Sarna y lombrices en ganadería: por qué fallan los tratamientos

En ganadería, el monitoreo periódico y los tratamientos bien aplicados son claves ante la resistencia de las lombrices y las fallas de control de la sarna.

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29 de octubre de 2026 - 15:42 Por CREA Región Sudeste | SDE

El control parasitario en la ganadería enfrenta un problema doble. En las lombrices, los elevados niveles de resistencia reducen la eficacia de varias drogas; en la sarna, un animal sin tratar o una aplicación deficiente puede mantener la infestación en el rodeo. Ambas enfermedades generan pérdidas productivas y requieren diagnósticos oportunos, estrategias específicas y controles posteriores.

El médico veterinario César Fiel abordó estos desafíos en la Jornada de Actualización Técnica Ganadera de la Región CREA Sudeste. Destacó la importancia del monitoreo periódico de los rodeos y de las pruebas de resistencia para decidir cuándo y con qué drogas desparasitar. También analizó las estrategias de control, incluidos los tratamientos preventivos, y las condiciones necesarias para aplicarlos correctamente.

Dos desafíos sanitarios

“Uno no puede pensar en erradicar las lombrices del campo”, advirtió. Esto se debe a que solo el 5% de la población parasitaria se encuentra en los animales, mientras que el 95% restante permanece en el pasto. La sarna, en cambio, es causada por un ácaro que depende del bovino para sobrevivir, por lo que el 100% de los parásitos está sobre los animales, característica hace posible su erradicación.

También existen diferencias en las vías de infestación. Las lombrices se adquieren a través del forraje, mientras que la sarna se transmite por contacto entre animales, su propagación puede ser rápida, después del ingreso de un bovino infestado a un lote pueden detectarse nuevos casos en un plazo de 2 a 3 semanas.

En un caso registrado en General Pirán, en abril de 2024, solo 2 de 239 bovinos presentaban lesiones de sarna al destete. Un raspaje de piel confirmó la presencia de ácaros. Fiel explicó que esos primeros casos pueden originarse en terneros infestados por sus madres durante el verano, cuando la enfermedad permanece latente en las vacas. Este mecanismo permite que el parásito persista de una temporada a otra en los establecimientos con brotes recurrentes, conocidos como campos “repetidores”.

Lombrices: resistencia creciente

Las lombrices gastrointestinales pueden ocasionar pérdidas de 25 a 30 kg por animal sin que aparezcan síntomas. Fiel identificó la recría como la etapa de mayor relevancia para esta parasitosis, cuando resulta fundamental realizar un monitoreo de tropas mediante el recuento de huevos por gramo de materia fecal (HPG).

El especialista señaló que la resistencia a los antiparasitarios constituye una de las principales causas de las fallas de los tratamientos. Durante la fase subclínica, la ausencia de síntomas impide advertir si la desparasitación resultó eficaz. Para comprobarlo, es necesario realizar un muestreo de materia fecal dentro de los 15 días posteriores a la aplicación.

El primer caso de resistencia antihelmíntica en bovinos se comunicó en 2001, en Rafaela, Santa Fe. En 2006, un relevamiento de 85 establecimientos mostró que el 55% presentaba resistencia a la ivermectina y el 10% a los benzimidazoles. Para 2017, otro estudio sobre 63 establecimientos registró un 93% de resistencia a la ivermectina y un 28% al ricobendazol.

La situación continuó su deterioro. Entre 2020 y 2023, un trabajo sobre 21 establecimientos registró un 100% de resistencia a la ivermectina, un 68% al ricobendazol y un 42% a la moxidectina. Otro relevamiento realizado en Rauch, en 2022, detectó resistencia a esos mismos principios activos en el 94%, 17% y 61% de los establecimientos, respectivamente. En cambio, no se registraron casos de resistencia al levamisol ni al monepantel.

Estos resultados reflejan la reducción de las alternativas disponibles para controlar los parásitos internos. Fiel advirtió que existen escasas perspectivas de incorporar nuevos principios activos, debido a los elevados costos de desarrollo y al retroceso de la ganadería pastoril a escala mundial. Una de las opciones en estudio es la combinación de drogas, aunque sus resultados todavía son variables. “Estamos raspando la olla”, resumió.

Diagnóstico y monitoreo

Frente a este escenario, Fiel señaló que el control de lombrices requiere dos herramientas complementarias. El diagnóstico de resistencia permite conocer la eficacia de cada droga en el establecimiento, mientras que el monitoreo de rodeos determina cuándo resulta necesario desparasitar. Destacó que son prácticas sencillas, de bajo costo y que pueden realizarse a campo, aunque su adopción todavía es limitada.

Para demostrarlo, presentó una encuesta de la región CREA Centro difundida en 2017, que comprendió 59 establecimientos. El 60,3% aplicaba antiparasitarios en fechas fijas, sin considerar los resultados de un diagnóstico previo. Solo el 25,9% recurría al análisis de materia fecal y, entre estos últimos, el 33% realizaba un único análisis, sin mantener un monitoreo periódico.

Otro resultado preocupante fue que ninguno de los establecimientos había realizado una prueba de resistencia antiparasitaria. Además, el 60% correspondía a sistemas de invernada de compra, lo que aumentaba el riesgo de incorporar cepas resistentes procedentes de otros campos.

El especialista también cuestionó que, en 2017, la ivermectina representara alrededor del 85% del mercado veterinario de antiparasitarios, pese a los elevados niveles de resistencia registrados. Para Fiel, estos resultados evidenciaban una distancia considerable entre la información sanitaria disponible y las prácticas aplicadas en los establecimientos.

Sarna: cuando falla el manejo

La sarna común también representa un problema productivo importante, con pérdidas estimadas de 15 a 20 kg por animal en sistemas pastoriles y de 40 a 50 kg en feedlots. A diferencia de las lombrices, su diagnóstico a campo suele ser más sencillo durante el otoño y el invierno, cuando las lesiones son visibles.

Fiel explicó que es necesario distinguirla de la infestación por piojos. Estos suelen provocar pérdida de pelo, principalmente en el cuello, sin lesiones importantes en la piel. La sarna, en cambio, genera lesiones húmedas, con exudado y costras. Durante el verano, el ácaro puede permanecer en zonas poco expuestas al sol, como la base de la cola, las axilas y la entrepierna, con lesiones prácticamente imperceptibles.

En cuanto a los tratamientos, señaló que las fallas se deben principalmente a problemas de manejo y aplicación, mientras que los casos de resistencia comprobada todavía son escasos. Recordó que las avermectinas y milbemicinas se utilizan desde hace más de 40 años y que, en 2018, se difundió un caso de resistencia de la sarna psoróptica a ivermectina al 1%.

Para conocer mejor la situación, presentó una encuesta realizada en 2024 entre veterinarios del grupo Boletín Sarna, con 174 respuestas. Los resultados mostraron que el 44% de los campos presentaba problemas recurrentes y el 39% registraba episodios ocasionales. En cuanto a las herramientas utilizadas, predominaban las lactonas macrocíclicas, con el 53%, seguidas por las combinaciones de principios activos, con el 24%.

Uno de los resultados más relevantes fue que el 66% de las recomendaciones de tratamiento resultó exitoso, mientras que el 34% fracasó. Los encuestados atribuyeron el 25% de las fallas a problemas de aplicación y otro 25% a deficiencias de manejo. El 21% se vinculó con establecimientos linderos y el 18% con resistencia a los antiparasitarios. En conjunto, los problemas de manejo explicaban la mitad de los fracasos reportados.

Claves de control

Entre las herramientas disponibles, Fiel mencionó los baños de inmersión y aspersión, los productos inyectables y los de aplicación dorsal (pour-on), entre ellos Dardox y Biozectra. Para los baños por aspersión destacó la necesidad de utilizar suficiente presión y volumen para mojar toda la superficie corporal, incluidas la cabeza y la entrepierna. También remarcó la importancia de aplicar correctamente los productos inyectables, mediante la vía indicada y sin pérdidas de dosis.

En los establecimientos con antecedentes de sarna es indicado realizar un tratamiento en verano, momento en el cual el ácaro se encuentra menos activo y es más factible controlarlo.

El especialista advirtió que un solo animal sin tratar o que reciba una dosis insuficiente puede comprometer el resultado sanitario de todo el rodeo. Por eso, planteó la posibilidad de aplicar un manejo diferencial para los bovinos con lesiones severas, que podrían requerir una intervención especial y una evaluación posterior de la eficacia del tratamiento.

Otro aspecto central es la cuarentena posterior a la desparasitación. Los animales tratados con lactonas macrocíclicas al 1% deben permanecer separados de los lotes sin tratar durante 14 días. Ese plazo se extiende a 21 días cuando se utilizan formulaciones de alta concentración, del 3,15% o 3,5%. La mezcla anticipada puede favorecer nuevas infestaciones porque la eliminación de los ácaros no es inmediata.

Para mejorar los resultados, Fiel propuso una secuencia que comienza con la detección clínica precoz, a partir de signos como el lamido, el rascado y las pequeñas irregularidades de la piel conocidas como “grano”. El paso siguiente consiste en confirmar el diagnóstico mediante raspajes, para lo cual recomendó una pequeña lupa adaptable al teléfono celular que facilita la observación de los ácaros a campo.

El control posterior exige nuevos raspajes entre 2 y 4 semanas después del tratamiento, con especial atención a los animales que presentaban lesiones visibles antes de la aplicación. Esta evaluación permite comprobar la eficacia del producto y detectar la persistencia de la infestación.

En el cierre, Fiel remarcó que ambas parasitosis tienen un fuerte impacto productivo y requieren un diagnóstico precoz y tratamientos fundamentados. Para las lombrices, destacó la importancia del monitoreo de tropas; para la sarna, el raspaje confirmatorio y la verificación posterior de la eficacia. “Una es controlable, la otra erradicable”, concluyó.

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