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Intensificación y cultivos de servicio: la importancia de la gestión sustentada en conocimiento

Los cultivos de servicio se han convertido en una pieza clave de la intensificación que es necesario saber gestionar para poder equilibrar la sostenibilidad agropecuaria.

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Por CREA Región Sudeste | SDE

Cultivos de servicio como herramienta clave de la sostenibilidad

La agricultura argentina está atravesando un proceso de intensificación con foco puesto en la sostenibilidad agropecuaria. En ese escenario, los cultivos de servicio se han convertido en una pieza clave que es necesario saber gestionar.

Esos cultivos, también conocidos como cultivos de cobertura, son sembrados con diferentes propósitos en los distintos sistemas productivos, pero todos tienen algo en común: su impacto en la disponibilidad de agua del suelo y en la productividad de los cultivos posteriores no es algo que pueda ser dejado al azar.

En la última década, gracias a diferentes ensayos realizados en la región pampeana argentina, se ha comenzado a entender mejor cómo los cultivos de servicio influyen en la dinámica del agua en los suelos y, por ende, en los rendimientos de los cultivos de cosecha comprendidos en rotaciones intensificadas.

Para entender el impacto de los cultivos de servicio en la disponibilidad de agua en el suelo, es necesario revisar algunos conceptos básicos. Cuando hablamos de agua disponible, nos referimos a la cantidad de agua que el suelo puede retener entre los límites de su capacidad de campo y el punto de marchitez permanente, es decir, la cantidad que las plantas pueden utilizar para crecer. Sin embargo, este concepto es mucho más complejo de lo que parece, sobre todo en suelos profundos y en ambientes donde las lluvias son irregulares.

“En el caso de los cultivos de servicio, la idea tradicional es que estos consumen principalmente agua de los primeros centímetros del suelo. Pero ensayos realizados en la región Mar y Sierras han demostrado que estos cultivos, incluso aquellos con sistemas radiculares menos profundos como la vicia, son capaces de extraer agua hasta dos metros de profundidad”, señaló Marcelo Di Napoli, asesor de las áreas agrícolas de las regiones CREA Mar y Sierras y Litoral Sur.

“Esto es relevante porque implica que estos cultivos no solo están utilizando la humedad superficial, sino también recursos más profundos que podrían estar disponibles para los cultivos de cosecha posteriores”, añadió durante una charla ofrecida en la jornada técnica sobre sistemas mixtos sostenibles organizada en Monte por la región CREA Sudeste.

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Jornada técnica sobre sistemas mixtos sostenibles organizada en Monte por la región CREA Sudeste

Jornada técnica sobre sistemas mixtos sostenibles organizada en Monte por la región CREA Sudeste

Impacto de los cultivos de servicio

Uno de los hallazgos más importantes de los ensayos realizados es la relación que existe entre la biomasa producida por los cultivos de servicio y el agua consumida. Los investigadores han medido que, en promedio, cada tonelada de biomasa aérea generada por la vicia en la región Mar y Sierras consume entre 28 y 30 milímetros de agua.

Aunque esas cifras sirve como una referencia útil, es importante tener en cuenta que el consumo de agua puede variar dependiendo de diversos factores, como el tipo de cultivo de servicio, la situación climática de la campaña, la fecha de siembra y el manejo agrícola, entre otros. A pesar de eso, se trata de un indicador que ayuda a entender mejor cómo los cultivos de servicio impactan el balance hídrico del suelo.

Di Napoli dijo que las diferencias de rendimientos detectadas entre cultivos de renta provenientes de barbechos respecto de aquellos que tienen a cultivos de servicio como antecesor, a primera vista podría atribuirse exclusivamente a la menor disponibilidad de agua. Sin embargo, al analizar los resultados con más detalle, el problema es más complejo.

“El crecimiento inicial de los cultivos de cosecha parece estar siendo afectado por la presencia de las coberturas: en varias localidades de las regiones Mar y Sierras y Litoral Sur los maíces sembrados sobre coberturas voluminosas mostraron un desfase en el crecimiento inicial, con un arranque más lento”, comentó el experto.

“Este retraso no sólo se debe a la competencia por el agua, sino también a otros factores, como la temperatura del suelo, la dificultad de las plantas para emerger a través de una capa gruesa de residuos vegetales y la competencia por nutrientes en la fase inicial”, explicó.

Ese desfase en el crecimiento inicial tiene consecuencias más graves de lo que podría parecer. En diferentes ensayos se ha observado que, en algunos casos, las espigas de maíz sembradas sobre coberturas con alta biomasa tienen granos menos maduros, lo que se traduce en un menor peso de grano al momento de la cosecha. Aunque el número de granos puede mantenerse similar, el peso por grano es inferior, lo que afecta directamente al rendimiento total.

Este fenómeno también afecta la fenología del cultivo, es decir, los tiempos de emergencia y floración. En los cultivos sembrados sobre coberturas densas, el desfase fenológico puede ser de hasta 10 días, lo que implica que el maíz florece más tarde.

Uso forrajero de cultivos de servicio

Una estrategia que ha comenzado a tomar fuerza en muchas zonas es la utilización forrajera de los cultivos de servicio. Si bien estos cultivos pueden generar grandes cantidades de biomasa que, si no se gestionan correctamente, pueden generar problemas para los cultivos de cosecha, se ha observado que la cosecha para forraje o el pastoreo directo pueden reducir estos efectos negativos.

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Gestión de biomasa en cultivos de servicio

Gestión de biomasa en cultivos de servicio

“En las zonas de Mar y Sierras y Entre Ríos los ensayos y las experiencias demostraron que el pastoreo directo o la cosecha de la biomasa para hacer rollos genera un ambiente más favorable para la siembra del cultivo siguiente al reducir la cantidad de residuos que quedan en el suelo y evitar la competencia excesiva por agua y nutrientes”, remarcó Di Napoli.

Además, obviamente, se trata de práctica que genera ingresos adicionales para las empresas agrícolas, ya sea que estén integradas con ganadería o que ofrezcan el recurso como servicio pecuario para diversificar la fuente de ingresos económicos.

Incorporar cultivos de cobertura en la rotación sin una gestión adecuada de los mismos puede resultar contraproducente. Se requiere una estrategia de corto, mediano y largo plazo para los mismos, la cual debe estar sustentada en la generación constante de conocimiento, para lo cual la red CREA es un ámbito ideal.

“Si bien estos cultivos tienen muchos beneficios, como la mejora de la calidad del suelo, la reducción de la erosión y el aumento de la biodiversidad, su impacto en la disponibilidad de agua y en el rendimiento de los cultivos de cosecha depende de factores muy específicos que tenemos que medir y saber manejar”, resaltó el especialista.

La clave para el éxito en estos sistemas consiste en aprender a manejar el equilibrio entre agua, biomasa y cultivos de cosecha. Para eso es fundamental desarrollar estrategias de manejo que permitan ajustar la cantidad de cobertura, la fecha de siembra y los métodos de supresión de manera eficiente. Además, el uso forrajero de los excedentes de biomasa representan una alternativa para mejorar la rentabilidad de la empresa.

“La agricultura intensiva con cultivos de servicio es una herramienta poderosa para mejorar la sostenibilidad de los sistemas agrícolas. Sin embargo, como toda herramienta, debe ser manejada con cuidado y conocimiento para evitar efectos negativos en los cultivos de cosecha y garantizar que se logren los beneficios deseados, tanto desde el punto de vista económico como ambiental”, resumió.

La segunda parte de la exposición estuvo dedicada a mostrar resultados de las redes de ensayos de larga duración conducidos en las regiones CREA Mar y Sierras y Litoral Sur relativos a sistemas modales comparados con intensificados (tanto agrícolas puros como mixtos).

Al respecto, Di Napoli explicó que los indicadores de salud de suelo, abordados desde la física, química, biología y microbiología, expresan contundentemente mejoras en parámetros claves para aumentar la productividad global de los sistemas de manera sostenible.

De todas maneras, aclaró que el aprovechamiento de ese salto cualitativo en la oferta potencial de recursos que generan los sistemas intensificados dependerá de aprendizajes constantes y dinámicos sobre los manejos de cultivos adaptados a esos sistemas.

“La intensificación mejora propiedades del suelo y contribuye a consolidar la sostenibilidad de los sistemas en el largo plazo, pero los rendimientos cosechables no se acoplan automáticamente a ese proceso y además ese camino exacerba el impacto de la heterogeneidad de ambientes y suelos”,

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“Eso requiere mejorar prácticas para complementar el uso de recursos –fundamentalmente el agua– y atenuar los efectos negativos, tales como la temperatura del suelo y la acumulación excesiva de residuos en superficie como limitantes del crecimiento”,

Entre las alternativas posibles para lograr esas metas el especialista incluyó la regulación del crecimiento de los cultivos de servicio (“a veces más no es mejor”) por medio del uso forrajero o técnicas de supresión mecánica y/o química, siembras anticipadas de cultivos de servicio en pre-cosecha y revisión del diseño agronómico de cultivos de granos gruesos, entre otras posibilidades.

4. Di Napoli - JAT Sistemas Mixtos (1)

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