12 de abril de 2024 en Buenos Aires

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Sensores remotos: un custodio para los silobolsas

El uso de sensores remotos al servicio de la seguridad de los granos embolsados en los establecimientos agropecuarios.

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En la Argentina hay 50 millones de toneladas de granos en silobolsas que quedan en el campo, muchas veces en zonas alejadas, expuestas a las condiciones ambientales y a problemas de seguridad. Por ese motivo, la compañía liderada por Delfín Uranga, desarrolló sensores remotos en forma de “lanzas” que monitorean la seguridad del grano almacenado.

En el año 2002, luego de trabajar como analista financiero en un banco de inversiones y desempeñarse como gerente de Desarrollo de Negocios de Telefé, Delfín Uranga, a sus 28 años, decidió fundar, junto a un grupo de amigos, una empresa dedicada a la venta directa.

“Nos fue muy bien y llegamos a darle trabajo a más de 1000 personas”, recordó Delfín durante un evento en formato virtual organizado por la Red de Potenciación Nesters-CREA.

“Al gestionar la compañía de venta directa, tenía dos grandes tableros de control: por un lado, el flujo de llamadas que ingresaba al call center, y la proporción de esas llamadas que se convertían en ventas y, por otro lado, la disposición de los pedidos en el depósito, los inventarios y demás datos; todo en tiempo real”, explicó.

El éxito de la empresa fue tan contundente que recibió una oferta de compra de parte de una corporación que no pudo desaprovechar. El siguiente paso en la carrera de Delfín fue hacerse cargo de la empresa agropecuaria familiar, El Boyero S.A., que forma parte del CREA Henderson-Daireaux (región Oeste).

Pero el empresario se encontró con un problema: la imposibilidad de acceder a datos clave en tiempo real para tomar decisiones. Aquello, que era cotidiano durante la gestión de la empresa de venta directa, en el agro resultaba “una verdadera odisea”, según definió Delfín.

“En lugar de ir en busca de los datos, con la pérdida de tiempo que eso implica, me propuse que sean los datos los que vengan hacia nosotros”, relató. Así fue como comenzó –con otros socios del agro– a armar un equipo de desarrollo integrado por especialistas en telecomunicaciones, informática, sensores remotos y blockchain, que fue el embrión de lo que posteriormente sería la firma Internet of Fields (IOF).

El primer aspecto por solucionar fue el de la conectividad, dado que en muchas regiones agropecuarias argentinas ese atributo no está presente, por lo tanto, es entonces imposible implementar tecnología orientada a recolectar y distribuir datos de manera remota.

Para ello recurrieron al empleo de frecuencias de baja potencia y largo alcance (conocidas como Low-Power Wide-Area Network por sus siglas LPWAN), que pueden ser empleadas en establecimientos rurales que no cuentan con conectividad por redes de celular o internet.

El segundo aspecto fue identificar la variable más crítica y desatendida del negocio agrícola para poner el foco en ella. “En la Argentina hay 50 millones de toneladas de granos de silobolsas que quedan en el campo, muchas veces en zonas alejadas, expuestas a las condiciones ambientales y a problemas de seguridad”, explicó el empresario.

Por ese motivo, la compañía desarrolló sensores en forma de “lanzas” que se introducen en los silobolsas y registran temperatura, humedad, dióxido de carbono y movimiento, de manera tal de detectar si el grano almacenado sufrió algún tipo de descomposición, pérdida de calidad, ingreso de agua, vandalismo o robo.

A través de una aplicación específica, que puede verse en un celular o computadora, el dispositivo permite verificar en tiempo real las condiciones del grano almacenado y emitir un alerta en caso de detectar un movimiento interpretado por el sensor como un acto de robo o vandalismo.

La compañía, junto a Prosegur, ofrece un monitoreo las 24 horas del día, Cuando se dispara la alarma, activa un protocolo de acción que puede incluir, dependiendo de la zona, la visita de agentes de Prosegur o de la patrulla rural para verificar la situación del silobolsa en el establecimiento.

El sistema, que es instalado por técnicos de Prosegur, requiere la incorporación de tres a cuatro “lanzas” por silobolsa convencional con una adquisición mínima de al menos 30 dispositivos, con lo cual el servicio, por el momento, está destinado a establecimientos con cierta escala.

El costo del servicio es de 12,5 dólares mensuales por lanza para un período de cuatro meses o de 10 dólares mensuales por lanza para un contrato de 36 meses. En este último caso, las lanzas pueden ser retiradas de un silobolsa para incorporarse a otro, pero para eso es necesario contactar a técnicos de Prosegur.

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Sensores remotos en silobolsas. Delfín Uranga

Sensores remotos en silobolsas. Delfín Uranga

La empresa también dispone de un “kit” autoinstalable para que el uso de la tecnología pueda extenderse a todos los establecimientos agropecuarios. Su costo ronda los 100 dólares por lanza, más un abono mensual de 7 dólares por dispositivo.

Además, cuentan con un acuerdo con la firma Río Uruguay Seguros a través del cual, una vez instalado el servicio, es posible contratar una póliza contra robo o vandalismo en silobolsa con una prima promocional.

“Comprendimos que teníamos que integrar soluciones que ya existían con otras presentes en el ecosistema digital para poder establecer un puente entre los actores tradicionales y los de la nueva economía”, aseguró el empresario CREA.

Como los datos generados por la lanza son trazables -por estar montados sobre una plataforma blockchain- están desarrollando diferentes servicios asociados a la tecnología, entre los cuales se incluye la posibilidad de realizar warrants, comprar granos con depósito de la mercadería en el campo de origen (solución para consumos) o eventualmente “tokenizar” los granos para generar criptoactivos, más conocidos como stablecoins.

“El blockchain es como un escribano digital que trabaja para nosotros las 24 horas del día y certifica procesos para que los datos obtenidos sean trazables”, apuntó Delfín.

Si bien se trata de un costo adicional, trabajamos para que esta tecnología genere valor agregado a las empresas agropecuarias con el propósito de que el costo se diluya o pueda generar incluso ingresos en un futuro”, concluyó.

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