúa con maíz y, según el planteo, permite sumar alfalfa bajo riego.

Con estos resultados, la inversión en un equipo de riego comienza a evaluarse dentro de un esquema que combina agricultura y ganadería. “No pensamos el sistema solo para hacienda; es un planteo agrícola que suma verdeos para mejorar el uso del riego”, observó Luna. La lógica inicial de los campos era 100% agrícola, pero la incorporación de verdeos permitió estabilizar el sistema.

La ganadería aporta, además, un efecto amortiguador frente al riesgo climático y económico. Según el asesor CREA, “el planteo mixto está dando márgenes más estables en el tiempo y, en este ambiente, supera los resultados de un trigo”. No es una receta universal, pero en estos lotes la integración diversificó el riesgo y mejoró el aprovechamiento del riego.

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