21 de agosto de 2026 en Buenos Aires

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Ganadería digital: del peso por imágenes al monitoreo con drones

Cámaras, drones y sistemas de gestión permiten generar más información en la ganadería, reducir tareas y mejorar las decisiones en empresas CREA.

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La digitalización de la ganadería empieza a ofrecer herramientas para resolver problemas concretos de manejo: desde pesar animales con mayor frecuencia y menor demanda de personal hasta recorrer establecimientos extensos, controlar hacienda e infraestructura y generar información con nuevas tecnologías sin necesidad de trasladarse hasta cada punto del campo.

Dos experiencias de empresas CREA muestran ese proceso. Alfredo Santillán, miembro del CREA Roque Pérez Saladillo, presentó el uso de cámaras para estimar el peso de los animales y avanzar hacia su identificación automática. Pilar Porta, del CREA Ganaderos del Noroeste, compartió la incorporación de un dron autónomo y otras herramientas digitales para gestionar campos con dificultades de acceso y reducir tareas manuales.

Ambos casos fueron presentados en el espacio “Tecnología en ganadería: aprendizajes de empresas CREA”, durante la jornada Ganadería Rentable organizada por la región CREA Córdoba Norte en la Universidad Nacional de Córdoba.

Pesada por imágenes

En su empresa, Alfredo Santillán, miembro del grupo CREA Roque Pérez Saladillo, de la región Sudeste de CREA, comenzó a digitalizar los procesos ganaderos para mejorar la calidad de la información utilizada en la toma de decisiones.

“En agricultura, las máquinas generan información automáticamente. En ganadería, cada dato todavía requiere que alguien vaya al campo, lo tome y lo registre. Eso condiciona la cantidad y la frecuencia de la información disponible”, explicó.

Para reducir esa dependencia, probaron collares GPS, que no dieron los resultados esperados, y utilizaron un dron para realizar recuentos anuales destinados al cierre de ejercicio. Actualmente prueban PensAi, una herramienta de inteligencia artificial aplicada a procesos y recorridas. También utilizan caravanas electrónicas, bastones para registrar información y cámaras para obtener el aumento diario de peso vivo (ADPV) individual. A futuro proyectan implementar cercas virtuales para manejar el consumo de pasto.

Uno de los trabajos que desarrollaron se concentró en la pesada individual. El sistema convencional exige llevar la hacienda a la manga, identificar cada animal y registrar su peso uno por uno. La tarea demanda al menos tres personas y un encierre previo, aumenta el riesgo de golpes y lastimaduras y, según sus cálculos, puede provocar una pérdida cercana a 5 kg por cabeza.

A partir de esas limitaciones comenzaron a probar una cámara desarrollada por una empresa brasileña, que permite estimar el peso de los animales a partir de imágenes. Cuando cada animal atraviesa el sector de lectura, el equipo toma 30 imágenes por segundo y las procesa para calcular su peso.

Antes de utilizarla fue necesario calibrarla contra la balanza convencional: cada animal se pesaba con ambos sistemas y el dato obtenido con la balanza servía para ajustar el algoritmo. El equipo fue incorporado bajo un esquema de comodato, con un costo equivalente a 3000 kg de carne por año, incluido el procesamiento de las imágenes.

Una vez calibrado, el sistema mostró una fuerte diferencia en la capacidad de trabajo: “Con el sistema tradicional pesábamos unos 120 animales por hora. Con la cámara llegamos a pesar 427 en 22 minutos, con un error de 1 a 3% respecto de la balanza convencional”, detalló.

La mayor velocidad permite pesar con más frecuencia y evita el encierre previo. En algunos establecimientos la hacienda se pesa cada tres meses, por lo que al analizar los datos el proceso que se pretende corregir ya puede haber quedado atrás.

Próximos desafíos

El paso siguiente es pesar e identificar cada animal al mismo tiempo, sin detenerlo y con la menor intervención humana posible. Para eso incorporaron un lector de caravanas electrónicas que debe asociar la identificación con el peso de la cámara.

Las primeras pruebas alcanzaron alrededor de un 70% de lecturas satisfactorias. Todavía deben resolver problemas vinculados con la luz, la regulación de la cámara y el paso simultáneo de dos animales. Por ahora, el sistema requiere una persona capacitada.

También buscan una estructura transportable para llevar el equipo de un establecimiento a otro y, a futuro, dispositivos simples que permitan registrar peso e identificación de manera sistemática.

Persisten otras limitaciones, como la autonomía de las baterías y la capacidad para procesar grandes volúmenes de imágenes. Además, aun con la cámara es necesario juntar la hacienda y llevarla hasta la manga. La pesada resuelve solo una parte del problema.

Del dato al manejo

El mayor valor aparece cuando la información individual se traduce en decisiones. “En lugar de dividir a los animales en cabeza, cuerpo y cola, podemos agruparlos por rangos de ADPV y tomar decisiones según la respuesta de cada uno. Animales que comen lo mismo pueden tener desempeños muy diferentes”, explicó Santillán.

Así, sería posible diferenciar los animales que ganan menos de 400 gramos diarios, los que se encuentran entre 400 y 600 gramos y los que superan ese nivel, para ajustar el manejo de cada grupo. El objetivo es que los procesos ganaderos produzcan información de forma cada vez más automática.

Drones autónomos

Pilar Porta, miembro del CREA Ganaderos del noroeste, de la región CREA Córdoba Norte, administra dos establecimientos ubicados en Las Varillas y Berrotarán. En este último, las características del ambiente y las distancias llevaron a buscar tecnologías que permitieran reducir recorridas y acceder con mayor frecuencia a información del campo.

El establecimiento tiene 4300 hectáreas y cerca del 70% corresponde a ambientes de sierras con monte. Una recorrida completa puede demandar unas seis horas y llegar hasta determinados puntos, como un tanque de agua, alrededor de una hora. “Siempre pensaba cómo podía resolver esos costos de logística y tiempo y manejar el campo de una manera más sencilla”, contó.

Una de las respuestas fue un dron autónomo, que el establecimiento incorporó recientemente. El sistema funciona de manera automatizada: el dron despega desde una estación de carga, donde también se almacena y recarga. Los vuelos se programan a distancia y el equipo tiene una autonomía aproximada de una hora o 7 kilómetros, según el viento. Requiere una hora de carga entre vuelos, puede operar alrededor de 12 horas por día y cuenta con zoom de alta definición y cámara infrarroja para visión nocturna.

“Desde mi casa puedo decirle dónde quiero que saque una foto, haga un video o acerque la imagen para mirar un comedero o un bebedero”, explicó. La posibilidad de observar el vuelo en vivo depende de la conectividad. En Berrotarán, donde solo disponen de conexión satelital en la zona de la casa, la mayor parte de los recorridos deben quedar programados previamente.

Uno de los principales usos apareció durante los trabajos con la hacienda. Los rodeos tienen alrededor de 300 cabezas y el monte dificulta encontrar parte de los animales. Después de reunir el rodeo durante todo el día, podían faltar cinco animales sin saber con certeza dónde estaban.

La solución fue programar vuelos nocturnos, cuando las vacas bajan hacia los valles. La cámara infrarroja permite localizarlas y, por diferencia de tamaño, distinguir vacas de terneros. El sistema también permite tomar imágenes de los corrales y realizar recuentos.

Con el tiempo, el dron sumó otros usos. Lo incorporaron a las rondas de seguridad, la revisión de comederos y la detección de fauna silvestre. En una ocasión, ante la sospecha de que jabalíes consumían alimento de un sistema de creep feeding, fue un vuelo nocturno el que permitió comprobarlo.

También acortó los tiempos de respuesta ante emergencias. “Una vez vimos humo en la otra punta del campo. Al personal le podía llevar una hora llegar y con el dron, en pocos minutos, ya tenía imágenes para saber si había un incendio, un caño roto, un alambre cortado o animales que se habían pasado”, relató.

Los usos se extendieron a la infraestructura. La cámara infrarroja permite detectar roturas de silobolsas por diferencias de temperatura y controlar bombas solares, bebederos y niveles de agua sin recorrer todo el establecimiento. Durante el verano llegaron a programar tres controles diarios de los tanques y utilizaron inteligencia artificial para comparar las imágenes de distintos horarios, evaluar la evolución del nivel de agua y verificar si el sistema de bombeo funcionaba correctamente.

En cultivos y pasturas programaron vuelos tres veces por semana, una frecuencia mayor a la que podrían alcanzar con recorridas convencionales. Las imágenes permitieron identificar daños por granizo en sectores de difícil acceso y detectar salivazo en Panicum antes de que el problema fuera advertido desde tierra.

Pero la posibilidad de multiplicar los vuelos también genera un nuevo problema. El equipo tiene un costo de inversión de USD 36.000 y puede producir hasta 12 horas diarias de imágenes, mientras todavía falta un software capaz de procesar automáticamente toda esa información.

“Puedo hacerlo volar 12 horas por día, pero no sirve si después tengo que pasar 12 horas mirando las imágenes. Lo que falta es que el sistema me avise directamente que bajó el nivel de un tanque o que quedaron tres vacas en un lote”, explicó Porta.

Del campo a la administración

Un problema diferente aparecía en el intercambio de información entre el campo y la administración. Para resolverlo incorporaron FieldData, una plataforma que permite al personal cargar novedades mediante audios de WhatsApp y transforma esos registros en información disponible para la gestión en tiempo real.

La plataforma tiene un costo de 80 dólares mensuales para los dos establecimientos, que en conjunto abarcan 7700 hectáreas y entre 3500 y 4500 cabezas. Actualmente concentra toda la información ganadera —nacimientos, muertes, compras, ventas, movimientos, vacunaciones y feedlot—, además del stock de insumos agrícolas y los datos de los lotes.

También eliminó parte de la doble carga de información. Antes, los registros se completaban a mano en el campo y luego pasaban a la administración, donde podían aparecer inconsistencias. Una misma máquina, por ejemplo, podía quedar registrada con nombres diferentes.

Ahora el personal selecciona opciones previamente definidas y esos datos alimentan de manera directa reportes programados. Entre ellos se encuentran el consumo de combustible por vehículo y la disponibilidad de raciones por lote.

“Tengo la información al día, con menos margen de error, y puedo pedir que determinados reportes se generen automáticamente. Eso permite acceder más rápido a los datos que necesitamos para tomar decisiones”, resumió.

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