8 de julio de 2024 en Buenos Aires

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¿Qué puede esperarse de la campaña agrícola 2024/25?

Entrevista a Diego Sánchez Granel, gerente general de Man Agro, respecto de las perspectivas de la campaña agrícola 2024/25.

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La próxima campaña agrícola argentina será realizada en un entorno macroeconómico sustancialmente diferente al vigente hasta el año pasado y, por lo tanto, requerirá nuevos diagnósticos y herramientas para poder gestionarla.

Para Diego Sánchez Granel, gerente general de Man Agro, empresa de inversiones agrícolas que siembra unas 60.000 hectáreas en diez diferentes regiones agrícolas argentinas, el negocio experimentará cambios importantes en el marco de un contexto complejo

“En la campaña 2023/24 la mala noticia es la caída de los precios internacionales. La comercialización de granos es baja para esta época del año”, comenta Diego, quien en los inicios de su carrera fue asesor CREA.

“El gran problema es que no hubo condiciones óptimas en el lo que respecta al tipo de cambio para cobrar forwards o canjes, porque existe una diferencia importante entre el tipo de cambio oficial (BNA comprador) y el denominado ‘dólar exportador’. Eso hizo perder oportunidades de fijación de precios”, añade.

La semana pasada la Bolsa de Cereales de Buenos Aires instrumentó la publicación diaria de un valor de referencia del “dólar exportador” para intentar incentivar la utilización del mismo en la confección de forwards.

DSG: Creo que fue una medida inteligente en ese sentido. En nuestro caso particular, si no hubiésemos vendido nada a la fecha de la cosecha 2023/24, estaríamos prácticamente cambiado la plata. Tenemos un 50% de la cosecha estimada ya vendida con los valores presentes al inicio de la campaña. Afortunadamente, logramos una muy buena campaña de trigo tanto en producción como en precios de venta. Sin embargo, no es la situación de la mayor parte de las empresas agrícolas argentinas, las cuales, con los precios actuales, es muy probable que no puedan capitalizarse este año. En esa coyuntura, luego del desastre productivo 2022/23 y con márgenes nulos a escasos en 2023/24, es necesario tener en cuenta la necesidad de financiamiento en cada caso. El análisis es que, considerando el costo del financiamiento, en muchas situaciones comienza a no ser atractiva la inversión en el sector. En nuestra caso, como nos financiamiento con inversores, dependemos de qué negocio le podamos proponer a los inversores.

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¿Cómo están proyectando la campaña 2024/25?

DSG: Para 2024/25 estamos proyectando un trigo con un precio promedio de 205 u$s/tonelada, una soja de 270-280 u$s/tonelada y un maíz de 170-175 u$s/tonelada; se trata de valores similares a los actuales. Con esos precios y sin cambios en los valores de arrendamientos en qq/ha de soja, el margen bruto proyectado cae en torno a un 70% respecto del ciclo inmediato anterior. No se observa una baja de costos de agroinsumos y el uso de fitosanitarios viene creciendo en línea con los problemas de malezas resistentes –agravados por la pérdida de cobertura generada por la sequía 2022/23– y la presencia de isoca en vastas regiones productivas. En lo que respecta a los fletes, el valor quedaría en un valor promedio en términos históricos.

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¿Entonces?

DSG: Una vez que pagas todas las cuentas, el monto obtenido ¿cuánto retribuye a la tierra y cuánto al capital? Históricamente eso representaba dos tercios para la tierra y un tercio para el capital. Esa cuenta, con los valores de alquileres abonados hasta la campaña pasada, para el ciclo 2024/25 reduciría apenas a un 15% la participación del capital en el negocio, lo que representa un desarbitraje enorme para el negocio agrícola. Por ese motivo, no creemos que en la próxima campaña se puedan mantener los valores de arrendamientos abonados hasta el ciclo anterior. Dependiendo de la zona, deberían ajustarse entre uno y dos qq/ha de soja. El mercado de alquileres se fundamenta en expectativas y el resultado de la campaña anterior. Y ninguno de ambos factores son alcistas. Por otra parte, no aparece en el horizonte un escenario alcista para los precios de los granos. La lógica es que se ajuste el mercado de alquileres.

¿Cuál podría ser un factor alcista para ese mercado?

DSG: El hecho de que aún no se haya terminado de sincerar la brecha cambiaria y que al momento de la próxima cosecha los dólares generados por la agricultura reflejen un tipo de cambio sustancialmente mayor al tipo de cambio oficial vigente en la actualidad.

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Diego Sánchez Granel

Diego Sánchez Granel

Eso siempre y cuando la brecha cambiaria desaparezca para entonces. Ese mismo fenómeno, con otras circunstancias, se presentó el año pasado.

DSG: Exactamente. El año pasado registramos un récord histórico de inversión por ese motivo. De todas maneras, el año pasado teníamos pronóstico de una fase ENSO “El Niño”, mientras que, hasta el momento, la proyección para 2024/25 es una fase “La Niña”; se trata de otro factor bajista.

La cuestión cambiaria también representa un riesgo porqué no es factible anticipar la dinámica del plan de estabilización del gobierno nacional con una herencia tan compleja y un contexto internacional incierto.

DSG: La macroeconomía internacional no ayuda. Los fondos agrícolas que operan en el mercado de futuros de Chicago (CME Group) están muy vendidos (“bajistas”) en contratos tanto de soja como de maíz. Queda mucha agua por correar aún, pero con la foto de hoy el negocio tiene muchos interrogantes. La gran incógnita interna es cómo será la evolución del tipo de cambio. Aunque en términos estructurales, tengo una gran preocupación.

¿Cuál?

DSG: La sostenibilidad de los sistemas agrícolas. El negocio de maíz tardío, que representa la mayor superficie argentina del cereal, es inviable con los costos actuales. Las rotaciones requieren un aporte sustancial de maíz para brindar rastrojos adecuados al cultivo de soja; sin eso, el esquema agronómico y, por ende, el negocio se torna insostenible. Eso me preocupa mucho. Ojalá que en el gobierno se entienda que es esencial favorecer al maíz para evitar un descalabro. En campañas tan complicadas como la 2022/23, fue notable la diferencia de rendimientos entre los sistemas bien trabajados respecto de aquellos que no realizan buenas prácticas agronómicas. Por eso dañar la sostenibilidad pone en riesgo todo el negocio agrícola.

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