“Más que realizar un congreso tradicional basado en exposiciones, la propuesta buscó que los participantes fuéramos protagonistas: conocernos entre grupos, compartir experiencias, descubrir qué nos une, identificar desafíos comunes y transformar esas necesidades en acciones regionales concretas”, expuso Silvina Campos Carlés, coordinadora de la región CREA Valles Cordilleranos.
El lema del evento –“Un mismo suelo... un mismo cielo”– buscó expresar la idea que dio origen al encuentro: empresas y grupos diferentes, distribuidos en una región amplia y diversa, pero que comparten territorio y desafíos comunes.
“El grupo permite aprender con pares. La región permite abordar desafíos que exceden al grupo. Y la red CREA amplía las posibilidades al conectar conocimiento, experiencias y personas”, señaló Silvina.
Una decisión central fue evitar que el integrantes de la red CREA ocupara el lugar de espectador. La disposición en mesas, las consignas, los intercambios entre personas de distintos grupos y los rescates colectivos estuvieron diseñados para generar participación.
“El primer desafío fue comenzar por nosotros mismos. La región reúne grupos con historias, producciones, culturas, experiencias y formas de trabajar en distintas provincias. Antes de pensar qué debía hacer la región, era necesario saber mejor quiénes somos”, dijo Guillermo Donnerstag, vocal regional.
En ese ámbito, se compartió qué caracteriza a cada grupo y cómo trabaja, qué hace especialmente bien, cuáles son sus desafíos y qué puede aportar a otros, además de explorar qué capacidades podría encontrar en otros grupos de la región.
El segundo acto puso el foco en la razón de ser de la región CREA. Las mesas de trabajo se focalizaron en pensar cómo los desafíos presentes pueden transformarse en acciones concretas.
“La región dejó así de presentarse como una estructura para visualizarse como una plataforma capaz de transformar necesidades compartidas en acción conjunta”, indicó Guillermo.
“Las necesidades nacen en los miembros y en los grupos. Cuando una necesidad supera la capacidad individual de un grupo, puede convertirse en agenda regional. La región conecta personas, conocimiento, instituciones y recursos para transformarla en una iniciativa concreta. La región no es algo que recibimos. Es algo que construimos”, añadió.
Después de conocerse como grupos y de trabajar sobre el rol de la región, el tercer acto amplió la mirada. ¿Qué pasa cuando un desafío supera también las capacidades de nuestra zona?
La respuesta está en conectarse con otras personas, regiones CREA, universidades, organismos de ciencia y tecnología e instituciones capaces de aportar conocimiento, experiencia y nuevas miradas.
En ese sentido, se mostraron los avances del convenio entre la región CREA Valles Cordilleranos y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo. Cuatro alumnos y un empresario CREA de la zona compartieron sus experiencias al respecto.
“Mostramos de manera concreta qué sucede cuando CREA abre sus empresas, su metodología y su experiencia a estudiantes que están comenzando su recorrido profesional; y, al mismo tiempo, qué recibe CREA cuando se vincula con jóvenes, universidad y nuevas generaciones de profesionales”, explicó Andrés Mendez Casariego, miembro del CREA Aconcagua.
Luego compartieron el escenario Candela Rossi del programa InBio Agro de CREA, Gastón Isuani, miembro del CREA Frutícola de Cuyo, y Andrea Goijman, del INTA La Consulta. Tres miradas diferentes y complementarias reunidas alrededor de una misma idea: los desafíos complejos requieren capacidades diversas.
“El conocimiento generado dentro de la red CREA, la experiencia concreta de sus integrantes y las capacidades científicas y técnicas de instituciones como INTA pueden encontrarse alrededor de problemas reales de nuestras empresas y nuestro territorio. No estamos solos. Hacer con otros significa ampliar nuestra capacidad para resolverlos”, comentó Gastón Isuani.
Cuando la red CREA se vuelve personal
Uno de los momentos más especiales y significativos del Encuentro llegó de la mano de Rafael Cueto, integrante del CREA Río Primero (región Córdoba Norte) e integrante de la Comisión Ejecutiva de CREA.
Rafael compartió con todo el auditorio una experiencia personal extrema y rescató el rol y el valor que tuvo su grupo CREA en una circunstancia profundamente desafiante. Su testimonio llevó la idea de pertenencia a una dimensión humana: una red no es solamente contactos, conocimiento o información; una red son personas.
Para impulsar a los participantes a la acción y poner en sus manos herramientas para hacer con otros, el especialista en creatividad Eduardo Kastika condujo dinámicas participativas con el objetivo de promover acciones orientadas a generar la confianza para brindar soluciones a temas concretos. “El Encuentro no debía terminar acumulando diagnósticos o buenas intenciones, sino generando movimiento”, señaló Facundo Tejerina, miembro del CREA Nogalero del Norte.
Cerrando la jornada, Fernando de Nevares, presidente de CREA, y Guillermo Donnerstag, vocal de la Región Valles Cordilleranos, compartieron el escenario para realizar el rescate final y dar por concluido el evento.
“El cierre dejó planteado el verdadero desafío: el Encuentro podría haber terminado en Uspallata. Pero una región CREA existe cuando sus miembros encuentran en ella un espacio para llevar necesidades, conectar capacidades y transformar ideas en acciones que generen valor para los grupos”, remarcó Facundo.
Fernando de Nevares, presidente de CREA.
El Encuentro se desarrolló en un formato de dos medias jornadas y una noche compartida, buscando equilibrar contenidos, trabajo y vinculación. Los breaks, las conversaciones informales, la cena y los momentos compartidos fueron parte esencial de la experiencia. “Una red no se construye solamente intercambiando conocimiento. Se construye generando confianza entre las personas”, expresó Facundo.
“El éxito del Encuentro no debería medirse solamente por la convocatoria, la calidad de las dinámicas o la experiencia vivida. Debería medirse por lo que ocurra después. El evento nos permitió conocernos mejor entre grupos, reconocer lo que tenemos, identificar lo que nos falta, comprender para qué existe una región, descubrir la dimensión de la red CREA y experimentar la potencia de hacer con otros”, resumió Casandra Alvarez, miembro del CREA Nogalero del Norte.