21 de noviembre de 2022 en Buenos Aires

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Alberto Quiroga, socio honorario de CREA

CREA reconoció el trabajo realizado por el investigador de INTA Anguil, Alberto Quiroga, y lo designó socio honorario en un emotivo acto.

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“Un faro como persona y como profesional”. Así definió el presidente de CREA, Santiago Negri, al investigador Alberto Quiroga al entregarle una placa en reconocimiento de la importante labor realizada en las últimas décadas para promover la sostenibilidad de los sistemas productivos.

Quiroga, investigador del INTA Anguil y docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam), fue uno de los pioneros en lo que respecta al desarrollo de la tecnología conocida como “cultivos de servicio”. En 2013, junto a Cristian Álvarez, Diego Santos y Marcelo Bodrero, publicó el libro Contribuciones de los cultivos de cobertura a la sostenibilidad de los sistemas de producción, que anticipó en gran medida el extendido uso que tendría esa herramienta agronómica en la actualidad.

Fue, además, uno de los primeros en el diseño de experimentaciones de largo plazo que validaron científicamente las prácticas –también pioneras– empleadas por los empresarios agropecuarios argentinos.

En ese marco, el grupo “Gestión ambiental, agua, suelo y vegetación natural” del INTA Anguil y la AER Gral. Pico llevó a cabo un estudio realizado entre 1998 y 2018 en ocho lotes de empresas CREA de la región Oeste, localizados en 30 de Agosto (El Correntino) y Mari Lauquen (Nueva Castilla), en el cual se determinó que la siembra directa permitía mantener los valores de materia orgánica de los suelos en sistemas con rotaciones agrícolas adecuadas. “La siembra directa no logró aumentar la materia orgánica, que es el corazón del sistema, pero pudimos mantener sus niveles y eso fue clave”, expresó.

Quiroga, quien recientemente fue nombrado socio honorario de CREA, recibió el reconocimiento en un evento, realizado en la sede porteña de CREA, del que participaron Ariel Angeli, líder de la unidad de Investigación y Desarrollo de CREA, y Mauricio Paturlanne, integrante del CREA Atreuco, quien, junto a Fabricio Fontana, fue apadrinado por Quiroga en la realización de su tesis de grado sobre el cultivo de trigo en la región de Anguil.

Quiroga destacó la importancia del vínculo entre INTA y CREA: "los ensayos de larga duración no pueden desarrollarse en campos arrendados por un año; es necesario hacerlo en empresas en las cuales los propietarios estén convencidos de la necesidad de generar conocimiento".

“A lo largo de los años se generó un vínculo entre ambas instituciones que va más allá de lo técnico”, apuntó Quiroga en referencia a los empresarios y técnicos de la red CREA que siguen formando parte de los ensayos de larga duración del INTA. “Pablo Hary siempre resaltaba que las crisis no se solucionan con dinero, porque el problema de fondo no es económico, sino con la posibilidad de compartir talentos y capacidades”, añadió.

Los ensayos de larga duración permitieron generar información muy valiosa no sólo del impacto tecnológico, sino también de la evolución de los indicadores ambientales, algo que no es usual de encontrar en le bibliografía internacional en la materia. “La gran preocupación que teníamos décadas atrás es la misma que tenemos ahora: hacer sostenibles los sistemas de producción”, comentó Quiroga.

A fines de la década del 90, mientras Quiroga y sus colaboradores se encontraban evaluando ensayos avanzados de maíz, se preguntaron qué podía suceder si sembraban semillas de centeno en el cultivo del cereal. Dado que el maíz sería cosechado en dos meses, no constituía ya una competencia para el centeno, por lo tanto, podía aportar recursos al suelo en ese período. Así fue que sembraron el verdeo (a mano). Tiempo después, se sorprendieron al analizar los resultados.

Con bolsas colgadas al hombro: así fueron los primeros ensayos de cultivos de cobertura o de servicios realizados entre 1998 y 2000. Ya en ese momento advirtieron que los lotes quedaban limpios de malezas. “Muchas de las cosas que investigábamos no se hacían visibles en los campos de los productores porque había un divorcio entre conocimiento y diseño agronómico. Fue por esa razón que decidimos hacer agronomía a domicilio”, recordó Quiroga.

Con el tiempo fueron detectado más de 20 objetivos por los cuales un cultivo de servicio podía contribuir a mitigar diferentes conflictos generados por el sistema de producción vigente: desde aporte de nutrientes hasta regulación de napas freáticas y construcción de macroporos, entre muchos otros.

“El gran desafío que tenemos por delante es consensuar a qué llamamos sostenibilidad, porque, si bien podemos ponernos de acuerdo en los indicadores, también es necesario establecer qué tecnología empleamos para medirlos, cómo tomar los registros y con qué frecuencia, entre otros aspectos”, comentó.

En cualquier caso, afirmó que lo fundamental es siempre mantener una visión integral de los sistemas productivos y de los aportes que éstos efectúan en todas sus dimensiones, dado que los análisis parciales y sectorizados que pueden hacer las distintas disciplinas deben complementarse unos con otros.

“Dejé todas las coordinaciones para volver a la chacra, que es dónde empecé. Quiero disfrutar los últimos tiempos sin que nada me ate a cuestiones burocráticas”, resumió.

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