22 de mayo de 2026 en Buenos Aires

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Tambo robot: animarse a dar el salto para cambiar el paradigma lechero

Tambo robot. La familia Duhau se animó a dar el salto para cambiar el paradigma productivo. Una apuesta fuerte por la lechería argentina.

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Por CREA Región Oeste | OES

Tambo robot: un cambio de paradigma para la lechería argentina

Como ocurrió con muchos productores argentinos, la familia Duhau hizo crecer sus tambos de vacas holando durante años sobre la base de un modelo pastoril con suplementación. Pero ese camino los fue llevando, progresivamente, hacia el límite tecnológico y productivo que ese sistema podía ofrecer. Los aumentos de carga y producción individual con volúmenes crecientes de ensilados y concentrados fueron reduciendo la participación del pasto en las dietas de sus vacas. En este contexto y ante la necesidad estratégica de nivelar el negocio de la leche con las unidades agrícola y ganadera de la empresa, se consideró cambiar el sistema de producción.

Con los avances tecnológicos, Alberto Duhau visualizó que ahora era factible analizar dar un salto en el sector, tanto en escala como en eficiencia y productividad. Eso sí: por medio de una gran inversión, para lo cual dedicó extensas conversaciones con sus hermanos y socios en la empresa familiar.

“La lechería tradicionalmente pastoril se transformó con el tiempo en una gran consumidora de balanceados, algo que hace de manera poco eficiente. Un tambo estabulado y robotizado, en cambio, puede consumir raciones con nulo desperdicio y máxima eficiencia”, explica Alberto.

tambo

Luego de estudiar diferentes alternativas, optaron por implementar en la localidad bonaerense de Arenaza galpones freestall con pisos de cemento y camas de arena, además de un sistema automatizado de mitigación del estrés calórico, mediante aspersores de agua y potentes ventiladores que contribuyen significativamente a mejorar el bienestar animal. Algo así como un hotel cinco estrellas en versión pecuaria.

La estructura de cemento, si bien es más cara que una de tierra, permite implementar sistemas de “flushing” para el lavado automático de los excrementos, los cuales son derivados hacia una planta de tratamiento de efluentes que recupera la arena, recicla el agua y convierte los sólidos en un biofertilizante que será utilizado para nutrir los cultivos del establecimiento.

efluentes

“Este sistema es el que garantiza el mayor bienestar posible para el animal, lo que repercute en la productividad; además, permite mejorar las condiciones higiénico-sanitarias de la leche”, afirma el empresario integrante de los grupos CREA Lincoln (región Oeste), Santa Isabel (región Sur de Santa Fe) y Tambero Robótico II (grupos CREA digitales).

Cada uno de los dos galpones en funcionamiento tiene 240 metros de largo por 80 metros de ancho. Los enormes tinglados se montaron sobre un terreno elevado que demandó mover 310.000 metros cúbicos de tierra, de manera de garantizar una pendiente adecuada para facilitar el escurrimiento del agua y los desechos.

La instalación total, incluyendo establos de vacas en ordeñe, vacas secas, flushing, sala de leche, oficinas y robots, requirió una inversión inicial estimada en 8000 dólares por vaca en ordeñe, lo que requiere una producción individual promedio superior a 40 litros diarios para justificar la erogación realizada.

tinglados

“Cuando el sistema esté funcionando a pleno, la productividad promedio anual debería arrimarse a 45 litros diarios por vaca en ordeñe y la proporción de sólidos debería incrementarse, además de disponer, tanto en volumen como en calidad, de una oferta constante de leche”, remarca Alberto.

Ya están instalados 48 robots, la mitad de los cuales comenzaron a funcionar en diciembre pasado. Cuando todas las unidades robóticas estén operativas, podrán atender un rodeo de 3000 vacas lecheras.

El megatambo permitió liberar 1400 hectáreas del tambo pastoril, que fueron transferidas a la unidad agrícola de la empresa, la cual, además de ganar escala, tiene ahora un cliente de lujo con un escasísimo costo de flete.

vacas

El objetivo final es llegar a las 7000 vacas en ordeñe, para lo cual se requiere construir dos galpones más, aunque están evaluando si para el segundo tramo del emprendimiento emplearán robots o tambos rotativos.

“El proceso de transición de un tambo pastoril a otro robótico no es homogéneo, porque algunos animales se adaptan mejor que otros al cambio; en ese sentido, contar con un rotativo podría ser una alternativa para derivar a los animales que les cuesta más acostumbrarse a los sistemas voluntarios de ordeñe”, explica.

El sistema de recolección de la leche es mucho más eficiente porque el producto es enfriado de manera inmediata y derivado hacia semirremolques que pueden ser retirados por las industrias lácteas cuando mejor lo dispongan. Todo el sistema, cuando esté a punto, funcionará con una dinámica eminentemente industrial.

remolques

“La lógica comercial del sector lácteo argentino se configuró en función de la lechería pastoril. Ahora tenemos que buscar un socio industrial que valore todo lo que tendremos para ofrecer en cuanto a volumen, continuidad y homogeneidad”, comenta.

Diseño

Cada galpón para 1440 vacas en lactancia fue diseñado con gestión del fotoperíodo, de manera tal de lograr 16 horas de luz diarias con 250 lámparas LED de luz fría (6500 grados Kelvin) por galpón. En la maternidad, donde las vacas deben descansar, la relación debe ser inversa: 16 horas de oscuridad con 8 de luz.

“Existe bibliografía contundente que muestra que aplicar ‘días largos’ con 16 horas de luz continua en vacas en producción aumenta la producción de leche entre un 5% y un 8%. En contraste, los ‘días cortos’ durante el período seco tienden a promover mejoras en la salud y aumentos en la producción de la siguiente lactancia”, resalta Marcos Snyder, asesor lechero de la empresa.

vistas

El proceso de acostumbramiento de un sistema tradicional a otro robótico se logra en apenas tres a cuatro días, período en el cual las vacas son conducidas hasta el robot para que luego incorporen el hábito de trasladarse de manera voluntaria hacia el equipo de ordeñe.

“Las vaquillonas de primer parto que arrancaron en diciembre pasado ya están produciendo 38 litros diarios con un promedio de 2,8 pasadas por día por el robot y una proporción de sólidos de 7,6%; además, se comenzaron a reportar picos de leche nunca vistos en el establecimiento”, apunta Marcos.

Sin embargo, en esa transición, se observa una proporción del rodeo de vacas en lactancia que no logra adaptarse al nuevo sistema voluntario, lo que implica que el personal debe estar encima de esos animales para garantizar un número apropiado de ordeñes. Las vaquillonas, en cambio, responden rápidamente.

instalaciones

El cambio revolucionario en la producción lechera no consiste en el hecho de que un robot ordeñe perfectamente a una vaca, sino en brindar la posibilidad, gracias a la tecnología, de que cada animal decida cuándo quiere comer, ordeñarse o dormir, además del hecho de que el personal tenga un entorno de trabajo más amigable.

Tal como sucede con los humanos, mientras que algunos son más productivos al poder administrar sus tiempos, otros, en cambio, necesitan cumplir un horario laboral estricto para poder disciplinarse. Imponer rutinas intensivas a las vacas de alto potencial genera elevados niveles de estrés que conspiran contra la productividad. En los sistemas voluntarios son los animales quienes marcan sus propios ritmos de acuerdo con sus necesidades, pero para eso se requiere ejemplares plenamente adaptados a ese esquema.

“En los tambos tradicionales, las conversaciones suelen girar en torno al barro, las temperaturas extremas y la dificultad para conseguir ordeñadores. En los sistemas estabulados con ordeño voluntario, en cambio, esos problemas se reducen o se gestionan de otra manera, y el foco se desplaza hacia el comportamiento animal, el diseño preciso de las dietas y la gestión de la información”, remarca el asesor.

vacas

Al poder identificar a cada una de las vacas del rodeo y medir su producción, el sistema permite asignar volúmenes de pellets específicos a las vacas en ordeñe; en este grupo, luego de un período de aumento progresivo de la ración hasta el día del pico de lactancia, la ración se ajusta a la producción observada de cada vaca (gramo/litro), haciendo una asignación eficiente del recurso, de manera tal que no sólo no se desperdicie nada, sino que además la ración está específicamente ajustada a la capacidad de generación de leche de cada animal. El sistema cuenta con dos líneas de alimentación, lo que permite asignar alimentos balanceados distintos según los requerimientos de las vacas.

Con el sistema funcionando a pleno, será posible identificar aquellas vacas que, además de tener una alta producción individual, cuenten con las mejores eficiencias de conversión de alimento en leche. El propio sistema genera la información indispensable para realizar una selección genética específica para un modelo intensivo.

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Con el tiempo, ese proceso se torna virtuoso porque se van seleccionando a los ejemplares mejor adaptados a los sistemas voluntarios para así lograr superar nuevos umbrales productivos y económicos. El principal enemigo de esa dinámica es la impaciencia humana, dado que la transición de un sistema convencional a otro intensivo automatizado no representa una tarea sencilla, ya que requiere un esfuerzo importante por parte de los animales y del equipo de trabajo.

El tambo robotizado, una vez consolidado, además de liberar al personal de tareas operativas, posibilita realizar un seguimiento en tiempo real del comportamiento, estado y productividad de cada animal presente en el tambo, más allá de cuál sea la escala del mismo. Con esa información, los beneficios del sistema voluntario en un entorno estabulado se potencian con el crecimiento de la escala.

“Cuando creíamos tener la mayor parte de las respuestas en lechería, llegó esta tecnología y cambió el paradigma de la actividad; ahora tenemos muchas preguntas y un horizonte de crecimiento con nuevos techos por alcanzar”, resume Marcos.

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