29 de agosto de 2026 en Buenos Aires

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Riego en el NOA: la ganadería gana lugar en los planteos mixtos

“Ahora la carne vale”: con mejores márgenes, una empresa impulsa la ganadería en Catamarca con riego en sistemas de recría.

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Por CREA Región Chaco Santiagueño | CHS

Hace 35 años, Daniel Bartolucci, miembro del CREA Semiárido Norte, de la región CREA Chaco Santiagueño, fue uno de los pioneros en incorporar el riego a la producción agrícola en el noroeste del país. Actualmente riega 5000 hectáreas en Catamarca, donde desarrolla planteos agrícolas y ganadería.

“El primer equipo que se instaló en Catamarca fue el mío. En medio de una sequía y fundido, pensé que compraba el equipo, lo enchufaba y empezaba a ganar mucho dinero. Pero tardé 25 años en lograr que eso se convirtiera en una realidad”, recordó.

La empresa maneja unas 20.000 hectáreas —el 70% propias—. Este año sembraron unas 9000 hectáreas, mientras que otras 10.000 se destinan a planteos ganaderos de recría y feedlot. El buen margen actual de la ganadería llevó a destinar parte de la superficie bajo riego a esa actividad. En uno de los círculos, de 70 hectáreas, implantaron un verdeo con avena, trébol y raigrás, donde actualmente recrían 1180 terneros.

“Cuando empecé no había nada. Todo se tuvo que desarrollar a fuerza de prueba y error”, señaló. Si bien en las últimas décadas mejoraron tanto la tecnología como el conocimiento disponible, considera que todavía existe una brecha respecto de países como Brasil y Estados Unidos.

No obstante, la mejora de la rentabilidad en los últimos tiempos permite ampliar el uso del riego hacia la producción ganadera. “Cuando margen se pagan los equipos y los cultivos, y además queda un buen resultado final”, afirmó.

Recría sin depender de lluvias

En Catamarca, la firma produce bajo riego en cinco campos ubicados en Los Altos, Bañado de Ovanta, Albigasta y Chañar Laguna. Dos de esos campos combinan agricultura y ganadería, mientras que los restantes son exclusivamente agrícolas. En los primeros, el agua se destina principalmente a la recría, una etapa que la empresa busca trasladar progresivamente de los corrales a las pasturas.

Actualmente terminan entre 9000 y 10.000 cabezas por año en el feedlot, donde alrededor del 80% de los animales son comprados y se engordan con parte de los granos producidos por la empresa. El objetivo es alcanzar las 18.000 cabezas anuales y reservar los corrales exclusivamente para la terminación.

Para avanzar en esa dirección comenzaron a desarrollar una recría 100% pastoril, con pasturas bajo riego tanto en invierno como en verano. La experiencia comenzó hace tres meses con verdeos invernales y prevén continuarla durante la temporada estival.

El riego resulta clave para sostener esa carga de animales frente a la variabilidad de las precipitaciones. El productor indicó que trabajan en una zona con registros cercanos a los 500 milímetros anuales, pero con grandes diferencias en el inicio y la duración de la temporada de lluvias. “A veces empieza a llover en noviembre, otras en diciembre, enero o febrero, y tampoco sabemos cuándo se va a cortar. Plantear una recría pastoril con tantas cabezas, dependiendo solo de la ocurrencia de las lluvias, sería como ir al casino”, advirtió.

Un año excepcional como el actual, con 1000 milímetros concentrados en cinco meses, puede generar muy buenas condiciones para las pasturas de secano, pero ese escenario ocurre aproximadamente una vez cada 10 años. Por eso, la estrategia se apoya en una base bajo riego y ajusta la carga según las lluvias disponibles.

En invierno, cuando prácticamente no se registran precipitaciones, el planteo depende directamente del agua aplicada. Durante el verano, en cambio, el riego funciona como respaldo frente a una oferta hídrica mucho más incierta. “Tenemos que hacer un planteo conservador bajo riego y, si después las lluvias acompañan, circunstancialmente se podrá aumentar la población”, explicó.

La decisión de avanzar ahora con este sistema responde a las condiciones económicas de la actividad. “¿Por qué lo hacemos ahora y no antes? Por una razón muy sencilla: ahora la carne vale”, resumió.

Intensificar la cría

Para el próximo año, la empresa proyecta iniciar un ensayo de cría intensiva, en un establecimiento mixto que cuenta con unas 1900 hectáreas bajo riego y 2000 hectáreas destinadas a ganadería. Allí comenzarán a evaluar un sistema de cría apoyado en pasturas regadas.

El planteo consiste en concentrar los animales en una superficie menor y sostener su alimentación con pasturas bajo riego. Actualmente, la receptividad del campo es de unas 3 hectáreas por animal. “Iremos ajustando el sistema con los ensayos, pero la idea es pasar de 3 hectáreas por animal a 3 animales por hectárea”, anticipó.

El agua define cultivos

La agricultura de la empresa se distribuye entre Catamarca, Santiago del Estero y Tucumán, aunque las 5000 hectáreas bajo riego se concentran en Catamarca. Allí, una de las principales actividades es la multiplicación de semillas de maíz para semilleros, entre ellos Limagrain y Don Mario.

En este tipo de producción, el riego resulta indispensable. “Es muy caro producir semilla de maíz y no se puede correr el riesgo de exponer el cultivo a estrés hídrico. En una zona semiárida hay que trabajar con la mayor cantidad posible de las variables controladas. Y el riego viene a resolver una de las variables más importantes”, sostuvo.

Hasta la aparición de la chicharrita del maíz producían semillas de maíz de materiales templados, semitemplados y tropicales. El impacto de la plaga llevó a concentrarse únicamente en estos últimos. Según el empresario, actualmente no existen materiales resistentes ni insecticidas que permitan controlar completamente el problema, sino híbridos con distintos niveles de tolerancia.

Esa adaptación, sin embargo, tiene un costo. “Los materiales tolerantes pueden convivir con la chicharrita, pero producen menos y requieren controles muy costosos”, indicó. A su vez, la incidencia de la plaga contribuyó a reducir de manera significativa la rentabilidad del maíz en el norte del país.

Además de ese cultivo, también producen bajo riego trigo, soja y semillas de canola. En trigo obtienen rendimientos promedio superiores a 6000 kg/ha y, en soja, superan los 4500 kg/ha.

El costo del agua determina qué cultivos pueden incluirse en cada ambiente. Según la profundidad a la que se encuentra, el costo del milímetro aplicado varía entre 0,50 y 1,20 dólares. “Cuanto más caro es el milímetro, más excluyente resulta para los cultivos de bajo margen. Si tengo un milímetro caro, tengo que usarlo en cultivos de mayor valor. Con un margen bajo, directamente no lo puedo utilizar”, precisó.

Más control, más exigencia

Una de las principales ventajas del riego es la previsibilidad. Si bien eleva los costos, permite establecer pisos de rendimiento más altos y reducir el impacto de los años secos. En campañas con buenas precipitaciones, incluso, una hectárea de secano puede generar una renta superior debido a los costos fijos que implica regar.

Entre esos costos, el empresario destacó el de la potencia instalada, que debe pagarse independientemente del uso de los equipos y ronda los 200 dólares por hectárea. “Si el año es malo por falta de precipitaciones, con riego igual cosechás bien”, señaló.

Esa mayor estabilidad exige un manejo más intensivo. El riego debe integrarse con el resto del paquete tecnológico y no reemplaza las prácticas necesarias para alcanzar altos rendimientos. “Lo único que sustituye es el agua del cielo. Después tenés que hacer todos los aportes y manejos culturales que requiere el cultivo, y además administrar el agua”, planteó.

Frente a la posibilidad de un año Niño, explicó que la zona se encuentra en un área de transición del NOA, donde estos eventos no suelen manifestarse de manera contundente. En general, las precipitaciones tienden a aumentar, aunque sin un patrón suficientemente claro como para anticipar cuánto. “Tiende a ser más húmedo, pero cuánto más, no lo sabemos”, concluyó.

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