Según Isabel Erro, uno de los cambios que marcó esa evolución fue la cuota 481, un cupo que permitió exportar carne vacuna de alta calidad a la Unión Europea con arancel cero y al que Uruguay comenzó a acceder en 2012. “Ahí hubo un cambio de paradigma. La industria mandó una señal hacia el resto de la cadena y nosotros empezamos a analizar, puertas adentro, cómo llegar a ese producto”, explicó.
Esas señales dieron mayor previsibilidad a la cadena e impulsaron a cada eslabón a ajustar sus procesos para responder a la demanda. En la empresa, ese cambio acompañó una transformación de la agricultura hacia sistemas mixtos e integrados.
Erro pertenece a la tercera generación de una empresa familiar uruguaya fundada hace casi 80 años. El negocio comenzó con Barraca Erro, dedicada a la agricultura y la comercialización de granos, y evolucionó hacia un grupo diversificado con negocios de producción agropecuaria, maquinaria, logística y servicios.
En el contexto de ese grupo, Villa Trigo SA nació en 2000, inicialmente orientada a la agricultura, durante una crisis que llevó a varios de sus clientes a buscar alternativas para sobrevivir. “Fue una especie de salvataje entre todos: uno tenía la tierra, otro la maquinaria y la empresa aportaba la gestión”, recordó.
Aunque el grupo ya contaba con un feedlot, funcionaba como un negocio coyuntural. En 2018, una fuerte sequía mostró los límites de depender exclusivamente de la agricultura y la firma comenzó a transformar parte de sus granos en carne. Más adelante, el arrendamiento de campos de antiguos socios —varios con instalaciones de feedlot— aceleró la expansión. Ese crecimiento se refleja en las ventas de animales. Para 2026 proyectan llegar a 50.000 cabezas.
Este proceso obligó a redefinir el lugar de la ganadería en una organización con cultura agrícola. Isabel recuerda que, en las reuniones del directorio, era “la de las vaquitas”, en diminutivo. “Ahora, por suerte, soy la de las vacas y voy primero”, bromeó. Hoy la firma se define como agrícola-ganadera.
Si bien actualmente la ganadería genera una facturación superior a la agricultura, Isabel aclaró que esa relación responde al contexto favorable de la actividad y no modifica la estrategia de la empresa. “Estamos convencidos de que el margen se construye con las dos partes”, señaló. El objetivo es profundizar la integración entre ambas actividades.
Transformación e integración de negocios
A medida que creció la ganadería, la integración ganó protagonismo para aumentar la competitividad y conectar más eficientemente la agricultura, la recría y el engorde a corral.
Villa Trigo no realiza cría. Actualmente maneja entre 7000 y 9000 terneros en recría, un volumen que representa menos del 20% de su capacidad de encierre en los feedlots. Por eso trabaja mediante acuerdos con criadores y recriadores que abastecen las distintas etapas del sistema. Esos convenios se apoyan en referencias de precio futuro, que permiten trasladar hacia atrás las señales del mercado.
Esa articulación convirtió al feedlot en una pieza estructural del sistema, aun cuando las condiciones de cada eslabón cambien y, en algunos momentos, impliquen aceptar márgenes menores. “No entendemos este negocio como algo coyuntural, sino como una actividad estructural”, afirmó.
El contexto de precios también favorece la intensificación: aun con cambios respecto de meses atrás, la relación entre el valor del ganado y el costo del maíz permite incorporar granos en la recría y en el feedlot.
La recría se realiza con altas cargas y pastoreo rotativo sobre alfalfa, pasturas intensivas y campos naturales mejorados. Buena parte ocupa suelos con aptitud agrícola y, por lo tanto, con un alto costo de oportunidad, que en algunos casos alcanza entre 1000 y 1200 dólares por hectárea. “Si ponemos ganadería ahí, tiene que ser un Fórmula 1”, resumió. El planteo debe alcanzar una productividad capaz de competir con los cultivos; de lo contrario, el lote vuelve a la agricultura.
Los terneros ingresan a la recría con unos 170 kg y pasan al corral con entre 370 y 380 kg de peso desbastado. Esa etapa puede demandar unos 10 meses sobre pasturas intensivas y extenderse hasta un año en campos naturales mejorados. En el feedlot alcanzan un peso de salida de entre 560 y 580 kg.
La integración también cambió la producción de alimento. Si antes el corral aprovechaba excedentes o granos con problemas de calidad, hoy la agricultura se planifica según sus necesidades. La base energética es maíz y cebada húmedos, y la fibra proviene de silajes de planta entera y fardos de paja picada.
Ahora la empresa busca profundizar el vínculo entre ambas actividades mediante el manejo de los efluentes del feedlot. El objetivo es medir cuánto puede devolver la ganadería a los lotes agrícolas y compararlo con los nutrientes que se retiran de esos mismos campos para producir silajes y otros alimentos destinados al corral.
Paraguay: los desafíos de producir más kilos
En Paraguay, la menor disponibilidad de terneros genera presión sobre los sistemas de recría y terminación. En los últimos años hubo una importante liquidación de hembras y, aunque el stock bovino muestra indicios de estabilización, la oferta de reposición sigue siendo limitada.
Weiler señaló que a esa reducción de vientres se suma una baja eficiencia reproductiva. Fuera de los grupos CREA, indicó que el índice de destete ronda el 50%. “No podés tener por cada vaca medio ternero. Es insostenible”, advirtió, y agregó que el negocio también está condicionado por variables comerciales difíciles de anticipar, como la ausencia de un mercado de futuros y el efecto del tipo de cambio.
En ese contexto, Rancho Quemado concentró su estrategia en producir más kilos por animal y a mayor velocidad. La empresa lleva adelante un planteo de recría que inicialmente tenía ciclos pastoriles largos y baja producción de carne por hectárea. A través de CREA incorporó conocimientos sobre pasturas, balance forrajero, fisiología animal, nutrición y fertilización.
Primero avanzaron sobre la nutrición en las etapas iniciales y luego sobre el manejo del pasto y la estructura que encuentra el animal al consumirlo. Los cambios más que duplicaron la producción de carne, que pasó de 141 kg/ha en 2019/20 a 300 kg/ha en 2021/22. Desde entonces se mantuvo por encima de ese nivel y alcanzó 313 kg/ha en 2025/26.
El resultado se sostuvo pese a una fuerte variabilidad de las precipitaciones, con años de alrededor de 600 mm y otros cercanos a 1300 mm. Frente a esas diferencias, la estrategia fue ajustar la cantidad de animales a la oferta de forraje y preservar la ganancia individual.
El análisis económico reforzó esa decisión. Para saber cuántos kilos debe producir un animal antes de generar margen, Weiler convirtió los costos del ciclo a su equivalente en kilos de carne. En 400 días, los costos fijos requieren unos 52 kg por cabeza, los variables otros 18 kg y la tenencia alrededor de 70 kg. Así, el punto de equilibrio se ubica en aproximadamente 141 kg de carne. En términos prácticos, un animal que ingresa con 200 kg debe alcanzar alrededor de 341 kg para cubrir esos costos. Esos 141 kg, distribuidos en 400 días, exigen una ganancia promedio de unos 352 g/día. Los kilos producidos por encima de ese nivel comienzan a generar margen.
La ganancia diaria de peso resultó ser la variable con mayor impacto sobre el margen. Una diferencia de apenas 50 g/día, sostenida durante todo el ciclo, termina representando varios kilos menos por animal. Según Weiler, una variación desfavorable del 10% en la ganancia redujo el margen un 36%. En comparación, un aumento del 10% en los costos operativos lo redujo un 5% y un deterioro equivalente en la relación entre compra y venta, un 14%. Esa diferencia explica por qué la ganancia individual pasó a ordenar las decisiones de manejo.
El pasto al servicio de la ganancia individual
Uno de los principales cambios en el uso de las pasturas se produjo en Gatton panic, donde la altura de ingreso bajó de alrededor de 60 a 35-40 cm. “La clave está en cuánto pasto puede levantar ese animal”, explicó el productor. El objetivo es ofrecer una estructura que favorezca una alta tasa de consumo.
También cambió la rotación. El regreso al potrero se define cuando la pastura recupera la estructura buscada y no únicamente por una cantidad fija de días. En Gatton panic, ese período puede rondar los 8 a 10 días. Una vez que ingresan, los animales permanecen como máximo tres días. La carga también se ajusta al crecimiento del forraje y a las condiciones de cada año.
La suplementación se utiliza para corregir limitantes puntuales. Hacia marzo y abril, cuando el Gatton panic presenta un desbalance entre la energía y la proteína disponibles, se incorporan pequeñas cantidades de suplemento proteico para sostener la ganancia sin abandonar la base pastoril.
Los animales ingresan a la recría con alrededor de 170 kg. Ante una reposición más exigente, la estrategia fue producir más kilos sobre cada cabeza, por lo que el ciclo completo, incluida la terminación, se extendió de un año a 14 meses.
La última etapa se realiza mediante terminación intensiva a pasto. Los animales llegan con unos 440-450 kg, atraviesan un período de adaptación y luego reciben una ración creciente durante unos 40 días, hasta alcanzar alrededor del 1,3% del peso vivo. El sistema trabaja con toros jóvenes, que durante esta etapa obtuvieron ganancias cercanas a 1,3 kg/día y rindes de faena del 54,5 al 55%.
La integración con la agricultura también aparece asociada a mejores resultados. Entre los establecimientos del grupo CREA presentados por Weiler, el mayor margen bruto, cercano a 300 dólares/ha, correspondió a un planteo que combinaba recría y terminación intensiva a pasto dentro de un sistema integrado con agricultura.
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