Los pronósticos climáticos anticipan un fenómeno ENSO “El Niño” extraordinariamente intenso hacia fines del presente año y para muchas zonas ganaderas, como las presentes en la región CREA Litoral Sur, eso es sinónimo de inundaciones.
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Cuando la amenaza deja de ser una posibilidad para transformarse en una realidad, la gestión ganadera requiere actuar rápidamente no solo en términos logísticos, sino también financieros y tributarios.
En zonas altamente expuestas como el departamento Islas del Ibicuy, en el sur de Entre Ríos, las crecientes de magnitud no dan margen para reacciones tardías. A diferencia de los establecimientos con un pie en tierra firme, la pérdida temporal de la superficie utilizable suele ser casi absoluta.
“Las crecientes grandes nos afectan prácticamente la totalidad del campo. Nos queda algún pedazo, que no debe superar el 5% del total, con lo cual todas nos forzaron a hacer evacuaciones completas de la hacienda y eso nos pega fuerte”, explicó Alcides Zorraquín, de la empresa Campo Grande (integrante del CREA Islas del Ibicuy), durante un evento en formato virtual realizado por la región CREA Litoral Sur.
Más allá del daño en la infraestructura , el principal dolor de cabeza para el productor de isla radica en la liquidación forzosa del rodeo. Si bien la Ley de Emergencia Agropecuaria contempla la posibilidad de deducir del Impuesto a las Ganancias el 100% de la utilidad generada por ventas forzosas de hacienda bovina, ovina, caprina o porcina, la gestión financiera pasa a ser una cuestión central.
Romper la tenencia de hacienda para pasar a liquidez expone el capital circulante a eventuales distorsiones de precios, devaluaciones y brechas entre el valor de venta urgente y el costo de reposición posterior, para lo cual se requiere una planificación profesional en la materia.
Ante un escenario de evacuación inminente previsto hacia los meses de verano, la empresa frena la compra de terneros y busca comerse todo el pasto disponible antes de liberar los cuadros.
Se descartan siembras de verano extensivas y, en áreas de mayor cota, se priorizan verdeos enrollables para almacenar reservas, pensando en la posterior salida del agua hacia el otoño e invierno.
“Estamos contactando a feedlots porque la idea es que la mayor parte de la hacienda que vamos a terminar sacando de las islas se va a terminar en corrales”, comentó Alcides.
Santiago Galíndez, asesor del CREA Islas del Ibicuy, remarcó la heterogeneidad de realidades dentro del grupo y dijo que en todos los casos se requiere prudencia para no tomar decisiones apresuradas o desventajosas.
“Algunos prefieren esperar, sobre todo con categorías que van a aprovechar mucho la oferta forrajera disponible en la primavera, mientras que otros prefieren vender para sacarse un problema de encima y calzarse con compra de terneros a término para 2027”, comentó el asesor.
La clave reside en combinar una anticipación adecuada –para evitar vender en los picos de sobreoferta de hacienda– con la defensa del capital de trabajo, lo que implica, por ejemplo, no convalidar contratos de capitalización que tengan condiciones desventajosas.
Planificación
Uno de los aspectos centrales en la gestión de campos bajos es que no todas las crecientes se comportan de la misma manera. La dinámica del agua determina los tiempos de reacción y la logística necesaria para resguardar el rodeo.
“Manejábamos un campo que estaba sobre el río Paranacito, que tenía más influencia del río Paraná y del río Gualeguay también, por las crecientes. Y ahora nos mudamos a un campo que depende absolutamente del río Uruguay. La verdad es que estamos aprendiendo porque ese río es mucho más impredecible: hay menos tiempo de escapatoria”, comentó Román Allekotte, de la empresa Lagunilla (integrante del grupo CREA Gualeguaychú).
El empresario indicó que el monitoreo de la altura del río en la escala de Concordia (norte de Entre Ríos) brinda una ventana aproximada de 10 a 12 días antes de que el agua alcance sus campos en la zona de Ceibas (sur de la provincia). Sin embargo, eso no es lineal, porque las sudestadas pueden acelerar de forma drástica el ritmo de anegamiento de los lotes.
“Estamos comprando maíz y adelantando engordes en el feedlot, además de reducir la hacienda de terceros al renovar acuerdos de capitalización para priorizar el ganado propio. En los campos altos, sacamos el cultivo de soja para planificar la siembra de verdeos de verano”, apuntó Román.
En momentos de incertidumbre climática, el acceso a datos fidedignos resulta crucial para no sobre-reaccionar. Mover hacienda de forma apresurada puede resultar contraproducente en términos productivos y financieros.
“Trabajamos con información cierta con el propósito de tomar las mejores decisiones, teniendo en cuenta los aspectos productivos, impositivos y patrimoniales”, destacó Gabriel Cerbino, asesor del CREA Gualeguaychú.
Cerbino enfatizó que el seguimiento de los informes de la situación de las cuencas elaborados por Prefectura y por el Instituto Nacional del Agua (INA) aporta tranquilidad, ya que permiten planificar con anticipación suficiente en caso de una crecida.
“Para evitar el efecto puerta 12 –el colapso provocado por la evacuación simultánea de miles de cabezas–, se aconseja realizar un goteo gradual de salida de hacienda, además de planificar la logística en caso de inundación de caminos rurales durante la crecida”, resumió.