Riego autónomo: una nueva opción para estabilizar rindes
El Grupo Galeazzi sumó riego autónomo, siembra y fertilización variable y control selectivo de malezas para una alcanzar una producción con mayor eficiencia.
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La variabilidad climática —entre campañas húmedas y secas— obliga a las empresas agrícolas a buscar mayor eficiencia. En ese camino, alternativas tecnológicas como la agricultura de precisión y el riego ofrecen opciones para reducir insumos, estabilizar los rendimientos y mejorar la rentabilidad.
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En el Grupo Galeazzi, esa necesidad impulsó un proceso de incorporación tecnológica. El primer paso fue sumar el sistema Weed-It, que permitió disminuir el uso de agroquímicos y mejorar la calidad de las aplicaciones, y en paralelo incursionaron en agricultura de precisión. Ahora avanzaron hacia una nueva generación de equipos de riego, más flexibles y de menor costo, competitivos incluso en campos alquilados.
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Transformación productiva
Guillermo Pérsico integra el Grupo Galeazzi junto con Pablo Valiente y Miguel Galeazzi. La empresa está radicada en Luque, en el centro-este de Córdoba, y forma parte del CREA Del Este, en la región Córdoba Norte. Con el tiempo, el grupo fue diversificando sus actividades hasta consolidar varias unidades de negocio.
El origen fue una veterinaria familiar que, obligada por los cabios productivos de la zona, se transformó en comercializadora de insumos y servicios, y luego integró un acopio. “La ganadería se fue corriendo por la expansión agrícola y la empresa tuvo que acompañar ese proceso”, resumió Pérsico. Actualmente, el área comercial vende agroquímicos, semillas y fertilizantes y opera una planta con capacidad para movilizar unas 50.000 toneladas de granos por año.
El área de servicios incluye tres fumigadoras —una equipada con Weed-It para aplicaciones selectivas y dos convencionales—, junto con equipos de fertilización líquida, fija y variable. Como contratistas, trabajan cerca de 70.000 hectáreas por año en un radio de 200 kilómetros alrededor de Luque. A eso se suma la unidad de transporte, compuesta por cinco camiones.
Guillermo Pérsico está a cargo de la unidad de Producción, desde donde manejan unas 7000 hectáreas, en su mayoría alquiladas. El esquema incluye tres zonas productivas: una base principal en el centro-norte de Córdoba, otra en Chaco y Santiago del Estero, y una tercera en el sudoeste bonaerense.
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Diversificación agrícola
La estrategia de distribuir la producción en distintas regiones busca amortiguar riesgos y elegir, en cada ambiente, los cultivos que mejor responden. En el sudoeste bonaerense siembran trigo, cebada —cervecera y forrajera— y, en menor escala, girasol y maíz. En la zona centro se enfocan en soja, maíz, girasol, maní y algo de sorgo, según la coyuntura anual. Hacia el norte, el esquema combina girasol, soja y maíz.
La rotación incluye cultivos de servicio y algunas especialidades. “Dependiendo del otoño hacemos garbanzo en el norte, y este año empezamos a incursionar con camelina”, explicó el empresario CREA.
La campaña fina 2025/26 está llegando con resultados alentadores. En el centro de Córdoba la cosecha recién comienza, pero se están obteniendo rendimientos muy por encima del promedio histórico. “En una zona donde lo normal son 25 a 28 quintales por hectárea, esperamos trigos de 35 a 50. Es un año para hacerle un cuadrito”, se entusiasmó. Además, los perfiles de humedad para la siembra de gruesa ofrecen un punto de partida más alentador que en campañas anteriores.
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Más eficiencia
En el centro-norte de Córdoba, el grupo alquila desde hace años un campo con riego por pivote central, que resultó fundamental para estabilizar la producción. Esa experiencia impulsó la búsqueda de ampliar la superficie bajo riego, sobre todo en un contexto de márgenes cada vez más ajustados en campos alquilados y dos campañas seguidas atravesadas por la sequía y la chicharrita.
“Hoy el primer objetivo es hilar más fino en los costos”, resumió Pérsico. La primera apuesta fue incorporar Weed-It, una tecnología de pulverización selectiva que detecta malezas en tiempo real y aplica solamente donde corresponde. Después de un año de trabajo, lograron reducir un 70% el volumen total de agroquímicos utilizado en la superficie aplicada con esa tecnología. Los beneficios son económicos y ambientales: menos producto aplicado, menor generación de envases y menor impacto ecológico.
El segundo paso fue avanzar en agricultura de precisión. Diseñaron un plan trianual para realizar siembra y fertilización variable en maíz y girasol, con algunos ensayos en soja, lo cual requirió una ambientación de todos los lotes. “Apuntamos a maximizar el uso de los recursos y mejorar los márgenes. Fue un salto importante para producir de manera más eficiente”, destacó.
Riego autónomo
El siguiente objetivo del grupo es estabilizar la producción ampliando la superficie bajo riego. “No sirve un año ganar y al otro perder. Necesitamos saber, dentro de ciertos rangos, cuánto vamos a producir para planificar el flujo del negocio”, explicó Pérsico. Esa búsqueda los llevó a evaluar alternativas que pudieran funcionar en campos alquilados.
En ese proceso, recientemente incorporaron un equipo autónomo para regar y fertilizar sus cultivos, denominado 360 RAIN, importado por la firma Terranova desde Estados Unidos. “La empresa nos ofrece el soporte técnico, debido a que es un traje a medida para cada campo”, explicó. Se trata del tercer vehículo operativo en el país y el primero en Córdoba. Hay otro instalado en Luján, provincia de Buenos Aires, solo para riego, y uno en Coronel Suárez que combina riego y aplicación de purines.
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Esta es la primera campaña del grupo Galeazzi aplica la tecnología y ya completaron tres riegos. La experiencia se desarrolla en el establecimiento La Catalina, a 7 km de Luque, propiedad de Marcelo Podio. “Es un proyecto posible gracias a una relación de confianza de muchos años”, señaló el ingeniero.
El proyecto abarca 160 hectáreas, divididas en dos posiciones de riego de unas 80 hectáreas cada una. La obra civil es similar a la de un pivot central de dos posiciones: una bomba alimenta dos hidrantes, desde el cual se conecta la manguera que abastece a la máquina. En esta campaña, regarán maíz temprano en una de las posiciones y luego moverán el equipo para regar una soja de segunda sobre trigo en la posición opuesta.
Una ventaja clave es su adaptación a cualquier geometría. Si el lote tiene un monte, una tapera, una construcción o formas irregulares, el sistema lo esquiva automáticamente, algo que los pivotes no permiten. También amplía las zonas geográficas posibles de regar, porque requiere poco caudal: consume 50 m³ por hora y trabaja con una bomba de 30 HP, lo que reduce el costo de inversión y el costo por milímetro aplicado. Además, riega en la base de la planta, con un aumento en la eficiencia en el uso del agua.
Otro aspecto diferencial es que trabaja siempre sobre suelo seco, evitando empantanamientos y huellas. El software utiliza los datos generados por la sembradora: replica con precisión las pasadas, evita pisar surcos y posiciona la salida en la base de las plantas. Una vez definidos los recorridos, se cargan a la máquina y el sistema repite exactamente el patrón de siembra, pero aplicando agua entre líneas.
El equipo también permite hacer fertirriego, ya que el programa dosifica e inyecta fertilizante líquido directamente en el caudal. Y es totalmente autónomo: una vez configurado, se controla desde una aplicación móvil que monitorea el funcionamiento en tiempo real.
Estabilizar los rindes y rentabilidad
“Estamos convencidos de que hay que estabilizar los rindes, y en esta zona la única forma de hacerlo es incorporando tecnología; una de esas tecnologías es el riego”, señaló Pérsico.
El objetivo es evitar márgenes negativos: no perder en los años secos, porque el riego contribuye a sostener los rendimientos y los márgenes económicos; y capturar el potencial en los húmedos, cuando la lluvia aporta el agua sin costo. “Una producción sin resultados negativos estabiliza el sistema”, resumió.
Para Pérsico, ningún equipo es “malo”. La posibilidad de regar —ya sea con pivote, goteo o sistemas autónomos— mejora la eficiencia y permite estabilizar los rindes. No existe un sistema ideal: existe el sistema adecuado para cada campo. Y esa decisión no depende solo de la voluntad. “No riega el que quiere, sino el que puede”, enfatizó. Porque para regar se necesita agua subterránea disponible, en cantidad y calidad.
Hasta hace pocos años, solo se podía regar en zonas con grandes caudales porque los sistemas tradicionales lo exigían. El nuevo equipo que adquirieron, en cambio, requiere caudales más bajos, lo que habilita superficies que antes eran inviables. “Este sistema amplía las fronteras del riego: donde antes era impensado, ahora se va a poder regar”, sostuvo.
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Inversión con retorno
El sistema autónomo de riego demanda una inversión menor que otros. En números, la inversión por hectárea es la mitad que un sistema enterrado y algo menor que la de un pivote central. En el caso del proyecto del Grupo Galeazzi, la perforación está a 90 metros y la inversión total, incluyendo obra civil, asciende a unos 2685 dólares por hectárea, llave en mano. La estructura del proyecto está pensada para lograr un retorno en seis años.
La baja demanda energética del equipo abre una segunda etapa: incorporar un parque solar para abastecer el consumo durante el día. “Es una forma de generar una economía circular del propio riego”, explicó Pérsico. Para él, estas tecnologías amplían el horizonte de posibilidades y empujan a repensar los sistemas productivos.
“Vamos evolucionando. Hace años, la única forma de regar era con pivote central; hace unos pocos apareció la opción de enterrar cañerías; y ahora surge esto. Estamos en una evolución continua”, concluyó.