7 de febrero de 2026 en Buenos Aires

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Ganadería: ¿qué modelo rinde más?

La región CREA Sudeste presentó un análisis económico de tres planteos de ganadería y su integración con agricultura, para tomar decisiones de largo plazo.

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Por CREA Región Sudeste | SDE

Un análisis económico realizado en la región Sudeste de CREA comparó distintos modelos de ganadería y su integración con agricultura. El estudio mostró que la recría de compra combinada con agricultura post pastura fue la alternativa más rentable, seguida por la recría capitalizada, mientras que la cría mejoró su desempeño al integrarse en sistemas mixtos.

Nicolás Pasman, asesor del CREA Arroyo Las Flores, presentó los resultados durante la charla “Análisis e impacto económico de la incorporación de pasturas en la rotación agrícola”. La exposición se desarrolló en la Jornada de Actualización Técnica “Rotación con Pasturas: el camino hacia sistemas mixtos sostenibles”, organizada por la región Sudeste en Monte, provincia de Buenos Aires.

Números de los sistemas mixtos

Para medir el aporte económico de integrar ganadería y agricultura, Pasman y su equipo compararon la tasa interna de retorno (TIR) y el valor actual neto (VAN) de cinco modelos productivos: tres esquemas ganaderos —recría de compra, recría capitalizada y cría intensiva— y dos escenarios agrícolas, con y sin pasturas.

El trabajo modelizó cada sistema con supuestos homogéneos y un costo de oportunidad del 3%, replicando ingresos y egresos a lo largo de los años. Sobre esa base, se calcularon los flujos de fondos y la rentabilidad real de cada propuesta. “El VAN nos dice cuánto dinero devuelve la inversión una vez descontados los gastos y la tasa; la TIR es la rentabilidad efectiva del negocio”, explicó Pasman.

El análisis incluyó la participación de Eugenio Pérez Panera, Juan Pio Alvelo, Simón Pichiquini, Javier Pucciarelli y Pablo Bressa, quienes contribuyeron a la construcción y validación de los modelos utilizados. Según la presentación, se modelizaron tres sistemas ganaderos y dos sistemas agrícolas, uno tradicional y otro con el incremento de rinde estimado tras incorporar pasturas (+11% luego de cinco años de ganadería).

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Tres modelos ganaderos

El análisis comparó tres alternativas ganaderas —cría, recría propia y recría capitalizada— construidas bajo un mismo marco teórico: ingresos y egresos constantes durante los cuatro a cinco años que dura cada ciclo y una empresa con capacidad instalada para operar una ganadería de alto desempeño. Estos supuestos permiten evaluar diferencias reales entre modelos y no variaciones derivadas de la gestión.

Además, se incorporó alquiler a todas las actividades y un costo de oportunidad del 3%, equivalente al rendimiento de un plazo fijo en dólares del Banco Nación. La modelización no incluyó gerenciamiento para la ganadería y asumió precios constantes durante cinco años. “Lo importante era comparar sistemas bajo las mismas reglas, sin efectos de manejo que distorsionaran la rentabilidad real”, explicó Pasman.

Modelo de cría

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El modelo de cría se construyó sobre 100 hectáreas con una carga de 2 EV/ha, un 84% de destete y una producción de 230 kg de carne por hectárea. La base forrajera considerada fue una pastura de alfalfa y festuca implantada sobre toda la superficie.

La inversión inicial incluyó la compra de 200 vacas, la siembra de pasturas y la incorporación de toros. Los gastos anuales contemplaron sanidad, personal y mantenimiento, mientras que la reposición de vientres se resolvió comprando vaquillonas. Los ingresos provinieron de la venta de terneros y terneras, del descarte de vacas vacías y —al finalizar el ciclo— de la venta de todas las vacas preñadas, bajo el supuesto de que su valor sería equivalente al inicial.

A partir de estos flujos se calculó la rentabilidad del sistema. La TIR resultó en 0,19%, un valor inferior al costo de oportunidad del 3% considerado en el análisis. “Si uno evaluara únicamente la cría como inversión aislada, estos números indicarían que no conviene frente a alternativas financieras más simples”, señaló.

Recría de compra

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El segundo modelo evaluado fue la recría de compra, planteada con ingreso de terneros de 190 kg —a un costo estimado de USD 2,86/kg— y salida a 390 kg luego de un año de recría. El sistema trabajó con una ganancia diaria de 0,55 kg/cab/día, una relación compra–venta de 1,2 y una producción de 700 kg de carne por hectárea, apoyada en 100 toneladas de silo de maíz y pasturas de alfalfa y festuca implantadas sobre 100 hectáreas.

La inversión inicial se concentró en la compra de 350 terneros y la siembra de pasturas. Los gastos anuales incluyeron sanidad, silaje, personal y mantenimiento, y los ingresos provinieron exclusivamente de la venta de los animales recriados. El flujo de fondos se construyó bajo los mismos supuestos generales aplicados a todos los modelos.

Con esta estructura económica, la recría de compra mostró una TIR del 21%, muy por encima del costo de oportunidad del 3%. “A diferencia de la cría, acá la rentabilidad supera claramente a la tasa de interés, por lo que el modelo aparece como conveniente desde el punto de vista financiero”, explicó.

Recría capitalizada

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La recría capitalizada siguió la misma estructura, aunque con ajustes productivos: un año de recría, ganancia diaria de 0,48 kg/cab/día, sin uso de silo y con 30 hectáreas de verdeo de invierno para reducir costos directos. El planteo mantuvo la misma relación compra–venta del modelo anterior y se apoyó en una base forrajera de alfalfa y festuca sobre 100 hectáreas.

En este caso, la inversión inicial se limitó a los USD 45.000 correspondientes a la implantación de pasturas. Los gastos anuales incluyeron sanidad, verdeos, personal y mantenimiento, mientras que los ingresos provinieron de la venta del 60% de los kilos producidos, criterio habitual para operaciones de capitalización.

El flujo de fondos resultante mostró una TIR del 13%, por encima del costo de oportunidad del 3%. “Aun con menores ganancias individuales, la estructura liviana en inversión hace que la recría capitalizada sea rentable en el marco comparativo”, dijo.

Tres modelos comparados

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La comparación de los tres planteos ganaderos muestra diferencias marcadas tanto en la magnitud de la inversión como en el comportamiento económico a lo largo del ciclo productivo. La cría es el modelo que demanda mayor capital inicial, debido a la compra del rodeo y la implantación de pasturas, pero a lo largo del tiempo genera ingresos más modestos. En el extremo opuesto, la recría capitalizada opera con una inversión inicial muy baja y con gastos anuales relativamente contenidos.

La recría de compra se ubica en un punto intermedio en términos de inversión, aunque sus gastos operativos son más altos por la compra anual de terneros. Esa misma dinámica, sin embargo, le permite generar los mayores ingresos brutos entre los tres modelos, porque el volumen de kilos producidos y vendidos por hectárea es sensiblemente superior.

Al observar los resultados económicos finales, las diferencias se vuelven más claras. La cría, aun siendo un sistema estable y técnicamente simple, arroja una rentabilidad cercana a cero frente al costo de oportunidad considerado. La recría capitalizada, con una estructura liviana y un nivel de inversión reducido, alcanza una tasa de retorno del 13%. Y la recría de compra, con mayor escala y flujo de ingresos, llega al 21%, ubicándose como la alternativa más rentable dentro del análisis comparativo.

Modelos agrícolas

El análisis económico también incorporó dos esquemas agrícolas para comparar su desempeño con y sin pasturas en la rotación. El primero replicó los rindes promedio de la zona, mientras que el segundo consideró un incremento del 11% en la productividad de los cultivos tras cinco años de integrar ganadería, un beneficio que en muchos planteos se asocia a mejoras en estructura, carbono y actividad biológica del suelo, y que representa una línea de investigación a continuar.

Ambos modelos se construyeron bajo los mismos supuestos económicos: rindes, ingresos y egresos constantes durante cuatro años, incorporación de gerenciamiento y arrendamiento, y un costo de oportunidad del 3%. Los precios de los cultivos se tomaron de referencias regionales actualizadas. “La idea era comparar agricultura pura contra agricultura con pasturas, bajo el mismo marco económico”, explicó Pasman.

La rotación utilizada fue soja/trigo – soja/maíz/girasol, tanto para el escenario sin pasturas como para el de agricultura posterior a la inclusión de ganadería. En la alternativa tradicional, la inversión inicial rondó los USD 76.000, considerando costos de implantación y alquiler, y generó una TIR del 5%, un retorno moderado.

Cuando se aplicó el 11% de mejora en los rindes, la misma secuencia de cultivos pasó de una TIR del 5% a una TIR del 18%, mostrando un salto significativo en la eficiencia económica del planteo agrícola. Este contraste resume el aporte de las pasturas: “Es el mismo sistema, con los mismos cultivos, pero con un suelo que responde mejor y cambia la rentabilidad del negocio”, señaló Pasman.

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Actividades combinadas

Una vez calculado cada modelo ganadero y agrícola, se evaluó su integración. Para eso, se empalmó cada sistema de ganadería con una agricultura posterior a pasturas, incorporando en el último año la inversión inicial del planteo agrícola mejorado. El ejercicio se repitió para cría, recría de compra y recría capitalizada.

El resultado muestra cómo el desempeño agrícola posterior corrige —o potencia— la rentabilidad original de cada sistema. En el caso de la cría, que partía de una TIR cercana a cero, el empalme elevó la rentabilidad a 4%, ubicando al modelo apenas por encima del costo del dinero. La recría de compra, que ya tenía un rendimiento del 21%, sostuvo ese valor en la combinación con agricultura.

La recría capitalizada también mejoró: pasó de una TIR del 13% en ganadería pura a un 19% cuando se sumó agricultura post pastura. En paralelo, dos ciclos consecutivos de agricultura continua —sin el aumento teórico de rinde asociado a la ganadería— mantuvieron una TIR del 5%, igual a la estimada en el modelo agrícola base.

“Lo interesante es ver cómo cambia la foto cuando se mira el sistema completo. La agricultura posterior mejora el rendimiento de la cría y potencia la capitalizada, mientras que la recría de compra mantiene su liderazgo en rentabilidad”, explicó.

La mejor combinación económica

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Al comparar todos los modelos bajo los mismos supuestos económicos, la recría de compra seguida por agricultura post pastura emerge como la alternativa con mejores resultados: combina la TIR más alta (21%) con el VAN más elevado, lo que la posiciona como el modelo más rentable dentro del análisis teórico.

La recría capitalizada ofrece una propuesta distinta: su VAN es más moderado —en torno a USD 130.000 en el análisis—, pero sostiene una TIR elevada, apuntalada por su baja inversión inicial. Para empresas con restricciones de capital o que buscan un planteo flexible, esta alternativa puede resultar especialmente atractiva.

En el caso de la cría combinada con agricultura, la rentabilidad sube a 4%, un valor superior al obtenido en ganadería pura, aunque por debajo del desempeño de las recrías. “La foto general muestra que la recría de compra es la que mejor renta, pero la capitalizada gana en liviandad y accesibilidad”, explicó.

Más allá de los números, subrayó que la elección del modelo no debería basarse solo en TIR y VAN. Importan los objetivos de la empresa, la disponibilidad de recursos humanos, estructura, capital y ambiente, además del contexto en el que se toman las decisiones. La mirada de largo plazo —con foco en sistemas sostenibles en lo productivo, económico y humano— termina siendo determinante para definir cuál es la mejor combinación para cada establecimiento.

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