28 de febrero de 2024 en Buenos Aires

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Luis María Coviella: filosofía CREA en acción

Luis María Coviella, recuerdos de su paso por la presidencia de la organización y su visión del Movimiento CREA

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Por CREA Región Mar y Sierras | MYS

Licenciado en Filosofía y socio de una empresa del rubro inmobiliario, Luis María Coviella no descubrió el campo −ni CREA− hasta entrados los años 80. Como miembro del grupo Nicanor Otamendi pronto supo ser vocal de la región Mar y Sierras y luego presidente del Movimiento durante el período 1995-1996.

Durante su mandato se implementaron los lineamientos del plan estratégico iniciado por Orlando Williams, denominado Plan Colonia, y se concretó la mudanza a la actual sede de CREA en la calle Sarmiento. Hoy, con 81 años, recuerda humildemente su paso por la presidencia y contempla maravillado el presente del Movimiento.

−¿Cuándo y de qué manera comienza su vínculo con CREA?

−Hasta el año 80 yo era socio en una inmobiliaria de Buenos Aires. Pero ese año me hice cargo de 1200 hectáreas localizadas en General Alvarado y Balcarce. Por consejo de un íntimo amigo que era integrante de CREA, me puse en contacto con Tomás Lange, quien era en ese entonces asesor del grupo Nicanor Otamendi de la región Mar y Sierras.

Mientras tanto, como tenía inquietudes relacionadas con el manejo de la empresa agropecuaria, me contacté con Jorge Collinet, técnico de la antigua Área de Economía, quien se ocupaba de lo que en aquel momento se conocía como Planeamiento agropecuario.

En 1981 ingresé finalmente al CREA y, con gran sorpresa –yo provenía de un ámbito donde el secreto de la información era prioritario− me encontré con un grupo de gente dispuesta a compartir la mayor cantidad de información posible. Pasado el tiempo, fui presidente del grupo y sin proponérmelo, como suele suceder, terminé siendo vocal de Mar y Sierras.

−¿Cómo fueron aquellos años?

−Una de las primeras acciones realizadas, por conocimiento de Mario Parente, quien era por entonces el coordinador de la zona, fue la incorporación de Jorge González Montaner, recién llegado de Francia, donde había tenido la posibilidad de dirigir un instituto tecnológico equivalente a lo que acá sería el INTA. En Mar y Sierras creamos tres comisiones: Empresa, Ganadería y Agricultura, y Jorge pasó a ser el asesor de esta última, cargo que ocupa hasta el día de hoy.

Al finalizar la vocalía me propusieron formar parte de la Comisión Directiva durante la presidencia de Alberto Ruete Güemes.

−¿Cuál cree que fue su principal aporte?

−Por mi formación, más bien humanística, me incliné hacia lo institucional y pasé a ser director de esa área del Movimiento. En ese entonces no se tenían las comodidades que hay hoy en día. CREA funcionaba en el quinto piso de la Bolsa de Cereales y el departamento institucional se reunía en la oficina de prensa. Había sólo cinco o seis sillas, la mayor parte de los presentes debía permanecer de pie. Con el tiempo, las instalaciones cambiarían notablemente; sin embargo, el espíritu se mantuvo intacto. Allí, en la Bolsa de Cereales, es donde nació la famosa sala 510, sitio de reunión de la Comisión Directiva.

−¿Cómo llegó a ser presidente de la entidad?

Creo que sucedió también de un modo casual. Yo no pensaba que la Comisión Directiva pudiera elegirme, ni me sentía preparado para ello, así que pedí un tiempo para reflexionar y sentir la responsabilidad de lo que estaba asumiendo.

−Fue poco tiempo después del fallecimiento de Pablo Hary…

−Sí, de hecho existía una costumbre: cada vez que se designaba un nuevo presidente, Pablo Hary lo convocaba a Bersée, su campo en Henderson, y allí le hacía una especie de puesta a punto. Hary falleció en febrero de 1995 y yo asumí en julio, por lo que fui el primer presidente que no pasó por esa experiencia.

−¿Qué recuerdos tiene de él?

En aquel momento, concurríamos a la Bolsa de Cereales de saco y corbata. A veces llegaba Hary, que venía de manejar su auto desde Henderson, a las 10 de la mañana cuando la reunión de la Comisión Directiva ya había empezado y decía: “El día que tengan mi edad, podrán llegar tarde”.

Él entraba y todo el mundo se ponía de pie, era un silencio majestuoso, era la presencia del fundador. Con más de 90 años seguía asistiendo a las reuniones. Más tarde, en 1996 se realizó un homenaje en el salón San Martín de la Bolsa de Cereales, donde se presentó un libro en su honor.

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Luis María Coviella junto a su esposa.

Luis María Coviella junto a su esposa.

La presidencia

−Yendo a sus años de presidencia, ¿qué acciones o desafíos signaron ese período?

Fue una etapa en la que trabajamos intensamente. Al comienzo, hablaba mucho con Eduardo P. Pereda, quien era, de algún modo, el reemplazo de don Pablo. Con su avenencia, y de a acuerdo a lo definido en el Plan Colonia, comprendí que tenía que conformar una Comisión Directiva con la mayor pluralidad posible. De ese modo, se renovó la mitad de los miembros procurando que estuvieran representadas todas las zonas. Fui eligiendo entre los vocales que ya habían participado y el resultado fue una Comisión Directiva muy divertida.

Fue entonces cuando convoqué a Oscar Alvarado. Así fue que ingresó un hombre de primera, nacido para liderar, como nos lo demostraría luego a lo largo del tiempo.

−Durante su mandato la entidad se mudó al actual edificio de Sarmiento…

Sí, sin ningún mérito propio, porque todo lo habían facilitado otros. Y aquí quiero destacar la labor de un grupo que trabajó mucho para conseguir los fondos y encontrar el edificio adecuado. Rescato en primer lugar la figura de Juan Carlos Burgui, quien había sido tesorero hasta ese momento. Él era un maestro de las finanzas y logró reunir la cantidad suficiente para comprarlo. También era muy sagaz: a través de conexiones personales se había enterado de que los propietarios tenían algunas deudas y necesitaban vender, lo que fue muy útil para rematar la operación.

Juan Carlos pensaba que el Movimiento necesitaba un lugar propio para desarrollarse plenamente, luchó por eso y lo logró. Sin dudas, ha sido un aporte fundamental para CREA.

−Durante su período y el siguiente se implementaron los lineamientos del plan estratégico comenzado por Orlando Williams. ¿Cómo fue ese trabajo?

Orlando fue un verdadero maestro CREA. Y tanto Eduardo Pereda (h) como yo decidimos continuar con su legado. Hacia adentro implicó fundamentalmente modificar parte del staff. Se decidió que la figura del Coordinador General debía ser la del CEO de una empresa, responsable de todas las comisiones y de todo el personal. Para ello fue necesario pedirle un paso al costado al gerente que estaba en ese momento, una excelente persona pero que ya no nos era funcional.

Queríamos hacer un cambio profundo y así se hizo: el ingeniero Alejandro Lotti fue el que asumió ese rol junto con Alicia Campos, un personaje importantísimo dentro del Movimiento.

Alicia fue una especie de “madre” de los presidentes porque potenció lo que podían hacer y señaló lo que no podían hacer; además era la memoria viva de CREA.

−Se trabajó entonces en la consolidación de vínculos con los miembros y las zonas…

Con Alejandro y Alicia decidimos que había que poner el staff al servicio y en contacto con todo el Movimiento, por eso decidimos llevar la Comisión Reducida y el personal a reuniones en cada una de las zonas, invitar a los miembros CREA a participar de aquellas que se realizaban en el edificio de Sarmiento, y fundamentalmente, comunicar todas las novedades a las regiones.

Empezamos a transmitirles a los miembros que “el Movimiento les pertenecía”. Fue una época de reencuentro, porque hasta ese momento creo que algo de esto sucede en todas las instituciones, se veía al órgano directivo como un poco distante.

En este abordaje fue muy importante el rol de “Eddie” Pereda, quien había concretado un estudio donde se analizaban las dificultades presentes para lograr la conexión de la sede con las zonas. Ese trabajo constituyó una ayuda valiosísima y “Eddie”, un personaje central para darle continuidad.

−Luego vendría la apertura de CREA hacia fuera del Movimiento…

Nosotros concretamos la primera parte, que consistió en abrirnos hacía el interior. Pero luego CREA iniciaría una apertura aún más profunda e importante: hacia la sociedad toda. En este sentido, considero que Oscar Alvarado fue el gran protagonista, quien además debió sortear momentos difíciles durante su presidencia. Era, por ejemplo, la época de la 125, la del conflicto del campo con el Gobierno, cuando con el aporte del equipo técnico de CREA se trabajó muchísimo asesorando a las Cámaras de Diputados y Senadores de la Nación. A partir de allí, el Movimiento fue consolidándose cada vez más.

Su mirada

−¿Cómo continúa su vínculo con CREA hoy?

Después de aquella época, fui invitado por Enrique Garat a formar parte de FundaCREA. En este marco, lanzamos los cursos de posgrado de Ganadería y Agricultura, que aún hoy siguen vigentes. Para este último, se convocó a Emilio Satorre y Jorge González Montaner, quienes aún se desempeñan como coordinadores académicos.

Fui parte de FundaCREA durante tres o cuatro años. Y, bueno, como no nos dejan jubilar, sigo como integrante del Consejo Consultivo. Hoy ya no pertenezco al CREA Nicanor Otamendi sino al grupo Necochea, donde siempre tuve muchos amigos. Es un grupo excelente compuesto por 13 miembros, muy activo en la región.

−Recientemente, se cumplió el 60 aniversario de CREA, ¿cómo ve al Movimiento?

La verdad que muy bien, me parece que está integrado por un grupo de excelencia que está trabajando perfectamente. Veo que el espíritu CREA se despliega y crece y que el Movimiento transita este particular momento sin grandes tropiezos.

A veces tengo la sensación de que hoy en día no podría ser presidente. En aquella ocasión me sorprendió la propuesta, sentía que no estaba preparado, pero me parece que hoy está en manos de la gente que corresponde y que son brillantes en su accionar.

Contra todos los pronósticos, hace un año y medio que todo funciona sin la presencialidad: la parte administrativa, las visitas a las zonas, las reuniones CREA, y todo eso me llama mucho la atención, me maravilla. ¡También que empiezan a tener protagonismo las mujeres, cosa que me parece fantástica!

−¿Tiene algún temor en relación al devenir de CREA?

El único temor que a veces tengo es a caer en la omnipotencia. Quienes ven desde afuera al Movimiento quedan admirados por su funcionamiento, por el respeto a la palabra del otro, por su capacidad de crecimiento, etcétera, y eso ha conducido a que se le pida al Movimiento que responda por cosas que no son parte de su esencia. Por eso, CREA debe tener cuidado de querer estar presente, a través de representantes, en lugares que no son los naturales. Ese es el único riesgo que yo veo y es una tentación que hay que tratar de evitar.

Aunque algunos digan que hoy CREA parece un Ministerio que desarrolla un montón de actividades, yo creo que está todo coordinado y perfectamente equilibrado y considero que tiene que seguir en esa línea.

−¿Qué cosas imagina que pueden cambiar y cuáles deberían prevalecer en el tiempo?

−Respecto a los próximos 60 años, lo único que puedo afirmar es que no voy a estar (ríe), pero confío en la piedra basal del Movimiento, que es el espíritu CREA, el cual ha venido desarrollándose desde su fundación sin sobresaltos.

¿Y cómo va a ser? Yo no lo sé, pero sería bueno citar a Kahlil Gibrán cuando dice: “Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma”. Yo creo que el Movimiento deberá crecer en sintonía con sus integrantes, con un oído en los miembros y el otro en lo que suceda en la sociedad y en el mundo. Pero eso es algo que CREA siempre supo hacer muy bien, y no veo por qué habría de cambiar. Instituciones como ésta tienen, además, la virtud de no esclerotizar. El hecho de que el presidente no pueda perpetuarse en su mandato más allá de los dos años es una de sus principales fortalezas, algo que muchas instituciones no consiguen.

−¿Qué nuevas aptitudes y servicios debería ofrecer el Movimiento en beneficio de sus miembros?

−Las destrezas serán las que la realidad y los miembros demanden. Creo que los próximos serán años de grandes cambios. ¿Cuáles van a ser esos cambios? Me resulta difícil ser profeta en esa área, pero sin duda vendrán de la mano de la tecnología. La pandemia nos lo demostró ampliamente. Nos obligó, incluso a los más escépticos, a reconocer que era posible reunirnos y trabajar a distancia con los mismos resultados.

−¿Qué nuevas destrezas debería incorporar el asesor CREA?

−Yo nunca creí en el asesor todoterreno. No creo que alguien pueda ser buen técnico, consejero espiritual y además un genio del planeamiento económico, por ejemplo.

Algunos asesores se destacan por su capacidad para adecuarse a las necesidades del momento, pero no creo que el futuro del agrónomo sea permanecer como asesor único. No se debe tener la soberbia de creer que se puede abarcarlo todo, aunque a veces pasa un poco eso: el querer ser “el padre” y “la madre” del grupo, una tarea imposible.

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