15 de mayo de 2024 en Buenos Aires

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Trigo: impulsor de un cambio transformador en Entre Ríos

La importancia del trigo en Entre Ríos explicada por el técnico CREA Joaquín Bello en el evento “A Todo Trigo”.

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El cultivo de trigo experimentó en los últimos años un crecimiento importante en la provincia de Entre Ríos de la mano un paquete tecnológico que contribuyó a consolidar la sostenibilidad de los sistemas productivos de manera integral.

La provincia tiene varias ventajas: un elevado régimen de lluvias con buenas recargas durante el otoño, inviernos suaves y un amplio período libre de heladas, además de la cercanía con las terminales portuarias de la zona de influencia de la ciudad de Rosario.

Pero también tiene varios desafíos, entre los cuales se incluyen golpes de calor recurrentes y suelos –salvo por la zona sudoeste de la provincia– con una elevada variabilidad de situaciones que en muchos casos cuentan con una elevada proporción de arcilla.

“Un problema presente en la zona es la alta variabilidad de resultados de la campaña gruesa, lo que hizo que los productores entrerrianos encontraran a un gran aliado en el trigo para estabilizar los sistemas agrícolas”, explicó Joaquín Bello, líder del Proyecto Sistemas Productivos Sostenibles de CREA y asesor del Grupo Agrícola Entre Ríos (GAER), durante una charla ofrecida este viernes en el evento “A Todo Trigo” realizado en la ciudad de Mar del Plata.

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Una gran ventaja del doble cultivo en Entre Ríos es que, al cosechar con anticipación el trigo, permite sembrar de manera más temprana la soja de segunda, un factor clave para poder maximizar los rendimientos de la oleaginosa.

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“Con la irrupción del trigo comenzamos a intensificar los sistemas de producción y así empezamos a hacer mucho trigo sobre rastrojos de maíz, lo que contribuyó a reducir el área de soja de primera”, explicó Joaquín.

“Los rendimientos de trigo sobre maíz no sólo no han caído, sino que en algunos casos incluso han aumentado, como por ejemplo el año pasado en el que disponíamos en el suelo (debido a la sequía) de un nivel de nitratos muy elevados y algunos trigos ni siquiera se fertilizaron y terminaron rindiendo más sobre maíz que sobre soja”, agregó.

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Gracias a los registros sistemáticos de datos llevados a cabo con DAT CREA, pudieron ajustar la tecnología empleada en función de la evolución del agua útil disponible al comienzo de la campaña de trigo. “La falta de una buena recarga en el perfil nos afecta y antes de tener estos registros se pensaba que eso sólo aplicaba en zonas con suelos más arenosos”, remarcó.

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El segundo gran aprendizaje fue la necesidad de ajustar la fecha de siembra para poder terminar las labores a tiempo, ubicar el período crítico del cereal en el momento óptimo y asegurar una buena implantación de la soja de segunda.

“Empezamos así a sembrar en mayo, lo que nos permite evitar los golpes de calor, que son mucho más frecuentes que las heladas, las cuales puede cubrirse con un seguro”, indicó Joaquín.

Con esa tecnología de manejo fue posible incrementar los rendimientos logrados de trigo, además de alivianar el trabajo operativo de las empresas en el período de siembras (algo no menor en una zona caracterizada por caminos rurales que se tornan intransitables con demasiada facilidad).

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El nuevo diseño agronómico impulsado por la incorporación masiva del trigo también requirió ajustes en las dosis de fertilizantes empleados, de manera tal de hacer un aprovechamiento más eficiente de los recursos.

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“Entre los desafíos que tiene la zona, uno clave es el potasio, dado que la región, por la génesis de sus suelos, suele tener bajos niveles de ese elemento y en muchas situaciones se observa una respuesta contundente a la fertilización con potasio”, apuntó el técnico CREA.

“Otro gran desafío es seguir intensificando las rotaciones con la incorporación de otras alternativas invernales, como cebada, colza, arveja, camelina o carinata”, concluyó.

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