El pastoreo rotatinuo es una tecnología de proceso desarrollada en Brasil y evaluada por el INTA Corrientes. Busca construir la estructura ideal del forraje para maximizar el consumo del animal, mediante ajustes de altura, carga y rotaciones. El objetivo es sostener la producción de pasto y aumentar los kilos de carne producidos por hectárea.
Pastoreo rotatinuo: una estrategia para producir más carne por hectárea
El pastoreo rotatinuo ajusta alturas, carga y tiempos de la pastura con la meta de producir más carne. La experiencia del NEA.
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SUSCRIBITEEn el INTA Corrientes, donde se aplica este enfoque, la producción alcanzó en 2026 los 131 kg de carne/ha, frente a un promedio de 90 kg/ha en la última década. Ese desempeño se obtuvo dentro de un planteo integral, que también contempla la sanidad, la genética y la disponibilidad de agua.
La experiencia fue presentada en septiembre durante una jornada ganadera realizada en la EEA INTA Corrientes junto con la región CREA Litoral Norte, que reunió a productores y asesores para recorrer y analizar sistemas de cría, pastoreo rotatinuo, recría y pasturas.
Otra forma de pastorear
Alejandro Socas, coordinador de la región Litoral Norte de CREA, explicó que el pastoreo rotatinuo combina principios del pastoreo rotativo y del continuo. Uno de sus ejes es favorecer el consumo del animal.
El sistema propone movimientos frecuentes entre parcelas y estadías breves, con la posibilidad de adaptarse a campos con diferentes escalas y diseños de parcelas. “Puede ser un aporte no solo para los productores del NEA, sino también para muchos lugares de la Argentina, porque permite mirar el pastoreo desde otra perspectiva”, sostuvo.
El interés por conocer este enfoque llevó, a comienzos de este año, a 84 miembros CREA de la región Litoral Norte a viajar a Brasil, donde visitaron, entre otras experiencias, un campo bajo pastoreo rotatinuo. Allí se desarrolló originalmente esta tecnología, a partir de los trabajos de Paulo César de Faccio Carvalho, investigador de la Universidad Federal de Río Grande do Sul (UFRGS).
Luis Gándara, profesional de la EEA INTA Corrientes, acompañó al grupo y les planteó que podían profundizar esos conceptos mucho más cerca. “Nos hizo dar cuenta de que lo que teníamos que ver no estaba en Brasil, sino en Corrientes”, recordó Socas. Poco después, la Mesa de Asesores visitó la EEA INTA Corrientes para conocer el trabajo a campo.
La estructura del pasto
Durante la recorrida a campo, Gándara precisó que el sistema rotatinuo toma del pastoreo rotativo la organización de las parcelas y la definición del momento de ingreso según la cantidad y calidad del forraje. Del continuo, incorpora una oferta que favorece bocados de mayor tamaño y un alto consumo del animal.
Para lograrlo, la estructura de cada recurso resulta decisiva. “Tenemos que tener clara la estructura óptima de cada recurso forrajero. En una pastura es más fácil, porque podemos pensar en una altura de entrada y otra de salida”, detalló.
En un pastizal natural, el criterio resulta más complejo porque intervienen la cantidad de materia seca, la composición botánica y los distintos grupos funcionales. Entre ellos aparecen especies cespitosas, que forman matas y crecen de forma erecta, y otras rastreras, que conforman una cobertura más baja sobre el suelo.
La disposición de esas especies condiciona la cosecha del forraje. Una estructura favorable permite encontrar bocados de mayor tamaño, dedicar menos tiempo y energía a la selección y acercarse al máximo consumo diario. “Hay una comunidad que interactúa y que hace que el animal gane más kilos porque puede consumir más rápido”, afirmó.
Esa condición cambia a lo largo del ciclo de cada especie. Gándara indicó que en los pastizales evaluados por el INTA Corrientes fueron censadas más de 200 especies, con distintos estados fenológicos y formas de desarrollo. Si el pasto madura demasiado y pierde calidad, el animal debe seleccionar más para cubrir sus requerimientos.
Por eso, el sistema busca conservar una estructura que facilite el consumo. “Ahí viene la parte artesanal: cómo, con la carga animal o con una práctica antrópica, modifico esa estructura para lograr que el animal gane la mayor cantidad de kilos”, planteó. Entre las herramientas mencionó el uso de rastra, rolo y quemas prescriptas.
La época del año también incide. Las especies megatérmicas concentran su producción durante primavera, verano y otoño y reducen su actividad durante el invierno. Esa dinámica obliga a ajustar las decisiones a medida que cambia la oferta de forraje.
En ciertos períodos, una carga mayor durante lapsos breves puede reducir material acumulado y favorecer nuevos rebrotes. El objetivo es que los pastoreos sucesivos conserven una condición adecuada. El esquema contempla pastoreos de alto impacto y ajustes frecuentes de la carga según el estado del recurso.
Las alturas óptimas varían entre recursos. Gándara señaló que, para un determinado tipo de pastizal, los estudios científicos ubicaron entre 11 y 12 centímetros la condición que maximiza la tasa de consumo. En pasturas como Brachiaria brizantha o setaria, ese rango puede ubicarse entre 30 y 40 centímetros.
Para llevar esos criterios al campo, utilizan postes de referencia pintados con tres colores, a los que Gándara llamó “alcahuetes”. El rojo marca la altura del remanente, por debajo de la cual no debería continuar el pastoreo; el verde indica el rango adecuado para ingresar con la hacienda; y el amarillo señala que el forraje avanzó demasiado en su madurez y comienza a perder calidad.
“Es como un semáforo”, afirmó. Distribuidos en distintos puntos del potrero, estos indicadores permiten reconocer a simple vista el estado de la pastura y decidir cuándo ingresar o retirar los animales. Así, las alturas se convierten en una referencia sencilla para programar el pastoreo y mantener esa condición del forraje.
En estos sistemas, las metas incluyen superar los 100 kg de carne/ha/año en rodeos de cría y alcanzar más de 500 kg de carne/ha en pasturas megatérmicas.
El punto óptimo
Medina señaló que, pese a contar con más de 20 años de estudios y experiencias a campo, en la Argentina el pastoreo rotatinuo todavía tiene poco desarrollo.
El concepto puede aplicarse a distintos recursos forrajeros, como alfalfa, raigrás, avena y otras pasturas. La clave es definir el ingreso según el estado fisiológico de la planta. “La idea es entrar cuando empieza a caer su ritmo de producción, porque ese punto coincide con la máxima tasa de consumo del animal”, precisó.
Para el investigador, ambos procesos coinciden. “La pastura se desarrolla mejor cuando se consume a determinada altura y, al mismo tiempo, el animal gana más kilos cuando la consume en ese estado de desarrollo”, sostuvo.
El remanente que queda después del pastoreo resulta central para sostener ese equilibrio. Una superficie foliar suficiente permite que la planta continúe su desarrollo sin recurrir primero a las reservas de las raíces para reconstruir las hojas perdidas. Cuando la intensidad es excesiva, el rebrote debe recuperar esa área antes de retomar su ritmo.
El objetivo no es solo maximizar la tasa de ingesta del animal, sino también la producción del recurso forrajero. La combinación de ambos procesos permite aumentar los kilos obtenidos por hectárea.
Ensayos a campo
Esta línea de trabajo acumula cinco años de evaluaciones sobre braquiaria, raigrás y avena en la EEA INTA Corrientes. Los ensayos utilizan grupos de animales bajo pastoreo controlado y metas definidas para cada recurso, con mediciones de la producción de forraje y de la respuesta animal.
Para estimar cuánto produce el pasto se utilizan jaulas de exclusión. Los cortes se definen según el estado del recurso y no por intervalos rígidos. “El tiempo óptimo es variable: puede ser de 60, 75 o 90 días, según la humedad del suelo, que está determinada por las precipitaciones”, detalló. El control se completa con pesadas mensuales de los rodeos.
Ese esquema permite contrastar distintos criterios en condiciones de campo. “Podemos mostrar qué produce un lote tratado de una manera y qué produce otro manejado de otra forma, incluso en campos de productores”, señaló. La diferencia se expresa en kilos de carne por hectárea.
Según Medina, un planteo tradicional, sin ajuste de la oferta ni de la estructura del pastizal, puede ubicarse en torno de 60 a 70 kg de carne/ha. Con pastoreo rotatinuo puede alcanzar 130 kg y, en algunas experiencias, 170 o 200 kg. “Ese gap es lo que nos marca la brecha tecnológica de una tecnología de proceso como el pastoreo rotatinuo”, afirmó.
Capacitación
La adopción de esta tecnología requiere capacitación. El equipo trabaja con personal de campo, capataces y grupos CREA para trasladar los criterios a las decisiones cotidianas. Su uso todavía es limitado porque no se trata de una receta uniforme.
“No es un paquete que se compra y se aplica. Hay que entrenarse a campo, corregir las metas y alcanzar los objetivos según cada estación y cada año”, sostuvo. Por eso, la velocidad de los resultados depende de la intensidad con que cada empresa incorpore ese aprendizaje.
El proceso exige recorridas frecuentes y una mirada integral del sistema. “Esto tiene mucho de andar por el campo, mucha bota y mucho caballo”, resumió Medina. La dimensión de los potreros, la infraestructura, las aguadas, la genética y la sanidad se combinan con el uso del forraje para definir el resultado productivo. Dentro de ese conjunto, ubicó al pastoreo como el componente central.
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