Sostenibilidad agropecuaria en la región CREA Sudeste
La región sudeste de la provincia de Buenos Aires ha experimentado en las últimas décadas una transformación profunda en su paisaje productivo. Tradicionalmente ganadera, la región comenzó a incorporar la agricultura de manera acelerada desde la década de 1990, especialmente con el cultivo de soja, maíz y trigo. Este proceso de cambio, que involucró la adopción de nuevas tecnologías y un enfoque más intensivo, ha generado una serie de desafíos ambientales y económicos que requieren atención para garantizar la sostenibilidad agropecuaria.
Suscribite ahora para seguir disfrutando de todo el contenido exclusivo.
Hasta fines de los ‘80, la agricultura en la región CREA Sudeste ocupaba una superficie limitada y la ganadería dominaba la producción. Sin embargo, en la década de los ‘90 la agricultura comenzó a expandirse rápidamente, impulsada por el cultivo de soja y las innovaciones tecnológicas. Las empresas, tradicionalmente ganaderas, empezaron a integrar la agricultura extensiva en sus actividades, lo que llevó a una distribución más equitativa entre la ganadería y la agricultura de los recursos productivos disponibles.
“La expansión de la agricultura en la región no fue homogénea. En sus primeros años, la agricultura se centró principalmente en los ambientes más favorables, con menor riesgo hídrico, pero con el tiempo, comenzó a avanzar hacia terrenos con limitaciones más marcadas, lo que supuso un desafío adicional. En paralelo, la ganadería se mantuvo presente en los ambientes más limitantes, experimentando una intensificación de sus prácticas, como el feedlot, para adaptarse a las nuevas demandas del mercado”, explicó Emilio Satorre, coordinador académico de la Unidad de Investigación y Desarrollo de CREA y profesor de la Cátedra de Cerealicultura de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba), durante una charla ofrecida en la jornada técnica sobre sistemas mixtos sostenibles organizada en Monte por la región CREA Sudeste.
El proceso de expansión agrícola en la región CREA Sudeste fue sorprendentemente rápido y los productores, especialmente los más jóvenes, tuvieron que adaptarse a una nueva forma de producción. Muchos de ellos comenzaron a experimentar de manera empírica, ya que no había referencias previas que pudieran servir como guía. En este contexto, la tecnología y el conocimiento sobre el manejo de suelos, cultivos y recursos hídricos fueron claves para permitir este crecimiento de la agricultura.
“En este periodo, las interacciones entre la agricultura y la ganadería fueron aumentando, pero también empezaron a distanciarse. Según registros de DAT CREA del período 2017-2024, la integración entre ambas actividades alcanzó un 5,1% en el núcleo norte de la región Sudeste y un 10,3% en el sur, lo que indica que, a pesar de que las interacciones existieron, muchas empresas comenzaron a disociar ambas actividades”, comentó.
diapo6
Según muestra DAT CREA, la productividad de los cultivos en los últimos años ha mostrado una clara tendencia a la caída en algunos ambientes más limitantes, especialmente en los suelos más restrictivos. Este deterioro de la calidad del suelo, como lo refleja la disminución del pH en muchos lotes de soja y maíz, es un indicativo de los efectos negativos que pueden generar las prácticas agrícolas intensivas sin un manejo adecuado.
Entre 2008 y 2022 –período de estabilización del modelo productivo agrícola– la región experimentó variaciones significativas en el pH y los niveles de fósforo en los suelos agrícolas. Las reducciones en el pH fueron más marcadas en los suelos más productivos, como los francos de alta producción (FAP), lo que refleja una pérdida de calidad del suelo que podría comprometer la sustentabilidad de la producción a largo plazo.
diapo16
“Hemos disminuido la fertilización con fósforo en los ambientes más limitantes, lo que explica que el pH esté cayendo mucho. Hemos disminuido también el uso de fósforo en los maíces tardíos. Si reunimos el impacto que estos cambios han tenido sobre el rendimiento, vemos una caída en soja y maíz tardío, con excepción de los ambientes FAP y TIP (tapto de intermedia producción) en maíz temprano, donde no se evidencia esa tendencia”, remarcó Emilio.
diapo18
El analizar la productividad de todos los cultivos entre 2009 y 2024 como equivalente de glucosa en los ambientes FAP, tanto en el percentil 90 (los mejores rendimientos de los mejores años) como en la mediana (promedio) y en el percentil 10 se identifica un umbral donde los rindes comienzan a caer, que estaría entre los 16 y los 18 años de agricultura continua.
diapo19
Cambio de paradigma productivo
Ese fenómeno ha llevado a muchos productores a replantear las prácticas de fertilización y a considerar la implementación de sistemas más diversificados y sostenibles que favorezcan la regeneración del suelo.
Una de las soluciones propuestas para enfrentar el deterioro del suelo y mejorar la resiliencia de los sistemas agrícolas es la adopción de sistemas agrobiodiversos y diversificados. Estos enfoques buscan integrar diferentes especies, cultivos y prácticas de manejo que puedan mejorar la estabilidad, la productividad y la sostenibilidad de la actividad agrícola.
Según investigaciones recientes, la diversidad en las rotaciones de cultivos puede mejorar los rendimientos de maíz en años secos, además de reducir el impacto ambiental en lo que respecta a los fitosanitarios utilizados en la producción.
También existe evidencia de que la integración de cultivos y ganadería en el mismo establecimiento, por ejemplo, no solo favorece la eficiencia en el uso de los recursos, sino que también ayuda a reducir la abundancia de malezas resistentes.
Este tipo de enfoque tiene además la ventaja de aumentar la resiliencia de los sistemas frente a eventos climáticos extremos, como sequías o inundaciones, y puede proporcionar una fuente de ingresos más estable para los productores.
La ganadería ayuda a reducir el ritmo de deterioro de los suelos, particularmente en los ambientes más frágiles de la región, donde las prácticas agrícolas intensivas pueden ser perjudiciales.
diapo25
“A pesar de estos beneficios potenciales, la evidencia sobre el verdadero impacto de la ganadería en la sostenibilidad agrícola sigue siendo fragmentaria. Mucho de lo que se sabe se basa en análisis aislados de los recursos, sin tener en cuenta los procesos integrales que tienen lugar en el campo. Sin embargo, es claro que las interacciones entre agricultura y ganadería, cuando se gestionan adecuadamente, pueden contribuir a una mayor estabilidad en los sistemas productivos”, apuntó.
El balance adecuado entre agricultura y ganadería en los sistemas productivos sigue siendo una pregunta sin respuesta definitiva. Sin embargo, el creciente interés por los sistemas mixtos y la agrobiodiversidad ofrece una oportunidad para avanzar en un modelo más sostenible y resiliente.
“El futuro de la agricultura sostenible en la región Sudeste depende de la capacidad de los productores, investigadores y tomadores de decisiones de trabajar de manera conjunta y multidisciplinaria. La adopción de prácticas agrícolas sostenibles no solo debe ser impulsada por la tecnología, sino también por una visión holística que contemple los aspectos sociales, económicos y ambientales de la producción”, resumió Emilio.