Desarrollos agrícolas en tierras bajas
Uno de los ejes de la gira fue el análisis de sistemas productivos en ambientes bajos, donde el manejo del agua condiciona gran parte de los resultados. En ese marco, recorrieron experiencias en Brasil que integran agricultura y ganadería a partir de distintas estrategias de drenaje y sistematización del relieve.
Mariano Lanz, vocal de la región y uno de los impulsores del viaje, explicó que esta línea de trabajo se viene consolidando en los últimos años, y recordó que en una gira previa a Paraguay observaron transformaciones en campos bajos a partir del manejo hídrico. “A través de la sistematización del agua y la corrección de suelos logran hacer soja o raigrás y aumentar la producción de carne”, señaló.
Socas detalló que la agenda incluyó la visita a dos unidades de Embrapa: una estación ganadera en Bagé (Embrapa Pecuária Sul) y otra agrícola en Pelotas (Embrapa Terras Baixas), donde tomaron contacto con los trabajos liderados por José María Barbat Parfitt, enfocados en sistemas de manejo del agua en tierras bajas.
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Entre las tecnologías observadas, se destacó el sistema de surco–camellón —ya presente en algunas empresas de la región— y una variante menos difundida: el camellón de base ancha. Este último se basa en una “suavización” previa del terreno para corregir microrelieves y mejorar el escurrimiento, seguida de un abovedado en franjas de 10 a 30 metros de ancho con canales laterales para evacuar los excedentes hídricos.
Lanz subrayó que esta alternativa fue uno de los principales aportes técnicos del viaje. “Es una sistematización distinta a la que veníamos viendo en Argentina y también a la experiencia de Paraguay”, afirmó.
Martín Winkler, miembro del CREA Esquina, señaló que en el sur de Corrientes, en zonas arroceras de Mercedes y Curuzú Cuatiá, el sistema de surco–camellón ya se utiliza para el riego de maíz, montando las líneas de siembra sobre estructuras elevadas que siguen la pendiente y se abastecen desde represas. En esos esquemas, el cultivo demanda cerca de un 30% del volumen de agua requerido por el arroz.
Por otro lado, destacó el camellón de base ancha como una tecnología aún no difundida localmente. En este caso, el objetivo es el drenaje: se parte de una nivelación superficial del lote —sin remover más de 7 a 8 centímetros de suelo— para eliminar microrrelieves (suavización) y lograr un escurrimiento uniforme. Luego se construyen camellones de entre 10 y 30 metros entre valetas, que permiten implantar cultivos sin riesgo de anegamiento.
Winkler remarcó el diferencial económico del sistema: la sistematización ronda los 240 dólares por hectárea, con una duración estimada de tres años y mantenimiento mínimo. “Comparado con un pivote, que ronda los 2500 dólares por hectárea, es una diferencia muy importante”, señaló.
Ganadería: genética, suelos y manejo del pasto
La recorrida incluyó sistemas ganaderos y líneas de investigación orientadas a mejorar la productividad en ambientes subtropicales. En la estación de Embrapa en Bagé, el grupo tomó contacto con distintos trabajos vinculados a genética, reproducción y manejo forrajero.
Socas señaló que uno de los focos estuvo puesto en la adaptación de razas taurinas —como Angus y Hereford— a condiciones tropicales, a partir de herramientas de selección genómica. Según explicó, se trata de avances relevantes, aunque con un impacto acotado. “La heredabilidad del carácter ronda el 20%, por lo que es una herramienta más dentro del sistema, no algo decisivo”, indicó.
Además, destacó el intercambio con el especialista Danilo Menezes Sant’Anna, quien trabaja sobre la integración de especies forrajeras para sostener oferta durante todo el año. En ese sentido, uno de los conceptos centrales fue la búsqueda de “pasto los 365 días”, combinando pasturas de verano e invierno, con altos niveles de fertilización y siembras sobre otro cultivo vivo, cuando las condiciones lo permiten.
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Por su parte, Winkler remarcó la intensidad productiva observada a lo largo del recorrido, al subrayar el uso extendido de represas para aprovechar el agua de escurrimiento y los esquemas de corrección de suelos con calcáreo, favorecidos por su disponibilidad y costo. “Trabajan con suelos arenosos y limosos de buena profundidad, y al corregir el pH y ajustar fósforo y nitrógeno logran muy buenos niveles de producción”, sintetizó.
Lanz señaló que, con reglas de juego estables, los productores avanzaron en correcciones profundas de suelos ácidos —con aplicaciones de cinco a seis toneladas de calcáreo—, lo que les permitió incrementar la producción en agricultura y en sistemas forrajeros. A partir de esa base, observó una alta presencia de raigrás y otros verdeos de invierno, que en muchos casos generan excedentes de pasto de calidad. En ese marco, también visitaron experiencias de pastoreo rotativo, donde se trabaja con parcelas más grandes y rotaciones más lentas para reducir el estrés animal.
La gira incluyó establecimientos con producción bubalina, una actividad en crecimiento en Brasil. Allí observaron sistemas de recría sobre pasturas y verdeos —en muchos casos bajo riego— y esquemas de terminación con suplementación. A partir de estas experiencias, Lanz consideró que el búfalo podría tener un lugar dentro de los sistemas productivos del noreste argentino.
Adopción tecnológica
La recorrida por establecimientos productivos permitió dimensionar el nivel de intensificación alcanzado en el sur de Brasil. Socas señaló que visitaron empresas familiares con planteos diversos y destacó los altos niveles de fertilización en sistemas ganaderos. “En pasturas y verdeos usan entre 200 y 300 kilos de fósforo y entre 500 y 600 kilos de nitrógeno por hectárea, muy por encima de nuestros planteos”, apuntó.
Esa intensificación también se apoya en el riego. El coordinador regional remarcó la amplia adopción de sistemas por aspersión en los establecimientos visitados, tanto sobre cultivos agrícolas como sobre pasturas. Winkler vinculó estos resultados con condiciones macroeconómicas más estables y señaló que la ausencia de derechos de exportación y un contexto más previsible favorecen la inversión y el crecimiento de los sistemas productivos.
La gira incluyó el contacto con un productor integrante de los grupos CITES, una organización del estado de Río Grande do Sul con funcionamiento similar al de CREA. El intercambio permitió identificar puntos en común y abrir la puerta a futuros vínculos institucionales.
“Es un modelo parecido al nuestro, con grupos de productores que trabajan en red. Creemos que hay espacio para generar un intercambio y aportar desde la experiencia CREA”, señaló Lanz. Actualmente CITES reúne alrededor de 30 grupos en ese estado brasileño, con una estructura organizativa propia y antecedentes de mayor expansión.
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Vínculos, aprendizaje y próximos pasos
La gira dejó un saldo fuerte en términos de vínculos y proyección a futuro. El intercambio con productores y técnicos, tanto locales como brasileños, fue uno de los aspectos más valorados.
Winkler destacó que estas experiencias abren nuevas oportunidades de relación. En ese sentido, valoró el contacto con productores de otros países y el vínculo con técnicos de instituciones como Embrapa. “Están siempre abiertos al intercambio y a compartir información técnica”, remarcó.
Socas indicó que el viaje dejó una muy buena respuesta entre los participantes y reforzó la dinámica de trabajo en red. “Son experiencias muy positivas para fortalecer el vínculo entre los integrantes”, resumió.
Lanz destacó la construcción de vínculos entre miembros CREA como eje central de la actividad. “Se trata de vivir la esencia del Movimiento, que es compartir para mejorar”, señaló. En segundo término, mencionó la importancia de conocer desarrollos tecnológicos y el contexto productivo de Brasil.
También remarcó la participación de técnicos de INTA, como parte de una estrategia de articulación que busca sostener el trabajo conjunto entre ambas instituciones. “La idea es seguir abordando en conjunto las problemáticas y potenciar la llegada de esos desarrollos a las empresas”, explicó. A su vez, consideró que este tipo de instancias permite visibilizar el rol del movimiento CREA dentro del ecosistema agropecuario.
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En ese marco, evaluó que los objetivos planteados se cumplieron y destacó el trabajo organizativo detrás de la gira. “Lo más rico fue compartir la experiencia entre los miembros. Ahora el desafío es que eso se traduzca en ideas concretas para trabajar en la región”, planteó.
Por último, Socas adelantó que ya comenzaron a proyectar una nueva gira para 2027, con la intención de seguir profundizando este tipo de intercambios y ampliar el alcance de la experiencia.
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