5 de diciembre de 2025 en Buenos Aires

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Diversificar para crecer en Misiones

En Misiones, la empresa Amann apostó a la innovación y sumó, a su esquema tradicional de yerba mate, ganadería y forestación, los cultivos de palta y pitahaya.

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Por CREA Región Litoral Norte | LIN

La empresa Federico Amann, miembro del grupo CREA Alto Paraná, de la región Litoral Norte, nació en la década de 1990, cuando Federico Amann y Alicia Katyryniuk se instalaron en la localidad de Andresito, al norte de Misiones, para hacerse cargo de una chacra familiar. Con el tiempo sumaron nuevas superficies hasta alcanzar las cuatro unidades que conforman el establecimiento.

“Mi padre comenzó con la yerba mate y fue incursionando en la ganadería”, contó su hijo, Christian Guillermo Amann, responsable de las unidades de ganadería y pitahaya de la empresa, junto a su esposa Camila Wecher. “Hacemos el ciclo completo: la cría y la recría son a pasto, y la terminación se realiza en feedlot. Los animales se comercializan en la Cooperativa de Productores de Carne (Coproca) de Andresito,” comentó.

La elección del esquema cooperativo responde a una lógica de confianza y de respaldo mutuo. “En épocas buenas, las cooperativas pueden quedar en desventaja, porque muchos socios prefieren hacer sus propios negocios. Pero en momentos difíciles, salvan las papas”, reconoció.

En paralelo, la familia incorporó forestaciones impulsadas por los planes provinciales. Hoy cuentan con unas 50 hectáreas implantadas con pinos resinosos, cedros australianos, pino Paraná y eucaliptos. Parte de esos árboles se integran a las plantaciones de yerba mate y otra porción forma parte de un esquema silvopastoril.

Actualmente, la yerba mate continúa siendo la principal actividad, con 123 hectáreas en producción. Sin embargo, la caída de los precios y la baja en la rentabilidad impulsaron a la empresa a diversificar. “En 2023 decidimos incursionar en palta y pitahaya. Son emprendimientos nuevos, pero los vemos como una oportunidad y, al mismo tiempo, como un desafío enorme”, relató Christian.

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“Antes no evaluábamos otras opciones porque la yerba andaba muy bien. Pero en Andresito estamos pegados a Brasil, donde la agricultura es muy competitiva. Si te va mal dos cosechas seguidas con soja o maíz, te fundís. Eso te obliga a ser eficiente, a estudiar y mejorar constantemente”, explicó.

A diferencia de la yerba mate, la palta y la pitahaya requieren atención casi diaria. “Si te ausentás una semana, puede atacarte la hormiga o una enfermedad y perder años de trabajo. Un plantín de yerba cuesta lo que un kilo del producto, entre 200 y 300 pesos; uno de palta cuesta 25.000. La diferencia y el riesgo son enormes”, advirtió.

Cambios de rumbo en la yerba mate

El vínculo de los Amann con la yerba mate es histórico. “Mi padre tuvo mucha presencia en el sector”, recordó Christian, y detalló: “En la Cooperativa Yerbatera Andresito fue encargado de ventas, impulsor de la marca de Yerba Mate Andresito y ocupó distintos cargos en el Consejo de Administración —secretario, vocal y presidente—. Además, integró el directorio del Instituto Nacional de la Yerba Mate”.

Durante la última década, la yerba mate fue uno de los pocos cultivos regionales con buena rentabilidad. Ese desempeño atrajo a nuevos actores y provocó un aumento en la superficie implantada. Sin embargo, el crecimiento también trajo desafíos. “El cuello de botella siempre fue la cosecha. Todos los demás cuidados se pueden mecanizar, pero la cosecha era manual. O tenías tu propia cuadrilla o contratabas una, que a veces no trabajaba bien y podía dañar el yerbal o generar pérdidas”, señaló.

Ese límite comenzó a superarse hace unos cinco años, cuando se introdujeron las máquinas cosechadoras de yerba mate. “Al principio hubo resistencia, pero ya fue superada. La máquina rompe ese cuello de botella y permite que cualquiera pueda entrar en el cultivo si dispone del capital”, comentó Amann.

El resultado fue una expansión acelerada del área y de la producción, mientras el consumo interno se mantuvo estable. Resultado: los precios bajaron y los márgenes se ajustaron.

Palta: un nuevo cultivo para Andresito

Ante ese escenario, la empresa decidió dar los primeros pasos con la palta, un cultivo inusual en la región, junto a ocho productores de Andresito. “Comenzamos en 2023 con mi tío, que se dedica a la venta de mallas antigranizo. En sus contactos con productores de frutas como manzana, uva o arándano, conoció gente de Mar del Plata que producía palta, se interesó en el tema y organizamos por medio de la Cooperativa Andresito una primera charla de capacitación con ellos”, relató Christian.

Con datos del Mercado Central, descubrieron que más del 60% de la palta que se consume en Argentina es importada. “Esa oportunidad nos motivó a iniciar el proyecto familiar, en el que también participan mi hermana, Silvana Paola Amann, y mi cuñado, Jonathan Da Rosa, encargados de esta nueva unidad de negocios. Ellos están a cargo del manejo y la operación del cultivo de palta, mientras que yo actúo como asesor de producción, con el apoyo de la EEA INTA Montecarlo”, explicó.

La zona ofrece condiciones óptimas para esta producción. Según Amann, “tenemos pocas heladas, que es el principal factor limitante para la palta, y las temperaturas son altas, lo que ayuda al desarrollo. El régimen de lluvias no es perfecto, pero con riego suplementario se puede manejar bien”, detalló.

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La experiencia comenzó con 2 hectáreas y hoy ya cuentan con unas 10 hectáreas implantadas, además de un vivero propio. “En 2024 hicimos media hectárea más y replantamos parte de la primera plantación, porque por inexperiencia tuvimos alrededor del 50% de pérdida. Este año completamos las 10 hectáreas y estamos en plena etapa de injertación”, comenta.

Las primeras plantas podrían entrar en producción el próximo año. “La palta empieza a producir a partir del tercer año. Las plantas de 2023 nos darían la primera cosecha en 2026. Este año dejamos algunas frutas para ver cómo responden en la etapa de maduración”, señaló.

“Es todo una apuesta. Estamos aprendiendo sobre nutrición, poda y sanidad. La poda se hace al menos cada seis meses; el plan de fertilización, cada tres; y el control de plagas y enfermedades implica pulverizaciones casi cada dos semanas. Es muchísimo comparado con la yerba, donde hacés dos fertilizaciones y dos limpiezas por año”, subrayó. Para capacitarse, participan de charlas, jornadas y congresos nacionales e internaciones, en Brasil.

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Pitahaya: una fruta exótica que gana terreno

La producción de pitahaya, también conocida como fruta del dragón, surgió como una curiosidad de Christian después de recibirse de ingeniero agrónomo y hacer una maestría en Agronegocios en Brasilia. “Empecé a interesarme por lo que veía en redes sociales, en mis contactos de Brasil, donde el cultivo está muy difundido”, contó.

La fruta, rica en antioxidantes y minerales y con bajo contenido de azúcares, se considera un alimento funcional con gran potencial. Sin embargo, en Argentina su desarrollo es incipiente. “En nuestra zona hay varios colonos que la tienen, pero como adorno, no productivo. En Formosa y Jujuy hay algunos emprendimientos, y en Misiones un productor más grande, pero aún no hay escala”, explicó.

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La empresa cuenta con unas 1000 plantas sobre media hectárea, implantadas desde 2023, y apunta a llegar a 5 hectáreas en los próximos cinco años. “En 2023 y 2024 casi no hubo heladas, pero en 2025 sí, y eso nos afectó bastante. El año pasado apenas quemó un poco las plantas; este año incluso llegó a matar algunas”, señaló.

La pitahaya se propaga por gajos, y si estos tienen más de un año ya pueden producir en su primera temporada. “Si los plantás entre julio y septiembre, alcanzan a enraizar y nutrirse para florecer desde octubre hasta abril. Es una de las frutíferas que más rápido produce: desde el pimpollo hasta la flor pasan unos 20 días, y desde la flor hasta el fruto listo, unos 30”, detalló.

Las plantas jóvenes rinden poco, apenas una o dos frutas por planta, por lo que aún no asumieron compromisos comerciales. “Por ahora la idea es vender en el mercado local. En las verdulerías se consigue fruta importada de Brasil, que está entre 2000 y 3000 pesos por unidad”, agrega.

El manejo requiere una atención especial. “La pitahaya florece una sola noche, y en esa noche hay que polinizarla. Si no lo hacés, se pierde la fruta”, describió. La flor debe ser sacudida para recolectar el polen de los estambres y colocarlo en el estigma, a mano, con un hisopo o pincel. Existen variedades autopolinizables, pero todavía están en evaluación. “Con ellas se pierde vigor híbrido, y además cuando se cruzan variedades distintas, se obtiene un fruto más grande”, aclaró.

En el mundo se reconocen más de 500 variedades, con distintas combinaciones de color y sabor. “Nosotros sembramos varias. Hay cáscara roja con pulpa blanca, cáscara roja con pulpa roja y cáscara amarilla con pulpa blanca. Dentro de cada grupo hay tonos y formas muy diferentes”, detalló.

En la empresa están experimentando con distintos sistemas de conducción y distanciamientos. “Tenemos el sistema de postes individuales y también de espaldera. El gajo es un cactus trepador, y si no tiene soporte se quiebra, por eso hay que conducirlo y atarlo. La poda es fundamental”, explicó. Para las plantaciones, probaron distintas distancias —de 40, 50, 70 y 80 centímetros— para ver cuál se adapta mejor.

“Estamos iniciando y nos gusta experimentar. Es una fruta novedosa, prometedora y con mucho interés comercial: el año pasado ya recibimos llamadas de compradores de Italia”, sostuvo.

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Movimiento CREA: una nueva etapa de aprendizaje

La empresa Amann forma parte del grupo CREA Alto Paraná, creado recientemente en el centro-norte de Misiones, aunque el vínculo de Christian Amann con el movimiento se remonta a la época universitaria. “Estudié Agronomía en la Universidad del Salvador, en Virasoro, Corrientes, donde había varios miembros CREA que organizaban charlas sobre la metodología CREA. Siempre me quedó la inquietud de formar parte de un grupo”, recordó.

La incorporación al CREA coincidió con una etapa de expansión y recambio generacional dentro de la empresa. “Mi padre sigue muy activo; yo estoy desde 2017, y mi hermana y mi cuñado se sumaron en 2023. Ese crecimiento genera desafíos en lo operativo y administrativo. Por eso, con la ayuda del asesor y de la metodología CREA, estamos acomodándonos”, afirmó.

“Tenemos la necesidad de ordenar los números, hacer previsiones, fijar objetivos y tener un plan de trabajo. Antes, con la yerba mate, siempre había rentabilidad, pero ahora el escenario cambió. La idea es profesionalizar la gestión, y en eso CREA te acompaña”, consideró.

En el grupo CREA hay productores con experiencias muy diversas: algunos tienen aserraderos, otros criaderos de cerdos o frigoríficos, además de las producciones más tradicionales de Misiones, como yerba mate, ganadería y forestación. “De cada uno se aprende algo distinto, y eso enriquece muchísimo a nuestra empresa”, concluyó.

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