Así lo remarcó Sebastián López Valiente, investigador del INTA Cuenca del Salado, durante una exposición ofrecida en una jornada técnica organizada en Las Flores (Buenos Aires) por la región CREA Sudeste.
A partir de recorridas anuales en establecimientos de la región, el INTA Cuenca del Salado elabora un sistema de semáforo para evaluar la condición corporal (escala de 1 a 5) de las vacas de cría entre julio y agosto (mitad de la parición), donde el color verde corresponde a vacas con condición corporal igual o mayor a 3, el amarillo a una condición intermedia y, finalmente, el rojo a rodeos con complicaciones nutricionales.
Registros de las últimas dos décadas muestran que casi la mitad de las vacas monitoreadas llegan al parto en una condición subóptima. Este indicador permite predecir los porcentajes de preñez del servicio siguiente y anticiparse a caídas productivas.
Los meses de mayo, junio y julio coinciden con el último trimestre de gestación en los servicios de primavera. En ese período, el forraje suele ofrecer apenas un 6 % de proteína, muy por debajo del 10 % al 14 % que demanda una vaca gestante.
«Restringir a la vaca en esta etapa compromete seriamente el futuro del ternero: se pierden kilos irrecuperables en el arranque al generar menores pesos al destete», indicó López Valiente.
En ensayos donde se suplementó con proteína (llevando la dieta a niveles adecuados frente al testigo del 6 %), los novillos a faena mostraron hasta un 10 % más de área de ojo de bife y un rendimiento de la res en gancho 4,5 puntos superior.
«Durante el preparto se define el número final de fibras musculares. Cuidar la nutrición en esta ventana es vital para la calidad carnicera posterior», explicó.
Al analizar si las diferencias al destete se debían a una mayor producción láctea o a cambios uterinos durante la gestación, los ensayos mostraron que una vaca restringida que luego recibe buena alimentación produce la misma cantidad de leche que una vaca no restringida.
Sin embargo, cuando la restricción se prolonga durante los primeros meses de lactancia (agravada por la falta de verdeos en septiembre u octubre), el impacto es directo sobre el ternero.
«La suplementación posparto, por ejemplo, con pellet de girasol, impactó fuertemente sobre la producción de leche, logrando 15 kilos adicionales al pie de la madre en los primeros 45 días», comentó el investigador del INTA.
«A nivel reproductivo, adelantó la recuperación del celo: a los 45 días posparto se registró un 20 % más de animales ciclando en los lotes suplementados», añadió.
Limitadores de consumo
Ante las limitaciones operativas de los productores (falta de personal o de infraestructura), el INTA Cuenca del Salado llevó a cabo, junto a una empresa privada, una línea de investigación para evaluar limitadores de consumo alternativos.
«Buscamos alternativas a la sal como limitador de consumo porque este recurso requiere altos porcentajes de inclusión y promueve elevados consumos de agua, afecta la digestibilidad y genera resultados muy variables según la calidad del agua, entre otros inconvenientes», resaltó.
El experimento permitió desarrollar premezclas que habilitan la posibilidad de suministrar alimento a voluntad (en comederos de autoconsumo o silos), restringiendo la ingesta diaria de forma estable entre el 0,8 % y el 1,0 % del peso vivo del animal.
«A diferencia de los limitadores tradicionales basados en sal, su efecto no depende del contenido de sodio del agua de bebida ni altera el consumo de agua del animal, además de evitar problemas de acidosis ruminal», apuntó.
Recría y crecimiento compensatorio
La recría cumple un rol fundamental para flexibilizar la carga animal y diluir costos fijos de mantenimiento. No obstante, el investigador advirtió sobre los riesgos de no hacer las cosas bien desde las etapas iniciales.
«Los animales restringidos severamente durante el invierno y sometidos luego a una alta ganancia compensatoria nunca alcanzan el peso de desarrollo de aquellos que mantuvieron un crecimiento continuo, pudiendo llegar al mismo peso de faena hasta un mes más tarde», señaló López Valiente.
«El crecimiento compensatorio no es gratuito: la eficiencia global se resiente y los kilos no ganados a tiempo son más caros de recuperar», agregó.
Corrales de inicio
Una de las tendencias más fuertes en los sistemas actuales son los corrales de inicio para terneros posdestete. Las recomendaciones técnicas apuntan a utilizar dietas basadas en proteína (evitando abusar de la urea) y grano entero en esquemas de 80/20 % u 85/15 %, además de limitar la permanencia a un máximo de 60 días (para evitar el engrasamiento temprano) y apuntar a una ganancia objetivo moderada de 800 gramos diarios.
Diferentes ensayos muestran que los terneros que ganan demasiado peso en el corral de inicio (más de 1,2 kg/día) se comportan peor posteriormente en la etapa de pastoreo. «Dado que el pasto sigue siendo el recurso más económico, diseñar ganancias equilibradas en el corral optimiza luego una transición adecuada hacia las pasturas», comentó.
«Producir eficientemente en la Cuenca del Salado exige planificar cada categoría y adoptar herramientas de medición precisas. Cuidar la nutrición desde la gestación de la madre, planificar las recrías sin confiar ciegamente en compensaciones milagrosas y aprovechar las tecnologías de autoconsumo y limitadores son los pilares fundamentales para transformar terneros en carne de exportación con los recursos disponibles en el propio campo», resumió el investigador.
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