Congreso CREA 2025: los desafíos de la economía argentina
Escenario económico en Congreso CREA 2025: la economía argentina, durante las últimas décadas, ha transitado un sendero marcado por desequilibrios fiscales persistentes y crisis de credibilidad. ¿Podrá esta vez salir de esa trampa? Argentina viene desde hace tiempo con un exceso de gasto en relación a lo que puede financiar. Pero el problema no es solamente cuantitativo, sino también cualitativo.
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Porque la confianza, un insumo difícil de cuantificar, representa un factor relevante en la economía. En diferentes gestiones el Estado comenzó a consumir reservas internacionales que vaciaron patrimonialmente al Banco Central (BCRA). El deterioro hizo que la entidad perdiera capacidad de ejercer su rol fundamental: preservar la estabilidad monetaria, lo que derivó en una emisión monetaria creciente, que alimentó las presiones inflacionarias hasta generar hartazgo en la mayor parte de la población.
La historia reciente también muestra los intentos fallidos de corregir este rumbo. Entre 2016 y 2019, se apostó por una estrategia de ajuste gradual, financiado con endeudamiento externo. Sin embargo, ese camino tropezó con problemas políticos y, finalmente, con el cierre del financiamiento.
“La política no acompañó porque en un momento se cortó el financiamiento y hubo que hacer un ajuste más rápido. La falta de consenso político y el agotamiento de la paciencia social minaron la viabilidad del gradualismo”, indicó hoy Diego Chameides, economista en jefe de Banco Galicia, durante una charla ofrecida en el Espacio de Conexiones del Congreso CREA 2025 que se está realizando en Tecnópolis, evento al cual el banco se sumó como aliado estratégico.
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Diego Chameides
Luego de una nueva fase de emisión monetaria descontrolada con vaciamiento del BCRA, la sociedad volvió a exigir orden fiscal, pero ahora se optó por un "shock fiscal" orientado a reducir el déficit en tiempo récord.
“Esta vez, el objetivo fue mostrar resultados tangibles rápidamente: se pasó de un déficit elevado a un superávit primario del 1,3% del PBI acumulado. La bandera de este gobierno es superávit, equilibrio fiscal", comentó.
No obstante, el éxito de esta nueva estrategia no está garantizado. El gran interrogante es si la sociedad está dispuesta a tolerar el costo del ajuste sin que se rompa el contrato político. El gran interrogante por responder es el siguiente: ¿aguantará la sociedad este esfuerzo? ¿O habrá una regresión hacia políticas de gasto insostenible?
El presente desafío llega en un momento en el cual el BCRA cuenta con reservas internacionales negativas y requiere, de manera urgente, recomponer esa variable ya sea con mayores exportaciones o bien con ingresos de divisas provenientes de inversiones externas.
Ante la incertidumbre política y económica, el tipo de cambio se mueve al ritmo de las percepciones. "El tipo de cambio hoy está apareciendo, diría, entre dos escenarios dicotómicos. En uno, la continuidad del ajuste fiscal y la recuperación de credibilidad. Por el otro, un eventual retroceso”, señaló. En el medio de estos dos caminos, el mercado pondera probabilidades.
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Los desafíos de corto plazo son evidentes. En enero próximo, Argentina enfrenta vencimientos de deuda por más de 4000 millones de dólares. Sin acceso al financiamiento externo en condiciones adecuadas y sin reservas suficientes, el gobierno busca alternativas temporales para evitar un nuevo default. Pero incluso si supera ese obstáculo inmediato, el problema estructural sigue latente: sin confianza, no hay inversión; y sin inversión, no hay crecimiento sostenible.
El otro frente es el de la cuenta corriente. Con un déficit proyectado de 10.000 millones de dólares, se necesita atraer capitales para cubrir ese rojo y, además, comenzar a acumular reservas. Aquí es donde entra en juego la tasa de interés implícita en el riesgo soberano: con tasas superiores al 10% en dólares, es inviable financiar grandes proyectos de infraestructura o transformación productiva. Se impone, entonces, la necesidad urgente de reducir el costo de capital.
Chameides dijo que en un escenario de confianza, el tipo de cambio hoy está caro. “Ahora, si la cuenta capital no se logra recuperar y hay que revertir un déficit de cuenta corriente del uno y medio y acumular reservas, eso requiere un determinado ajuste de tipo de cambio”,
“El problema que tiene la Argentina, es que además es una economía muy cerrada, hay pocas importaciones y pocas exportaciones, pero, sobre todo, pocas importaciones en relación al PBI. Y eso hace que, para tener un ajuste determinado, se requiera un ajuste de tipo de cambio mucho mayor que en otras economías”, advirtió.
Es decir: no basta con resultados fiscales positivos. Es necesaria una señal de estabilidad política y previsibilidad económica. En ese sentido, las elecciones legislativas del 26 de octubre serán un punto de inflexión: marcarán si la sociedad respalda la continuidad del orden fiscal o si se inclina por un regreso al pasado. Como señaló Chameides, ese día no define todo, pero "es una parte de la película".
En definitiva, el verdadero dilema argentino no es solamente económico. Es, ante todo, político y social. ¿Puede el país sostener un sendero de responsabilidad fiscal en un entorno de alta volatilidad institucional? ¿Podrá construir consensos que trasciendan los ciclos electorales y evitar los “volantazos” que generan desconfianza? Las próximas semanas ayudarán a responder esas preguntas. Pero la respuesta definitiva dependerá, como siempre, de las decisiones que se tomen y se sostengan después del 27 de octubre.
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