19 de agosto de 2026 en Buenos Aires

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Ganadería: nuevas oportunidades para transformar el negocio

Tecnología, asociaciones e innovación abren nuevas posibilidades para integrar la cadena de valor de la ganadería. La experiencia de Pretto Agronegocios.

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Por CREA Región Córdoba Norte | COR

La ganadería atraviesa un escenario de oportunidades marcado por nuevas tecnologías, mayores posibilidades de innovación y modelos de asociación que permiten integrar distintos actores de la cadena de valor. Los acuerdos de largo plazo y la búsqueda de nuevas alternativas productivas forman parte de ese escenario.

Rodrigo Bosch, miembro del grupo CREA del Este, ex coordinador de la región CREA Córdoba Norte de CREA y consultor independiente, se refirió a estos aspectos durante una jornada ganadera organizada por la región Córdoba Norte de CREA en la Universidad Nacional de Córdoba.

Allí compartió la experiencia de Pretto Agronegocios, empresa de la que es director comercial y asociado. La firma, propiedad de Mauricio y Mario Pretto, integra recría, feedlot y comercialización de carne, trabaja con productores y carniceros asociados y comenzó a incorporar búfalos a su sistema productivo.

Un nuevo escenario para la ganadería

Para analizar el escenario actual, Bosch, quien trabajó durante 22 años en la industria semillera en la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, trazó un paralelo con la transformación que atravesó la agricultura durante las últimas tres décadas. En 1996 llegaron al mercado las primeras variedades de soja RR y, junto con la siembra directa y otras tecnologías, comenzó una expansión que llevó al cultivo de unas 6 a casi 20 millones de hectáreas en la Argentina.

Sin embargo, señaló que la tecnología por sí sola no explica ese crecimiento. “Tenemos que tener una demanda que traccione y tecnología que nos ayude a cumplir con esa demanda”, afirmó. En el caso de la soja, la creciente demanda de China, combinada con los avances tecnológicos, impulsó el negocio agrícola no solo en la Argentina, sino también en Paraguay, Uruguay y Brasil.

Un proceso similar ocurrió posteriormente con el maíz. Hace alrededor de 20 años, Estados Unidos comenzó a desarrollar su industria de molienda para producir etanol, lo que generó una nueva demanda. Brasil pasó de tener escasa participación en el comercio internacional a convertirse en uno de los principales exportadores y actualmente, entre la primera y la segunda cosecha, siembra 22 millones de hectáreas.

Al mismo tiempo, nuevas tecnologías para el control de insectos permitieron ampliar las fronteras productivas. En la Argentina, por ejemplo, la agricultura avanzó hacia ambientes de Santiago del Estero y Chaco, que antes tenían mayores limitaciones para la producción agrícola.

Bosch advirtió que esa transformación ocurrió con muchas menos herramientas que las disponibles actualmente. Hace tres décadas no existían los actuales sistemas de gestión, la conectividad satelital ni las tecnologías digitales, y tampoco estaban tan extendidos los modelos de colaboración entre empresas y generaciones.

A su entender, la ganadería se encuentra hoy ante una oportunidad comparable. Recientemente, luego de recorrer durante dos semanas una región ganadera de Estados Unidos, destacó la reducción del stock bovino y la menor disponibilidad de carne. A diferencia de la agricultura, explicó que la producción ganadera tiene tiempos biológicos que limitan la velocidad con la que puede responder ante un aumento de la demanda.

“En soja pasamos de rendimientos de 2000 a 4000 kg/ha, pero en ganadería esos saltos no existen. Ante la falta de oferta, tenemos una demanda que puede traccionar el negocio durante muchos años, porque esto no se puede resolver de un día para el otro”, sostuvo.

La diferencia es que, frente a un fuerte aumento del precio de un cultivo, la superficie sembrada puede expandirse rápidamente. “En ganadería eso no va a pasar en los próximos años. Entonces, como hace 30 años, tenemos una oportunidad, una demanda enorme y una batería de tecnologías que antes eran impensables”, afirmó. Entre ellas destacó la caravana electrónica como una herramienta para mejorar la gestión de los animales.

Un modelo basado en asociaciones

A comienzos de este año, los socios de Pretto Agronegocios definieron que uno de los principales valores agregados de la empresa era su capacidad para conectar personas y empresas y construir trascendencia familiar. Esa mirada se traduce en una estrategia basada en asociaciones con distintos actores de la cadena.

“En nuestra empresa tenemos el espíritu de asociarnos. Porque cuando estás solo podés ir rápido, pero acompañado vas más lejos”, señaló Bosch. Actualmente cuentan con 24 asociados en el feedlot, desarrollan la agricultura con otros productores y también establecieron acuerdos con quienes comercializan su carne.

La empresa engorda alrededor de 14.000 animales por año, considerando una rotación y media, además de la producción proveniente del campo de recría y el feedlot. Y comercializa unas 2000 toneladas de carne a través de 150 carnicerías. Según Bosch, ese volumen equivale aproximadamente al consumo anual de carne de una localidad de 35.000 habitantes.

Para sostener esa producción utilizan entre 8000 y 9000 toneladas de maíz aportadas por productores agrícolas asociados. Con ese grano, la empresa compra los terneros, realiza la recría y el engorde, cobra por sus servicios y luego comercializa los animales.

La decisión de concentrarse en la ganadería también implicó redefinir actividades. Los socios resolvieron quitar el foco de la agricultura propia y delegaron su gestión en otras tres empresas CREA.

El mismo criterio aplicaron cuando la producción propia dejó de alcanzar para abastecer la demanda de carne. “Con otros miembros CREA se estableció un acuerdo de suministro durante todo el año basado en una regla de formación de precio, previamente definidas, que nos liberan de negociar en cada operación”, detalló.

“Ellos saben que nos mandan una jaula y nosotros sabemos que tenemos que pagar una jaula”, explicó. La lógica apunta a construir relaciones de largo plazo: algunas veces el proveedor obtiene un precio más favorable y otras veces la empresa compra en mejores condiciones, pero las diferencias tienden a compensarse a lo largo del tiempo.

Del feedlot a la carnicería

La misma filosofía comenzó a trasladarse hacia el último eslabón de la cadena. Actualmente trabajan con carniceros que producen parte de los animales que luego comercializan a través del propio feedlot y avanzan en un proyecto de venta de carne a futuro.

Para Bosch, ese proceso exige revisar paradigmas instalados entre productores, industria frigorífica y carnicerías. Uno de los ejemplos es la discusión sobre el peso de faena. Mientras muchos carniceros demandan medias reses de entre 90 y 100 kg, terminar animales de apenas 350 kg de peso vivo resulta poco conveniente para un feedlot.

La empresa también busca construir acuerdos con la industria frigorífica, un sector que describió como concentrado y con formas de trabajo consolidadas. “¿Cómo lo resolvemos? Charlando. Hoy estamos haciendo cosas en algunos frigoríficos que años atrás no podíamos imaginar. Tenemos que sentarnos a conversar para alcanzar acuerdos”, aseguró.

La apertura a nuevos socios también permitió acelerar inversiones. Luego de realizar una jornada con inversores, en seis meses duplicaron la capacidad del feedlot, que pasó de 2000 a 4000 cabezas. A fines de 2025 repitieron la experiencia y, a comienzos de este año, organizaron un encuentro destinado a carniceros para avanzar sobre el último eslabón del negocio.

La convocatoria reunió tanto a clientes como a comerciantes que hasta entonces no trabajaban con la empresa y permitió aumentar las ventas. “Cuando todo lo que escuchamos es que no se vende, nosotros crecemos sistemáticamente”, señaló .

Para el empresario, generar demanda implica mantener una actitud abierta frente a cada vínculo comercial. “Cualquier persona con la que te sentás enfrente puede ser un proveedor o un cliente. Puedo ir a tu campo a buscar algo y volverme con otra cosa, o viceversa. No voy pensando solamente en lo que quiero de vos: me abro a ver qué puede salir. Es un ejercicio que hacemos todos los días”, afirmó.

Búfalos: una alternativa para explorar

Para Bosch, otra diferencia respecto de la transformación que atravesó el agro hace 30 años es el lugar que ocupa actualmente la innovación. “Hace 30 años, si eras innovador te miraban de costado. Hoy está de moda. Prueben”, planteó.

Con esa mirada, utilizó el sorgo como ejemplo de lo que ocurre cuando una alternativa productiva queda condicionada por la forma en que se la maneja. Muchas veces el cultivo recibe los ambientes de menor potencial, poca fertilización y una cosecha tardía. Sin embargo, cuando se ajustan la fecha de siembra, la nutrición y otras prácticas, puede expresar rendimientos muy superiores. Según indicó, existen brechas de hasta 40% respecto de los promedios.

Algo similar sucede con los búfalos. En la Argentina existen alrededor de 400.000 de estos animales y Bosch considera que pueden representar una alternativa eficiente, siempre que sean manejados con criterios productivos comparables a los utilizados con los bovinos.

En 2025, Pretto Agronegocios decidió modificar parte de su estrategia productiva y comenzar a sumar búfalos. Los socios ya contaban con un rodeo de cría, pero el año pasado incorporaron otros 300 búfalos, que fueron manejados sobre pasturas de alfalfa y posteriormente terminados en feedlot.

“Los tratamos como si fueran vacas y los vendemos como la misma aceptación que las vacas, porque producen en serio: tienen ganancias cercanas a 1 kg por día y la calidad de la carne es muy buena”, afirmó Bosch.

La experiencia también abrió una posibilidad de innovación comercial. Así como existen expectativas sobre el aporte de la producción porcina para ampliar las exportaciones argentinas de carne, Bosch considera que la producción bubalina también puede contribuir, tanto por su potencial exportador como por la posibilidad de ofrecer una carne similar a la vacuna a precios accesibles. Para el empresario, allí existe una oportunidad para desarrollar una cadena.

También destacó la longevidad productiva de las hembras como una ventaja del sistema. “Una vaca puede permanecer unos 5 años en producción y una búfala puede llegar a 20. ¿Cómo impacta eso en la relación entre la madre y el ternero? Te cambia la ecuación”, concluyó.

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