14 de febrero de 2026 en Buenos Aires

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Sanidad del maíz: claves contra roya común y tizón foliar

Ensayos del INTA mostraron alta incidencia pero baja severidad de estas enfermedades en maíz en el sur de Santa Fe y sudeste de Córdoba.

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Por Región CREA Sur de Santa Fe

En la última campaña, la EEA INTA Marcos Juárez realizó 14 ensayos en maíces tempranos y tardíos para evaluar la incidencia y control de dos enfermedades clave: la roya común y el tizón foliar. Los resultados permiten afinar estrategias de manejo para reducir pérdidas productivas importantes en el maíz.

La roya común del maíz (Puccinia sorghi) es un patógeno biotrófico y policíclico que, bajo condiciones de 15 a 27 °C y alta humedad relativa, puede provocar pérdidas de 10% a 30% a nivel mundial. Un aspecto singular es su ciclo perfecto, posible gracias a un hospedante alternativo reportado: del orden oxalidales, especie Oxalis conorrihiza.

“En esta planta, las teleutosporas generadas en hojas de maíz logran generar infección y dar origen a nuevas razas mediante reproducción sexual”, explicó Enrique Alberione, especialista en fitopatología del INTA Marcos Juárez, al disertar en una jornada de actualización técnica organizada por la región CREA Sur de Santa Fe y el INTA Marcos Juárez.

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Un aspecto singular de la roya común del maíz es su ciclo perfecto, posible gracias a un hospedante alternativo denominado Oxalis conorrihiza.

Un aspecto singular de la roya común del maíz es su ciclo perfecto, posible gracias a un hospedante alternativo denominado Oxalis conorrihiza.

En el cultivo, la enfermedad se reconoce por pústulas de color herrumbroso que rompen la epidermis de la hoja, liberando uredosporas capaces de iniciar nuevas infecciones. Hacia el final del ciclo, produce teleutosporas, ya no infectivas para el maíz, pero sí para Oxalis, donde se reinicia el proceso.

El tizón foliar (Exserohilum turcicum), de naturaleza necrotrófica, se desarrolla entre 20 y 32 °C y humedad relativa superior al 90%. Sus síntomas son manchas alargadas que producen daños al tejido vegetal por acción de enzimas y muerte celular inducida. Los conidios, producidos en conidióforos sobre las lesiones, permiten la propagación secundaria y la supervivencia del hongo en rastrojos, plantas voluntarias y guachas, e incluso en la semilla.

Los ensayos de INTA demostraron que la severidad de ambas enfermedades varía según la fecha de siembra. En evaluaciones recientes, y sobre un ensayo de fecha de siembra tardía conducido en la EEA INTA Marcos Juárez, tizón foliar afectó al 26% de los híbridos comerciales evaluados en estado de crecimiento de VT hasta R1, pero alcanzó al 100% de los mismos materiales evaluados en segundo momento, coincidente con estado reproductivo R5-6.

El manejo integrado incluye resistencia genética, rotación de cultivos y control químico. Este último mostró, en algunos casos, reducción de la incidencia, aunque sin diferencias significativas en rendimiento promedio, lo que resalta la importancia de ajustar la estrategia a la situación sanitaria y ambiental de cada campaña.

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La enfermedad se reconoce por pústulas de color herrumbroso que rompen la epidermis de la hoja, liberando uredosporas capaces de iniciar nuevas infecciones.

La enfermedad se reconoce por pústulas de color herrumbroso que rompen la epidermis de la hoja, liberando uredosporas capaces de iniciar nuevas infecciones.

Caracterización y manejo

La roya común y el tizón foliar difieren en su biología y en las condiciones que favorecen su desarrollo. En la roya, el patógeno sobrevive en plantas voluntarias y en Oxalis spp, mientras que el tizón foliar persiste principalmente en conidios presentes en rastrojos, en hospedantes alternativos como sorgo de Alepo y sorgo granífero, en plantas voluntarias de maíz y, a diferencia de la roya, también en la semilla.

Las temperaturas óptimas para el tizón foliar tienen un piso y un techo superiores a las de la roya, y requieren además alta humedad relativa y entre 6 y 8 horas de mojado foliar para favorecer la infección. En ambas enfermedades, el viento cumple un papel clave en la dispersión de esporas. Los ciclos de infección son relativamente cortos: entre 5 y 7 días para la roya y tiempos similares para el tizón.

En la roya común, las uredosporas y las teliosporas son las formas de inóculo, aunque estas últimas no infectan al maíz, sí lo hacen en Oxalis, reiniciando el ciclo. En el tizón foliar, los conidios y las clamidosporas permiten tanto la infección como la supervivencia del patógeno. “Si bien todos los años se siembra la semilla híbrida (híbridos comerciales), la semilla infectada en una campaña puede originar plantas guachas y reiniciar el ciclo de la enfermedad”, señaló Alberione.

Ambas enfermedades interfieren la captación de radiación solar y reducen la fotosíntesis. En la roya, la ruptura de la epidermis provoca un secado rápido de la hoja por mayor evapotranspiración, mientras que el tizón foliar causa lesiones que bloquean la luz y destruyen el tejido por acción de enzimas. Las pérdidas globales estimadas son de 10% a 30% para la roya y, en zonas muy favorables al tizón, entre 30% y 50%.

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Incidencia en la región

En el sur y sudeste de Córdoba, la roya común suele presentar severidades anuales de entre 1% y 10%, aunque en algunas campañas puede alcanzar el 20%. El tizón foliar, por su parte, se mantiene habitualmente en valores de 1% a 10%.

En cuanto a la importancia de la fecha de siembra en relación al desarrollo de enfermedades, la campaña 2018/19 mostró que en evaluaciones hechas sobre dos ensayos en Marcos Juárez, el 43% de los híbridos evaluados mostró mayor severidad a roya en siembras tempranas, mientras que en fecha tardía este porcentaje fue de 57%. Aunque las temperaturas más bajas suelen favorecer su desarrollo temprano, los resultados de estos ensayos mostraron que la enfermedad puede instalarse en ambas fechas de siembra.

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En la campaña 2024/25, la roya común alcanzó incidencias de entre 50% y 90% en híbridos de siembra temprana, y de 20% a 70% en tardía, con niveles de severidad inferiores al 2% en todos los casos. La incidencia más alta se observó en los materiales sembrados en fecha temprana, aunque la severidad se mantuvo baja.

En cuanto al tizón foliar, se realizaron dos evaluaciones durante el ciclo. En la primera, la enfermedad se presentó en el 26% de los híbridos, mientras que en la segunda se detectó en la totalidad de los materiales evaluados. Aun así, la incidencia máxima fue del 40% y la severidad no superó el 2%, lo que confirma una baja presión de la enfermedad en la última campaña.

Control químico

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El manejo se basa en la resistencia genética, que en la región sur de Santa Fe y sudeste de Córdoba mantiene controladas ambas enfermedades, aunque en áreas más problemáticas el tizón puede superar esa barrera. El control químico es eficaz en los dos casos, mientras que la rotación de cultivos tiene especial importancia frente a patógenos necrotróficos como el tizón foliar.

Para evaluar la respuesta de los híbridos al control químico, el INTA Marcos Juárez realizó un ensayo en Villa Huidobro durante la campaña 2021/22, sobre 36 materiales, con aplicación aérea de fungicida (mezcla de azoxystrobin + cyproconazole).

En roya común, el 58% de los híbridos mostró baja incidencia tras el tratamiento, con respuestas positivas en el 60% de los casos. En tizón foliar, el comportamiento fue similar: la enfermedad estuvo presente en el 64% de los híbridos, pero un 48% no presentó síntomas luego de la aplicación. Solo en un 19% de los materiales no se registraron diferencias entre parcelas tratadas y testigos.

En cuanto al rendimiento, no se detectaron diferencias significativas a nivel promedio: 6700 kg/ha con fungicida frente a 6600 kg/ha sin tratamiento. Sin embargo, el análisis por híbrido permitió identificar contrastes importantes: en el 45% de los materiales, la respuesta al fungicida fue de 100 a 450 kg/ha, mientras que en un grupo reducido las ganancias oscilaron entre 1100 y 1450 kg/ha. Esto equivale a respuestas relativas que van del 2% al 20%, según el potencial de cada híbrido y las condiciones sanitarias del ensayo.

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