La mancha blanca gana terreno y enciende alertas en el cultivo de maíz
Ensayos de CREA Córdoba Norte y la UCC hallaron una expansión del patógeno en el cultivo de maíz, con altos niveles de severidad y secado anticipado de plantas
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La mancha blanca fue la principal enfermedad que afectó al cultivo de maíz en la campaña 2025/26, según un relevamiento de la región CREA Córdoba Norte y el Laboratorio de Fitopatología de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Católica de Córdoba (UCC). El patógeno impactó sobre las siembras tardías, alentado por las lluvias y la baja radiación solar.
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La evaluación se llevó adelante sobre 22 híbridos implantados en ensayos comparativos ubicados en Villa de María de Río Seco. La principal novedad fue la magnitud alcanzada por la enfermedad. Según el informe, la mancha blanca fue la de mayor presión por segundo ciclo consecutivo, pero a diferencia de campañas anteriores presentó por primera vez una distribución masiva en la región centro-norte de Córdoba, como así lo fue en gran parte de la región central maicera de Argentina, en Santa Fe, el norte de Buenos Aires y Entre Ríos.
"En la mayor parte del centro y norte de Córdoba tuvimos muy buenas condiciones ambientales desde diciembre hasta la actualidad, con precipitaciones de entre 800 y 1000 milímetros, dependiendo de las zonas, y muy buenas temperaturas para el cultivo. Lo que no tuvimos fue radiación, y eso llevó a que se desarrollen muchas enfermedades desde el inicio del ciclo", explicó Roberto “Tino” De Rossi, docente y miembro investigador del Laboratorio de Fitopatología de la UCA.
El avance del patógeno alcanzó niveles de severidad elevados en numerosos materiales evaluados y evidenció marcadas diferencias de comportamiento entre híbridos. Mientras algunos registraron valores inferiores al 5%, otros superaron el 35% de severidad. En algunos casos, llegó a provocar el secado anticipado de las plantas, algo poco frecuente en ciclos anteriores.
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"Es una enfermedad que se desarrolló muy fuerte y que está llamando la atención porque no solamente está generando muerte de hojas, sino también secado de plantas", advirtió De Rossi. Como contrapartida, enfermedades tradicionalmente importantes para el maíz, como la roya común y el tizón foliar común, registraron niveles muy bajos de incidencia en el sitio evaluado.
Según el informe, la expansión de la mancha blanca estuvo estrechamente vinculada con las condiciones ambientales registradas durante el ciclo. La elevada humedad, las precipitaciones frecuentes y los períodos de baja radiación generaron un escenario favorable para el desarrollo de enfermedades foliares.
A ello se sumó la fecha de siembra tardía del ensayo, realizado el 6 de enero. Este tipo de planteos suele atravesar los períodos de mayor humedad y temperaturas favorables para el desarrollo de enfermedades foliares, por lo que permanecen más tiempo expuestos a condiciones ambientales que favorecen la infección, la multiplicación y la dispersión de los patógenos.
¿Qué es la mancha blanca?
La enfermedad conocida como mancha blanca es un complejo asociado a distintos microorganismos. Según De Rossi, el proceso comienza con la bacteria Pantoea ananatis, un organismo que convive habitualmente con el cultivo de maíz sin causar daños.
"Es una bacteria endófita que normalmente está presente en la planta. Pero cuando se generan determinadas condiciones y aumenta su población, comienza a producir proteínas que desencadenan la enfermedad", indicó.
Según el especialista, una vez que se generan las lesiones iniciales, otros microorganismos pueden aprovechar esos tejidos dañados y contribuir al desarrollo de los síntomas observados en el cultivo. "El hongo Phaeosphaeria maydis (o Phoma maydis) aprovecha esa situación para introducirse en las lesiones y terminar de generar la sintomatología que vimos esta campaña", agregó.
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Diferencias entre híbridos
Las evaluaciones pusieron de manifiesto diferencias importantes entre los materiales analizados.
Al considerar la severidad de mancha blanca en las cinco hojas superiores más el tercio superior de la planta, los menores niveles se registraron en ACA 477 VIP3CL (3,7%), P 2297 PWUE (3,8%), ADV 8066 TRE (4,2%) y BASF 7339 VIP3 (4,7%). En el otro extremo se ubicaron ACA 476 TRE (37,3%), DK 72-72 TRE (37,2%), DK 69-62 TRE (28,4%), NS 7925 VIP3 (24,3%) y BRV 8421 PWUE (20,6%).
Para los investigadores, estos resultados refuerzan la importancia de incorporar el comportamiento sanitario como una variable complementaria al rendimiento al momento de seleccionar materiales.
Pérdida de área foliar
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La elevada severidad en algunos híbridos implicó una reducción importante del área foliar activa durante etapas críticas del cultivo. En los casos más afectados, la mancha blanca avanzó hasta comprometer buena parte del tercio superior, con situaciones de secado anticipado que podrían haber limitado el llenado de granos.
Aunque la enfermedad fue uno de los principales factores asociados al deterioro foliar, se advierte que no explica por sí sola el secado anticipado observado en muchos lotes. "No es solamente mancha blanca la que está provocando la mortandad de área foliar. La baja radiación y el exceso de humedad también favorecieron el desarrollo de patógenos de suelo como Fusarium, Stenocarpella y Colletotrichum, que aceleran los procesos de secado", explicó De Rossi.
Según el investigador, durante el otoño se produjo una combinación de factores ambientales y sanitarios que favoreció el avance de distintos organismos causantes de pudriciones de raíz y tallo. Esa interacción habría contribuido a acelerar el deterioro de las plantas en etapas cercanas a la cosecha.
Actualmente, se espera concluir con los resultados de rendimiento del ensayo, para dimensionar con mayor precisión el impacto productivo de la enfermedad, interpretar el comportamiento de los híbridos y evaluar las consecuencias económicas del problema sanitario.
Otras enfermedades bajo control
La mancha blanca concentró la mayor parte de la presión de enfermedades durante la campaña y desplazó a otros problemas que históricamente tuvieron mayor protagonismo en los maíces de la región.
En los ensayos, la roya común presentó una severidad promedio de apenas 0,4% en las hojas evaluadas, mientras que el tizón foliar común alcanzó un promedio de 0,2%. En ambos casos, los niveles observados fueron considerados bajos y sin impacto sanitario relevante sobre los materiales analizados.
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El complejo del achaparramiento también mostró una presión reducida. La incidencia promedio fue de 1%, con la mayoría de los híbridos registrando valores nulos o muy bajos. La enfermedad tuvo una presencia limitada incluso en un ensayo sembrado en fecha tardía, una condición habitualmente asociada con un mayor riesgo de infección.
"Vamos a tener que estar mucho más cerca de los lotes a medida que avance la cosecha para observar cómo evolucionan los procesos de secado y cuál es el impacto real de estas enfermedades sobre los cultivos", concluyó De Rossi.