1 de enero de 2026 en Buenos Aires

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Casos de uso de la gestión ambiental en empresas CREA

Experiencias productivas y de asesoramiento difundidas en el Congreso CREA 2025 muestran cómo medir, registrar y analizar la gestión ambiental con eficiencia.

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Por CREA Unidad de Investigación y Desarrollo

En las últimas décadas, la gestión ambiental pasó de ser un tema periférico a convertirse en una dimensión clave de la toma de decisiones en las empresas agropecuarias. En ese camino, CREA desarrolló Gestión Ambiental CREA, una herramienta que permite ordenar información, medir indicadores y trabajar con una metodología común para identificar riesgos, mejorar procesos y avanzar en la sostenibilidad.

Esta nota recorre dos experiencias concretas de uso de la herramienta, presentadas en el último Congreso CREA. Por un lado, el caso de una productora miembro de la red que incorporó la gestión ambiental como un primer ordenador de su empresa y de sus procesos internos. Por otro, la mirada de un asesor CREA que acompaña a dos grupos con perfiles productivos distintos y que, a partir de varios años de registros, logró construir indicadores ambientales y productivos que antes no se medían, con impacto en la toma de decisiones.

Fernanda Feiguin, integrante de la Unidad de Investigación y Desarrollo CREA y líder del proyecto, explicó que el objetivo es ofrecer una plataforma que permita medir la dimensión ambiental de manera estandarizada y comparable. “La idea es que todos se midan con la misma metodología, integrando datos y procesos para ordenar la empresa y reducir riesgos ambientales”, señaló.

Indicadores ambientales con base en datos CREA

Gestión Ambiental CREA es una plataforma diseñada para evaluar la dimensión ambiental de las empresas bajo una metodología común y comparable. La herramienta reúne conocimiento técnico propio y se articula con DAT CREA, integrando información productiva y ambiental en un mismo entorno de trabajo.

El acceso se realiza a través de Herramientas CREA y, por el momento, está disponible para miembros y asesores de la red. Según el perfil de usuario, la plataforma habilita distintos niveles de visualización: las empresas pueden analizar sus propios indicadores —incluso a escala de lote— mientras que los asesores acceden a la información consolidada de los grupos que acompañan.

En la última campaña, 58 empresas cargaron 155 autoevaluaciones y, desde el inicio del proyecto, unas 1.200 empresas utilizaron este proceso en algún momento. Además, 770 usuarios ya cuentan con indicadores ambientales calculados a partir de las bases de datos CREA.

Más allá del volumen de información generada, el foco está puesto en la adopción y la mejora continua de la herramienta. “Buscamos que se use y que los usuarios nos den devoluciones para seguir mejorándola”, señaló Feiguin. En ese sentido, destacó que los beneficios no siempre se traducen en resultados económicos inmediatos, pero sí en mayor eficiencia, orden interno y reducción de riesgos operativos y laborales.

Desde la experiencia productiva, Andrea Lardone, integrante del grupo CREA Alejandro Chaján, en la región Centro, coincidió con ese enfoque. “Muchas veces el empresario espera un plus económico directo, pero esta gimnasia de registro y orden hace que, cuando aparece una oportunidad comercial, la información ya esté sistematizada”, sostuvo. Ese trabajo previo también funciona como un primer paso hacia esquemas de certificación ambiental.

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Andrea y Cecilia Lardone forma parte de una empresa familiar ubicada en Río Cuarto, al sur de Córdoba, que se incorporó al Movimiento CREA en 2022

Andrea y Cecilia Lardone forma parte de una empresa familiar ubicada en Río Cuarto, al sur de Córdoba, que se incorporó al Movimiento CREA en 2022

La gestión ambiental como primer organizador

Desde el punto de vista de la adopción en la empresa, la experiencia de Lardone aporta una mirada concreta sobre el uso de la herramienta. Junto a su hermana, Cecilia, forma parte de una empresa familiar ubicada en Río Cuarto, al sur de Córdoba, que se incorporó al Movimiento CREA en 2022. Además, cumple un rol como coordinadora técnica de la Mesa de Intercambio Agrícola de la región, lo que le permite vincular la gestión ambiental tanto a la escala de empresa como a las acciones regionales.

En ese recorrido, la plataforma Gestión Ambiental CREA funcionó como un primer ordenador. “Todos queremos trabajar lo ambiental, sabemos que es importante y está en el ADN hacer las cosas bien, pero muchas veces no sabemos por dónde empezar”, señaló. La herramienta permitió identificar qué aspectos abordar y con qué instrumentos, dando estructura a un proceso que hasta ese momento aparecía disperso.

El punto de partida fue relevante por el contexto de la empresa. La empresaria contó que, hasta integrarse a la actividad productiva, su experiencia laboral había estado fuera del ámbito de la empresa familiar y que, ante una situación imprevista, junto a su hermana asumieron de manera repentina la conducción del establecimiento. “Ahí la plataforma nos ayudó mucho a ordenarnos; fue un primer gran ordenador”, resumió. La combinación de perfiles —ingeniera agrónoma y contadora— encontró en la gestión ambiental una forma de integrar lo productivo con lo administrativo.

Las autoevaluaciones marcaron un cambio de mirada. “Fue un salto de conciencia, porque aparecieron preguntas que no nos habíamos hecho”, explicó, en referencia a temas como seguridad, cartelería, registros y procedimientos internos. En una empresa pequeña, donde muchas tareas recaen en las mismas personas, la ausencia de manuales formales se volvió evidente. Ese diagnóstico impulsó la elaboración de protocolos y manuales de procedimiento.

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A partir del uso de la plataforma de Gestión Ambiental, la familia Lardone comenzó a trabajar con un manual de procesos que abarca desde cuestiones administrativas hasta prácticas de campo,

A partir del uso de la plataforma de Gestión Ambiental, la familia Lardone comenzó a trabajar con un manual de procesos que abarca desde cuestiones administrativas hasta prácticas de campo,

Feiguin destacó que el trabajo por procesos está directamente asociado al orden y a la reducción de riesgos ambientales. “Si el productor tiene definido cómo se toman las decisiones —cuándo se aplica un fitosanitario, quién es responsable, cómo se registra— hay muchos factores que pasan a estar controlados”, explicó. Ese enfoque permite identificar puntos críticos que requieren monitoreo permanente y anticipar posibles desvíos.

Además, subrayó que muchos impactos ambientales no son inmediatos, sino acumulativos. En ese sentido, contar con protocolos de muestreo y monitoreo sostenidos en el tiempo permite detectar tendencias y reducir riesgos antes de que se materialicen. “Los fitosanitarios son un ejemplo, pero hay muchos otros procesos donde este enfoque aporta”, indicó.

En la empresa de Lardone, ese aprendizaje se tradujo en cambios concretos. A partir del uso de la plataforma, comenzaron a trabajar con un manual de procesos —al que internamente llaman “el paso a paso”— que abarca desde cuestiones administrativas hasta prácticas de campo. “Pasamos de un sistema puramente contable a uno que integra la gestión”, señaló.

El establecimiento realiza agricultura de soja y maíz sobre unas 1.400 hectáreas de campo propio y no cuenta con maquinaria propia, por lo que opera íntegramente con contratistas. En ese esquema, los procedimientos también se aplican a los servicios contratados, con el objetivo de mejorar aspectos vinculados al orden, la limpieza y la ejecución de las tareas.

Datos, metodología y mirada de largo plazo

Desde el rol de asesor, Pablo Bressa, ingeniero agrónomo, aportó una perspectiva de largo plazo sobre la implementación de la gestión ambiental en empresas CREA. Acompaña a dos grupos con perfiles productivos distintos: CREA General Arenales, en el sur de Santa Fe, de base agrícola, y CREA Arroyo Langueyú, en la región Sudeste, con mayor peso ganadero. Esa diversidad permitió ensayar la herramienta en contextos productivos diferentes.

El proceso se inició en 2018, a partir de la publicación del primer Manual de Gestión Ambiental CREA. Bressa venía siguiendo el tema y buscó trasladar esos lineamientos a las empresas que asesoraba, en un contexto marcado por crecientes cuestionamientos sociales sobre el impacto ambiental de la producción agropecuaria. “Había una demanda muy fuerte desde el entorno urbano por saber qué estaba haciendo el campo, y muchas veces ni nosotros teníamos sistematizada esa información”, explicó.

El punto de partida fue metodológico. La prioridad estuvo en generar datos comparables y validados. Sin una base común, sostuvo, resulta difícil explicar hacia afuera qué prácticas se realizan y con qué resultados. A partir de esa lógica, propuso comenzar a registrar información que hasta ese momento no se relevaba de manera sistemática: manejo por lote, rotaciones, uso de insumos e indicadores ambientales asociados.

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Grupo CREA General Arenales

Grupo CREA General Arenales

Con el paso de los años, ese registro comenzó a mostrar señales que antes pasaban inadvertidas. “Después de cuatro o cinco campañas empezaron a aparecer algunas luces amarillas, tanto productivas como ambientales, y eso generó mayor involucramiento de los productores”, señaló. La acumulación de datos permitió detectar situaciones como balances de nutrientes negativos, indicadores elevados vinculados al uso de fitosanitarios o balances de carbono desfavorables.

En paralelo, se avanzó en el diseño de manuales de procedimientos, un enfoque habitual en otras industrias pero menos extendido en el agro. En ese camino, las autoevaluaciones funcionaron como un disparador inicial. “Mostraron cosas que se hacían pero no estaban registradas, y otras que directamente no se estaban haciendo”, explicó Bressa. Áreas como seguridad e higiene, almacenaje, señalización o rutinas de trabajo aparecieron como espacios con margen de mejora, incluso en empresas de menor escala.

Ese proceso también alcanzó la relación con los contratistas. La gestión ambiental llevó a revisar prácticas que muchas veces se daban por supuestas, como la cobertura de seguros, ART o el uso de elementos de protección personal. “No es que no se cumpla, pero muchas veces se confía y no se verifica. Y cuando algo pasa, el problema aparece”, advirtió.

Hoy, ambos grupos cuentan con datos acumulados de cinco campañas. Más allá de la incorporación de procedimientos básicos, Bressa destacó que el principal beneficio fue hacer visible lo que antes no se veía. Contar con indicadores permitió no solo diagnosticar, sino también evaluar alternativas de manejo orientadas a reducir impactos ambientales y mejorar la eficiencia productiva.

Desde su mirada, la gestión ambiental CREA cumple además un rol clave en términos de comunicación. “Primero conocemos lo que hacemos, lo medimos y lo ponemos en números. Después podemos pensar qué cambiar. Y también mostrar que medir no es complejo”, sostuvo. Ese orden, concluyó, es un paso indispensable para tomar mejores decisiones y explicar con mayor solidez cómo se produce.

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