15 de mayo de 2024 en Buenos Aires

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Bonos de carbono: rumbo a la certificación

El camino recorrido por una empresa del CREA Vallimanca, que incursionó en un proyecto de desarrollo de bonos de carbono con el propósito de comercializarlos.

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“Tiempo atrás, cuando nos embarcamos en este proceso, lo hicimos pensando que íbamos a poder comercializar hacienda con un diferencial de precios. Sin embargo, hoy comenzamos a avizorar beneficios concretos de la venta de servicios ecosistémicos, una vez que logremos certificar bonos de carbono”, remarcó Fernando García Llorente, administrador de la firma Santa María del Recuerdo, localizada en la zona de influencia de la localidad bonaerense de Saladillo.

En 2016 se había propuesto comenzar a prestar servicios ecosistémicos e intensificar el sistema productivo para tornarlo más eficiente. Por entonces no sabía que ese doble propósito era, en realidad, complementario.

“Somos una empresa agropecuaria que se dedica a la agricultura y la ganadería, pero también nos proponemos promover el desarrollo de las personas y contribuir al factor ambiental, de manera tal de contemplar las tres dimensiones de la sostenibilidad”, explicó Fernando durante un seminario en línea sobre bonos de carbono organizado por el Área Ambiente de CREA.

El primer paso de la empresa –integrante del CREA Vallimanca (región Sudeste)– consistió en iniciar un programa forestal con álamos y sauces para luego complementarlo con la ganadería en el marco de un planteo silvopastoril. Así comenzaron a forestar entre cinco y diez hectáreas por año con el propósito de alcanzar un total de 150 hectáreas.

“Con el tiempo, también descubrimos que podíamos secuestrar carbono por medio de la gestión de pastizales”, señaló Fernando en referencia a la metodología de regeneración propuesta por el nodo argentino Ovis 21 del sistema creado por el africano Allan Savory, que contempla dejar “descansar” a las especies presentes en un pastizal –tanto nativas como foráneas– el tiempo suficiente para promover una recarga de biomasa aérea y subterránea que contribuya generar una acumulación progresiva de carbono en el sistema.

El diseño regenerativo se aplicó en cerca de 1000 hectáreas de campo natural presentes en el establecimiento, mientras que otras 800 cuentan con promociones de raigrás, pasturas y cultivos agrícolas. El manejo holístico de pastizales requería aplicar “descansos” de 50 días durante la primavera y de 100 días entre los meses de diciembre y abril. Para ello resultaba necesario duplicar prácticamente el tamaño de los rodeos, lo que implicaba un gran cambio para las personas encargadas de la tarea. Inicialmente se asustaron porque pasar de 250 vacas con terneros a 500 no parecía sencillo, pero los integrantes del equipo de trabajo lograron adaptarse y aceptaron el desafío.

El manejo holístico de pastizales exige dos planificaciones anuales –una para el verano y otra para el invierno–, las cuales se realizan con planillas en papel en las que, de manera sencilla, se indica el destino que va a tener cada lote en cada período. Este proceso demanda el involucramiento del personal encargado de la tarea (que participa de manera activa en las planificaciones semestrales).

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El manejo holístico de pastizales requiere dos planificaciones anuales, que se realizan con planillas en papel en las que, de manera sencilla, se indican el destino que va a tener cada lote.

El manejo holístico de pastizales requiere dos planificaciones anuales, que se realizan con planillas en papel en las que, de manera sencilla, se indican el destino que va a tener cada lote.

La gestión regenerativa del pastizal natural comenzó a generar un volumen sustancialmente mayor de recursos forrajeros. En los primeros tiempos lo atribuyeron al factor climático, pero cuando las diferencias se sostuvieron en períodos secos, pudieron constatar el impacto de la tecnología de procesos (ver gráfico 1).

Gráfico 1. Tasa de crecimiento promedio mensual del pasto en sectores bajos y en lomas de campo natural registrada entre 2018 y 2022 con manejo holístico versus tasa de crecimiento promedio histórica con manejo tradicional

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“Los maíces que antes se empleaban como verdeos de verano ahora se cosechan para venderlos como grano, generando así un ingreso adicional para la empresa”, comentó el empresario.

“Con el Tablero Forrajero CREA* veníamos advirtiendo que la productividad del campo natural se venía degradando de manera paulatina, pero ese proceso no sólo se detuvo, sino que se revirtió a partir de la incorporación del manejo regenerativo”, añadió.

El protocolo EOV (Ecological Outcome Verification) diseñado por Savory Institute en colaboración con Michigan State University, Texas A&M, Ovis 21 y The Nature Conservancy, permitió además detectar una mejora progresiva en la salud del ecosistema a partir de la medición anual de un conjunto de indicadores de flujo de energía, ciclo del agua y de los minerales y dinámica de las comunidades (gráfico 2).

Gráfico 2. Evolución del Índice de Salud del Ecosistema

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El manejo sostenible se extendió, además, a los demás sectores del establecimiento. “Pasamos de tener pasturas de festuca y trébol blanco a pasturas multiespecies que imitan mejor cómo se comportan los campos naturales, para así aportar mayor biodiversidad al sistema”, expuso Fernando.

En el área agrícola, además de rotarla cada seis años con pasturas para promover una mayor acumulación de carbono, comenzaron a emplear cultivos de servicio con el propósito de mantener los lotes siempre verdes durante la etapa invernal.

De la mano de una empresa dedicada a gestionar proyectos de regeneración (Fénix Regenera), en los últimos tiempos comenzaron a incursionar en un proyecto de desarrollo de bonos de carbono con el propósito de comercializarlos en el mercado voluntario de dichos instrumentos.

“Producimos novillos Hilton y solemos recibir en el establecimiento a importadores europeos que vienen a conocer cómo se produce la carne que adquieren. Cuando les mostramos el proceso que estamos llevando a cabo, manifiestan que están interesados en comprarnos los bonos de carbono, una vez que lleguemos a esa fase”, apuntó el empresario.

Este año, gracias a los cambios implementados la empresa consiguió créditos con tasas de interés del 39% y 56% anual (es decir, negativas en términos reales en función de la inflación proyectada), los cuales fueron provistos por la ONG Sumatoria, que se dedica a financiar proyectos productivos sostenibles. También accedieron a un crédito para ganadería regenerativa, provisto por Banca Ética Latinoamericana, que tiene una tasa de interés anual del 6% sobre la base del valor novillo medido en función de la evolución del Índice General Mercado de Liniers (INML) del Mercado Agroganadero de Cañuelas.

“Cuando iniciamos este proceso, lo hicimos pensando que íbamos a poder comercializar hacienda con un diferencial de precios, aunque actualmente eso es lo que vemos más lejano, porque han comenzado a aparecer beneficios concretos en el área financiera y eventualmente en la venta de servicios ecosistémicos cuando logremos certificar bonos de carbono”, remarcó el empresario.

El proceso también resulta útil para que miembros de la familia empresaria que no tienen interés en el agro, pero sí en el cuidado ambiental, se acerquen a la actividad atraídos por los aportes ecosistémicos realizados. Lo mismo puede decirse del equipo de trabajo y de los integrantes de la comunidad. “Más allá de los beneficios productivos y ambientales, los sistemas regenerativos contribuyen a acercar el campo con la ciudad y ese es un activo que capitalizamos mostrando lo que hacemos a estudiantes que quieren ver cómo trabajamos”, resaltó.

“Cuando iniciamos este camino, lo hicimos con una visión de largo plazo, sin imaginar que obtendríamos mejoras productivas, económicas y financieras en tan pocos años”, concluyó Fernando.

La presentación completa puede verse en la sección Videos/Sostenibilidad y gestión ambiental.

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