Según un trabajo presentado recientemente por la consultora Elizalde & Riffel, en el nuevo escenario económico, la intensificación es la clave para sostener los márgenes económicos en ganadería de carne.
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SUSCRIBITEEn ganadería de cría solo una intensificación muy alta es rentable. En recría y terminación, modelos de media a muy alta carga muestran resultados positivos.
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SUSCRIBITESegún un trabajo presentado recientemente por la consultora Elizalde & Riffel, en el nuevo escenario económico, la intensificación es la clave para sostener los márgenes económicos en ganadería de carne.
En los sistemas de cría, solo los planteos de muy alta intensificación alcanzaron rentabilidad positiva, con cargas de 0,9 equivalente vaca por hectárea y terneros de 185 kilos al destete. En recría y terminación, en cambio, los modelos de media, alta y muy alta intensificación lograron resultados operativos favorables, con producciones de hasta 875 kilos de carne por hectárea y una rentabilidad del 7,2%.
Estos resultados fueron presentados por Sebastián Riffel, asesor ganadero y titular de la consultora Elizalde & Riffel, durante una jornada de actualización técnica realizada a comienzos de agosto por la región Córdoba Norte de CREA. El especialista disertó sobre cómo lograr planteos ganaderos económicamente viables en el nuevo escenario económico.
“Antes la hacienda le ganaba a la inflación y al tipo de cambio. Hoy tenemos un tipo de cambio unificado, sin desdoblamiento cambiario, y precios de la hacienda en dólares que son los más altos que conocemos todos los que hoy estamos en ganadería, pero eso por sí solo no garantiza que vamos a ganar dinero”, sostuvo Riffel.
A su entender, la única vía para obtener márgenes positivos es trabajar con eficiencia y apostar a la intensificación. “La intensificación bien hecha genera más producción de carne, mejor resultado económico y mayor rentabilidad. En cría es muy difícil lograr resultados si no es con modelos de alta intensificación. En recría y engorde, en cambio, cuanto mayor es la intensificación, mayor es el resultado”.
En los últimos seis años, el precio de la hacienda creció por encima de la inflación y del tipo de cambio: el novillo aumentó entre 84 y 30% más que ambas variables, respectivamente. Esa situación permitió que muchas empresas ganaderas mantuvieran rentabilidad incluso con bajos niveles de eficiencia.
Hoy, el escenario es diferente. La eliminación de la brecha cambiaria, la desaceleración de la inflación y los precios récord de la hacienda en dólares modificaron las reglas del juego. Según Riffel, "nunca habíamos tenido valores de 3,20 dólares por kilo para el ternero y de 2,80 para el novillo".
Sin inflación que actúe como “salvavidas” frente a errores de manejo, la rentabilidad depende cada vez más del trabajo dentro del campo. "Si no se logra eficiencia tranqueras adentro, va a ser muy difícil sostener la rentabilidad", señaló.
Por otra parte, los términos de intercambio mejoraron respecto de los últimos diez años: con menos kilos de hacienda se adquiere la misma cantidad de insumos, en un contexto en el que el maíz cotizó a 220.000 pesos por tonelada y la hacienda mostró un poder de compra entre 20% y 30% superior al promedio de la última década. Este abaratamiento relativo abre la puerta a procesos de intensificación, que requieren más capital y trabajo por hectárea, pero que también son el camino para sostener la rentabilidad del negocio.
Durante la jornada, Riffel compartió un estudio con diferentes modelos de cría y de recría con engorde, con distintos niveles de intensificación en la zona centro-sur de Córdoba.
En ese marco, se evaluaron cuatro modelos de intensificación en cría, sobre campos alquilados a un valor equivalente a 48 kg de novillo por hectárea al año. Los escenarios fueron desde el uso exclusivo de campo natural, con una carga de 0,5 equivalente vaca/ha, un destete del 70% y terneros de 160 kg, hasta planteos con mejoramiento del 50% de la base forrajera, que alcanzaron 0,9 EV/ha, con un 80% de destete y pesos de 185 kg.
Si bien cada escalón de intensificación implicó más costos directos, también elevó la producción de carne y el margen bruto. Sin embargo, al considerar los gastos de estructura, los primeros tres modelos continuaron arrojando resultados negativos. Solo el de muy alta intensificación, con la mitad del campo mejorado y mayor carga, mostró un resultado operativo positivo.
"En cría, únicamente el modelo de mayor intensificación logró una rentabilidad positiva, aunque baja", explicó Riffel. Y agregó: "Tenemos que trabajar con altísima eficiencia para obtener un resultado, que si bien es pobre, es el que hay. Si no hacemos eso, vamos a perder plata. Antes la devaluación nos venía salvando, ahora no".
Recría y terminación: tres modelos rentables
En campos agrícolas de la zona centro-sur de Córdoba, alquilados a un valor de 6 a 10 quintales de soja por hectárea, se evaluaron cuatro modelos de recría y terminación sobre pasturas de alfalfa. Las alternativas fueron: pastura sola, pastura con suplementación, pastura más verdeo de invierno y un esquema que incorporó un corral de recría para maximizar la carga en primavera. En todos los casos, los novillos realizaron una recría a pasto durante once meses y se terminaron a corral.
Los resultados mostraron que, a diferencia de la cría —donde solo el modelo de máxima intensificación alcanzó rentabilidad positiva—, en invernada tres de los cuatro esquemas lograron números favorables. El campo pasó de producir 423 kg de carne por hectárea en baja intensificación a 875 kg/ha en el modelo más intensivo.
En términos económicos, el resultado operativo fue negativo en baja intensificación (–82 u$s/ha), positivo pero acotado en media (116 u$s/ha) y mucho más alto en los planteos de mayor carga (200–300 u$s/ha en alta y 475 u$s/ha en muy alta intensificación). La rentabilidad osciló entre un –3,3% en baja y un 7,2% en muy alta, con valores intermedios de 3,6% y 5,5%.
"En cría, solo un modelo dio rentabilidad positiva; en invernada, tres de los cuatro resultaron favorables", señaló Sebastián Riffel, asesor ganadero y titular de la consultora Elizalde & Riffel. Y agregó: "Aún trabajando bien, las tasas de rentabilidad fueron bajas, entre 2% y 7%. Con todo el capital que hay involucrado, lo que queda es muy poco".
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