Desde 2022, el Grupo de Experimentación Agropecuaria del Sudoeste (GEASO) evalúa el impacto de los tratamientos de semillas en cultivos forrajeros en la Región Sudoeste de CREA. La iniciativa acumula cuatro campañas consecutivas de información generada en establecimientos de la red, con resultados alentadores en la protección de los cultivos frente a enfermedades y en la oferta forrajera.
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Los resultados se compartieron durante la jornada virtual “Verdeos y siembra de verdeos al voleo – Recrías 2026”, organizada por la región Sudeste. En una primera etapa, los ensayos se concentraron en avena, principal verdeo invernal en los sistemas ganaderos argentinos. El objetivo fue medir la eficiencia de distintos tratamientos para proteger al cultivo frente a enfermedades como el pulgón verde y la roya, responsables de mermas significativas en la producción de forraje.
“Arrancamos con los curasemillas químicos que usa habitualmente el productor y, con los años, fuimos incorporando biostimulantes y productos biológicos, siempre con un testigo sin tratar”, explicó Federico Moreyra, coordinador del GEASO Ganadero de la región CREA Sudoeste.
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Los ensayos se implantaron en 14 ambientes de establecimientos CREA del Sudoeste, a lo largo de cuatro campañas, con el propósito de generar información robusta en condiciones productivas reales. En todos los casos se compararon los distintos tratamientos con un control sin aplicación.
Los resultados mostraron que los tratamientos brindaron entre 25 y 30 días de protección frente a pulgón verde y roya. Además, se observó un aumento considerable en la producción de forraje desde el primer aprovechamiento y en los cortes sucesivos, independientemente de si el origen del producto era químico o biológico.
“No vimos diferencias en el logro de plantas, sino en su crecimiento: con la misma cantidad de plantas, cada una producía más biomasa, y ahí aparece la respuesta en forraje”, señaló Moreyra.
En el análisis de mediano plazo, el equipo detectó comportamientos diferenciados según el tipo de insumo. Los tratamientos químicos mostraron un efecto más inmediato, que tendió a diluirse en los cortes posteriores, mientras que los productos biológicos presentaron un impacto más residual, acompañando al cultivo durante toda la estación de crecimiento. “El químico responde rápido, pero se agota antes; en cambio, los biológicos sostienen el efecto a lo largo del ciclo del verdeo”, sintetizó.
El salto con biológicos
Al comparar el efecto de los tratamientos de semillas entre cultivos agrícolas y forrajeros, el equipo del GEASO Ganadero observó respuestas claramente superiores en los verdeos. Mientras que en granos los incrementos de rendimiento suelen ubicarse entre 5 y 12%, en forrajeras los aumentos fueron más marcados. “En cultivos forrajeros encontramos respuestas del 13, 14 y hasta 23%, que fue el máximo que tuvimos en los dos primeros años con curasemillas en avena”, precisó Moreyra.
Dentro de ese comportamiento general, los bioestimulantes mostraron un impacto aún mayor y más sostenido en el tiempo. Esa evidencia impulsó al grupo a avanzar hacia la incorporación de productos biológicos en los tratamientos de semillas. “Sumamos hongos para biocontrol de patógenos, como la roya, e incorporamos Trichodermas (hongos beneficiosos) y bacterias fijadoras de nitrógeno y bacterias fijadoras libres de nitrógeno, del género Gluconacetobacter, que son una novedad para especies no leguminosas”, detalló.
A partir de esas combinaciones, los ensayos registraron incrementos de producción de forraje que superaron ampliamente los valores iniciales. En avena, el salto fue desde respuestas del 23% hasta aumentos de entre 27 y 40% cuando se aplicaron en conjunto los hongos y las bacterias. “Son resultados que no esperábamos y que superan enormemente lo que uno suele ver en cultivos agrícolas”, remarcó.
Para explicar estas diferencias, el equipo plantea que el estado vegetativo permanente de los verdeos juega un rol clave en la magnitud de la respuesta. Al no destinar energía a la formación de grano, el cultivo puede capitalizar mejor los estímulos iniciales. “Creemos que el tratamiento le quita estrés a la planta, controla patógenos o insectos y promueve el crecimiento; entonces el cultivo se concentra en producir más biomasa”, indicó.
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Todos los tratamientos potenciaron el crecimiento. Los biológicos presentaron mayor residualidad
Bajo costo de los tratamientos
Además del impacto productivo, los ensayos pusieron en evidencia una relación costo-beneficio muy favorable para los tratamientos de semillas en verdeos. Los costos de aplicación resultaron bajos en comparación con las respuestas medidas en producción de forraje. “Estamos hablando de entre 5 y 10 dólares por hectárea, y de respuestas que van desde 600 hasta 1.600 kilos más de forraje solo por tratar la semilla”, detalló Moreyra.
Esa mayor oferta de biomasa se traduce de manera directa en más kilos de carne producidos por hectárea, en un contexto de precios que vuelve especialmente atractiva la práctica para los sistemas ganaderos de la región. “Los tratamientos se pagan solos: con un costo de unos 10 dólares por hectárea, la respuesta, transformada en kilos de carne, puede llegar a 180 dólares por hectárea”, señaló.
Desde el punto de vista del sistema, el aumento en la producción también impacta en el costo del alimento generado a campo. A mayor respuesta del cultivo, menor resulta el costo de la materia seca producida. “En la medida que potenciamos la producción de forraje, el costo de la materia seca se vuelve cada vez más económico, con una práctica que además es muy sencilla de implementar”, afirmó.
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Impacto del tratamiento de semilla en la producción de forraje
Ensayos con raigrás y vicia
Luego de tres campañas de trabajo en avena, este año los ensayos se ampliaron a otras especies forrajeras, incorporando raigrás y vicia como parte de la evaluación de tratamientos de semillas con productos biológicos. “Además de avena, este cuarto año metimos raigrás y lo más interesante es que vimos respuestas muy similares”, destacó Moreyra.
En esta etapa, los ensayos se concentraron en tratamientos netamente biológicos y en la combinación de aplicaciones en semilla con aplicaciones foliares. Sin embargo, los mejores resultados volvieron a asociarse al tratamiento inicial. “Probamos combinaciones con aplicaciones foliares, pero lo que mejor nos funcionó sigue siendo la aplicación en semilla; la foliar no parece tener la misma respuesta”, afirmó.
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Luego de tres campañas de trabajo en avena, este año los ensayos se ampliaron a otras especies forrajeras, como raigrás y vicia
A pesar de que la campaña presentó ambientes contrastantes —con pérdida de dos sitios por exceso de humedad—, en los dos restantes se repitió un patrón consistente: el testigo fue siempre el de menor rendimiento y todos los tratamientos mostraron efecto sobre el crecimiento y la producción de forraje.
En raigrás, los mejores tratamientos biológicos lograron incrementos de entre 20 y 25% en la producción de biomasa. En avena, las respuestas oscilaron entre 23 y 34%, nuevamente con combinaciones de hongos y bacterias.
“Este año corroboramos lo que habíamos visto el anterior, cuando por primera vez evaluamos biológicos: teníamos esperanza de que iban a funcionar, pero la respuesta fue realmente notable”, subrayó Moreyra.
La línea de trabajo también se extendió a vicia, donde se compararon tratamientos con y sin inoculante, y se sumaron biostimulantes y Trichodermas a la semilla. “En uno de los campos vimos potenciar el crecimiento en un 34% cuando combinamos inoculante, biostimulante y Trichodermas”, indicó.
Para el equipo, estos resultados consolidan a los tratamientos de semillas como una herramienta de alto impacto y bajo costo para los verdeos invernales, con un efecto directo sobre la capacidad de cada planta para expresar su potencial en cada ambiente.
“Es una de las herramientas más innovadoras, porque todos estos productos están formulados para cultivos agrícolas y no hay nada en el marbete asociado a forrajeras; esta información no existía hasta ahora”, concluyó.