Gestiones lecheras CREA y calidad de leche
Un análisis de las Gestiones Lecheras CREA muestra que existen aspectos de mejora concretos en materia de calidad de leche lograda en tambos de las diferentes cuencas argentinas.
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SUSCRIBITEGestiones lecheras CREA. Un análisis sobre calidad de leche en tambos de la red CREA. a importancia de la sanidad de la ubre.
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SUSCRIBITEUn análisis de las Gestiones Lecheras CREA muestra que existen aspectos de mejora concretos en materia de calidad de leche lograda en tambos de las diferentes cuencas argentinas.
A partir de una muestra de 139 empresas lecheras que integran la base de datos de Isotambo de CREA se determinó en el ejercicio 2024/25 un promedio general de 320.040 células somáticas por mililitro (RCS/ml), el nivel más bajo de la serie, cuyo promedio histórico es de 336.070 RCS/ml.
Aquellas empresas que presentan gestiones de forma consistente a través de los años son incluidas en una base de datos, denominada Isotambo, la cual permite evidenciar tendencias en el transcurso de las diferentes campañas productivas.
“Al analizar la distribución del indicador en la serie histórica, se observa que un 44% de los tambos de la muestra se encuentran por encima del valor promedio”, indica Santiago Bas, líder del Proyecto Tambo en Foco de CREA.
Si se considera que el valor óptimo en la materia es de 200.000 células somáticas por mililitro, menos del 10% de la muestra logra alcanzar ese nivel.
Al segregar los datos por sistema, el promedio de los tambos pastoriles fue de 374.200 células somáticas por mililitro, mientras que en los sistemas mixtos fue de 324.000 RCS/ml y en los intensivos de 306.400 RCS/ml.
En cuanto a los registros correspondientes al último ejercicio 2024/25, las regiones CREA con los mayores niveles de células somáticas por mililitro fueron Semiárida y Sudoeste, mientras que las de menores niveles se detectaron en Centro y Litoral Sur.
“La mastitis está asociada a una menor producción y descarte de leche, además de los costos de tratamientos y el aumento de las tasas de descarte y desmejora de los indicadores reproductivos”, comenta Santiago.
“Mientras la mastitis clínica generalmente implica descarte de leche, la subclínica pasa desapercibida, pero sigue afectando la calidad del producto final”, remarca.
La correlación entre producción de leche y recuento de células somáticas indicaría que por cada incremento de 100.000 RCS/ml se generaría una disminución de la producción de 1,8 litros promedio por vaca.
“Al evaluar por cuartiles de la muestra esa correlación, observamos que esa hipótesis es consistente con los registros en los diferentes sistemas productivos; los mayores impactos relativos se observan en sistemas con corrales”, señala el especialista.
“La salud de la ubre tiene un impacto en la productividad y el bienestar de los animales. En base a los datos de las gestiones lecheras se observan oportunidades de mejora con respecto al recuento de células somáticas en los tambos de la red CREA”, resume Santiago.
Uno de los pilares de un programa integral de salud mamaria debería ser el manejo ambiental. La limpieza de los corrales y del entorno de las vacas es un aspecto clave que a veces se subestima. Por más que se utilicen los mejores productos para pre y post-dipping, si el ambiente está contaminado con barro o estiércol, las vacas se ensuciarán y tendrán un mayor riesgo de infecciones intramamarias.
Otro aspecto esencial es el manejo del secado, especialmente porque las vacas están más vulnerables a infecciones durante ese periodo y al momento del parto. No se trata sólo de aplicar un antibiótico al final de la lactancia, sino de tener información clara sobre el estado de cada animal.
Al respecto, contar con registros de células somáticas en el secado y en el primer control lechero permite identificar qué vacas sanaron, cuáles desarrollaron nuevas infecciones y cuáles siguen siendo casos crónicos. Eso resulta clave para tomar decisiones fundamentadas sobre tratamientos y manejo de los animales.
El uso de programas o incluso de simples herramientas de análisis de registros permite clasificar a las vacas en diferentes grupos según su evolución durante el período seco. Eso es particularmente relevante en tambos con menos de 200 vacas, donde el impacto de unos pocos animales con altos recuentos de células somáticas puede ser enorme.
Por otra parte, el uso de guantes desechables, junto con una adecuada desinfección de las manos, puede reducir la carga bacteriana de manera muy significativa.
En las rutinas de ordeñe es fundamental que las mismas estén bien definidas y adaptadas a cada establecimiento. El despunte, pre-dip, secado, colocación de pezoneras, monitoreo del flujo de leche y post-dip deben realizarse con precisión y dentro de un marco de tiempo que permita una buena estimulación de la glándula mamaria. No respetar los tiempos recomendados, por ejemplo entre el despunte y la colocación de la máquina, puede generar flujos bimodales y reducir la eficiencia del ordeñe.
La evaluación periódica de la máquina de ordeñe es otra de las bases que no se pueden descuidar. Una máquina mal calibrada o con pulsadores defectuosos puede dañar el canal del pezón y facilitar la entrada de bacterias. El ciclo de lavado, la temperatura del agua y el tipo de productos utilizados también son factores críticos que muchas veces quedan en segundo plano frente a las urgencias del día a día.
Además, condiciones como la hipocalcemia subclínica pueden afectar el cierre del conducto del pezón después del ordeñe, dado que ese canal permanece abierto por unos 30 minutos luego de finalizada la extracción de leche y, si en ese período la vaca está en contacto con barro o ambientes sucios, las posibilidades de infección aumentan. Aportar alimento después del ordeñe para mantener a las vacas de pie y favorecer el cierre del canal puede ser una medida sencilla pero efectiva.
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