8 de febrero de 2026 en Buenos Aires

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Suelo y agua: la base de la producción agrícola en Argentina

El conocimiento del suelo y de su capacidad de retención de agua es esencial para planificar la producción. Claves para conocer el estado de esos recursos.

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La relación entre el suelo y el agua define gran parte del potencial agrícola argentino. Los distintos tipos de suelos que existen en el país, su fertilidad y su capacidad para almacenar agua determinan las posibilidades productivas de cada región.

A partir de investigaciones y relevamientos realizados por INTA y CREA, hoy se cuenta con información cada vez más detallada para comprender cómo se distribuyen los ambientes, cuáles son los nutrientes más limitantes y de qué manera la textura influye en la retención hídrica y el rinde de los cultivos.

Tipos de suelos agrícolas y cartas de suelo

La diversidad de climas y paisajes de Argentina se refleja en sus suelos. En la región pampeana predominan los molisoles, con altos niveles de materia orgánica y gran aptitud agrícola. En otras regiones aparecen suelos más arcillosos, con limitaciones de drenaje, y suelos someros, vinculados a serranías o áreas extrapampeanas. Conocer estas diferencias resulta fundamental para planificar la producción de manera sostenible.

El INTA lleva más de seis décadas trabajando en la elaboración de cartas de suelos. Estas herramientas delimitan ambientes a partir de descripciones morfológicas y análisis físico-químicos. Los mapas de suelo delimitan los distintos ambientes y caracterizan los suelos de cada paisaje a partir de descripciones morfológicas y de análisis físico-químicos de laboratorio (Avanzan en la elaboración de la carta de suelos de Guaraní).

En la provincia de Córdoba, por ejemplo, se actualizaron mapas que incluyen la capacidad de almacenamiento de agua útil de los suelos a diferentes profundidades. Este dato permite anticipar escenarios de sequía o exceso hídrico y mejorar las decisiones sobre riego y rotaciones. Los avances provinciales se integran a la Red Nacional de Cartografía de Suelos y Evaluación de Tierras, un espacio de intercambio que articula a equipos del INTA en todo el país (INTA Informa).

Desde el ámbito productivo, la red CREA también participa en relevamientos para conocer el estado de los suelos. En Santa Fe, por ejemplo, se impulsó un proyecto de análisis de fósforo, materia orgánica, erosión hídrica y balance hídrico, cuyos resultados se volcarán en una plataforma digital para uso científico y para el diseño de políticas públicas (CREA presente en una iniciativa pionera para el cuidado del suelo).

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Fente: INTA

Fente: INTA

Fertilidad del suelo y su impacto en el rendimiento

La fertilidad del suelo es un factor decisivo en la productividad agrícola. Se refiere a la capacidad del suelo de proveer nutrientes esenciales y mantener condiciones físicas y biológicas favorables para los cultivos. En Argentina, la disminución de la materia orgánica y los bajos niveles de fósforo son algunos de los principales desafíos.

Un estudio de 16 años realizado por INTA Oliveros demostró que la incorporación de gramíneas y cultivos de cobertura en la rotación aumentó el rinde de soja en más del 20% respecto del monocultivo. La investigación confirma que diversificar secuencias de cultivos ayuda a recomponer la fertilidad y mejorar el balance de nutrientes (Estrategias para recomponer la fertilidad de los suelos).

Otro aporte proviene del aprovechamiento de estiércol bovino como enmienda orgánica. Productores CREA, junto al INTA, implementaron este recurso para mejorar los balances de fósforo y aumentar la materia orgánica de los suelos. Las experiencias muestran mejoras de hasta un 16% en los rindes, con incrementos en el contenido de carbono y beneficios ambientales por la reducción de residuos de feedlot (Aprovechamiento de estiércol bovino para cultivos agrícolas).

La fertilización balanceada también es una herramienta clave. Ensayos de la red CREA evidencian que en trigo y maíz el manejo nutricional intensivo explica hasta un 25% de la variación de los rendimientos entre lotes. Ajustar las dosis según cultivo, ambiente y expectativa de rinde se traduce en beneficios agronómicos y económicos.

Estos ejemplos muestran cómo la calidad del suelo no es estática: puede recuperarse mediante prácticas adecuadas que mejoran la oferta de nutrientes y la estructura.

Textura, retención de agua y rendimiento por ambiente

La textura del suelo —proporción de arena, limo y arcilla— determina su capacidad para almacenar agua, un recurso crítico para el rendimiento. Los suelos arenosos drenan rápido y retienen poco, mientras que los arcillosos almacenan más agua pero pueden presentar problemas de anegamiento. Los francos, en cambio, ofrecen un equilibrio favorable para la mayoría de los cultivos.

En la provincia de Misiones, la elaboración de cartas de suelos permitió identificar ambientes con limitaciones de drenaje y erosión. Esta información se usa para planificar prácticas de conservación y definir qué cultivos resultan más adecuados en cada caso.

El impacto de la textura y la capacidad hídrica en los rindes también se observa en la región sudeste bonaerense. Allí, los suelos francos de alto potencial registraron aumentos del 17% en rendimientos de girasol respecto del promedio histórico. En contraste, las lomas arenosas, pese a sus limitaciones, lograron un 12% más que su media histórica gracias a manejos específicos. En soja, los ambientes intermedios o someros alcanzaron resultados que sorprendieron a los técnicos por su estabilidad productiva (Tecnología para maíz, girasol y soja...).

Los mapas de capacidad de almacenamiento de agua elaborados por INTA en distintas provincias incorporan profundidades de hasta 1,5 metros, un dato inédito que facilita anticipar escenarios de sequía o exceso. Esta información se vincula directamente con la toma de decisiones sobre riego y planificación de cultivos.

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Los suelos francos ofrecen un equilibrio favorable para la mayoría de los cultivos.

Los suelos francos ofrecen un equilibrio favorable para la mayoría de los cultivos.

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