Cruzar el abismo: el desafío de adoptar nuevas tecnologías
¿Cómo incluir factores económicos, emocionales y sociales en la adopción de nuevas tecnologías? En la Patagonia, destacaron la importancia del trabajo en red.
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El sector ovino enfrenta en la Patagonia el desafío de acelerar la adopción de nuevas tecnologías. Frente a las limitantes que condicionan a la actividad, Ignacio Mullin, director de Rentagro y consultor senior de Sheep Ireland, propuso correr el foco de los problemas y ponerlo en las oportunidades.
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En ese marco, analizó los factores que intervienen en la incorporación de tecnologías de insumos y de procesos, y destacó el valor del trabajo en red para fortalecer el intercambio entre productores, técnicos e instituciones.
La disertación se dio en el marco del Encuentro Patagónico CREA 2026, organizado por la Región Patagonia de CREA a finales de febrero en la Sociedad Rural de Río Gallegos, Santa Cruz, con la participación de productores de toda la región, desde Neuquén hasta Tierra del Fuego.
Con experiencia en la coordinación del Centro Tecnológico Ovino y del Plan Estratégico Nacional del Rubro Ovino de Uruguay, además de su trabajo en Central Lanera Uruguaya y con cooperativas de la Patagonia argentina, Mullin puso el foco en el rol de las personas en los procesos de cambio y en cómo los comportamientos frente a la innovación condicionan la adopción tecnológica.
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Adopción tecnológica, según las personas
Cuando un productor busca mejorar la eficiencia, la rentabilidad y la sustentabilidad de su sistema, se enfrenta a decisiones que impactan en la producción y en la gestión. En ese proceso, la clave no está solo en el acceso a tecnologías, sino en cómo se decide incorporarlas.
El consultor señaló que “muchas veces los productores conocen las tecnologías, pero el problema está en la adopción”. Para abordar ese punto, retomó un modelo del sociólogo estadounidense Everett Rogers, que explica cómo se distribuye la adopción tecnológica en distintos grupos. En ese esquema, los innovadores representan un 2,5% y son quienes asumen el riesgo inicial, seguidos por los adoptadores tempranos o “visionarios” (13,5%), que validan esas experiencias.
Luego aparece la mayoría temprana o “pragmáticos” (34%), que adoptan cuando la tecnología ya fue probada en otros casos. A partir de allí, se incorporan los conservadores (34%) y, finalmente, los escépticos (16%), que solo cambian cuando la evidencia es contundente.
Entre esos grupos se presenta un momento crítico, conocido como “cruzar el abismo”, a partir del cual la tecnología logra expandirse hacia la mayoría temprana. En ese punto, el rol de los pares resulta determinante. “La mayoría temprana adopta cuando ve que otros lo están haciendo y les funciona”, explicó.
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Trabajo en red en Patagonia
Mullin destacó la metodología CREA como una herramienta para acelerar los procesos de cambio, al generar confianza y reducir la percepción de riesgo frente a nuevas prácticas. “Muchas veces, la adopción ocurre entre productores, a través del ejemplo, viendo cómo trabaja otro y qué resultados obtiene”, afirmó.
A la vez, subrayó la importancia de fortalecer el trabajo en red entre productores, asociaciones rurales, organismos de investigación y espacios como los grupos CREA. Según indicó, esa articulación puede resultar decisiva para impulsar la incorporación de nuevas herramientas.
También remarcó el valor de conocer esas experiencias en el lugar donde se desarrollan. “Las giras permiten acercar a los tomadores de decisiones a otras realidades. Cuando uno vuelve, lo hace con otra mirada y más predisposición a cambiar”, afirmó.
Según explicó, cuando se consulta a los productores por qué no incorporan determinadas tecnologías, las respuestas suelen apuntar menos a la herramienta en sí que al contexto en el que deben aplicarla. “Las razones más comunes son la falta de capital, la falta de mano de obra calificada o limitantes como el abigeato, los predadores, los perros asilvestrados o la incertidumbre de mercado”, indicó.
Muchas veces esas objeciones no expresan un rechazo a la tecnología, sino la existencia de condicionantes de marco que dificultan la toma de decisiones. “No es que el productor considere que la tecnología no sirve, sino que deja de adoptarla por otros factores que condicionan el sistema”, dijo.
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Cómo se decide la adopción de una tecnología
¿Cómo se construyen las decisiones dentro de los sistemas productivos? “La adopción de una tecnología no es automática: depende del valor percibido que cada productor le asigna”, resumió el especialista.
Ese proceso —muchas veces inconsciente— combina distintos factores. Por un lado, aparecen las prestaciones tangibles, es decir, los beneficios concretos que puede generar una tecnología en términos productivos o económicos.
Pero también intervienen aspectos emocionales. “Si una tecnología mejora la supervivencia de corderos, no solo hay un impacto económico: también reduce el estrés de ver pérdidas en momentos críticos”, explicó, al destacar que estas dimensiones pesan en la decisión.
A ese conjunto de beneficios se le contraponen otros elementos. El productor evalúa el costo económico, el tiempo que debe destinar, los cambios en la organización del trabajo o la necesidad de incorporar personal. “Siempre hay una incomodidad asociada a modificar lo que uno viene haciendo”, indicó.
A su vez, aparecen las inseguridades. Salir de la zona de confort implica enfrentarse a lo desconocido, incluso cuando el sistema actual presenta problemas. “Uno conoce sus limitantes actuales y se siente relativamente cómodo con ellas, aunque no sean óptimas”, planteó.
En ese marco, describió la decisión como un proceso de “suma y resta”. Por un lado, se agregan beneficios tangibles y emocionales; por otro, se descuentan costos, incomodidades e incertidumbres. “Cuando ese balance es positivo, el productor avanza y adopta la tecnología”, concluyó.
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Observatorio tecnológico
A partir de su experiencia, Mullin propuso una forma de abordar estos desafíos basada en la observación y adaptación de tecnologías que ya funcionan en otros contextos. “Primero miramos qué se está aplicando en otros países y después analizamos cómo implementarlo en nuestros sistemas”, señaló.
En ese recorrido identificó dos grandes polos de referencia para la producción ovina: Oceanía —con Australia y Nueva Zelanda— y algunos países europeos con sistemas más intensivos. A partir de esos casos, planteó la posibilidad de construir un “observatorio tecnológico”.
“En Argentina tenemos una situación muy favorable, porque contamos con técnicos y productores que suelen ser adoptadores tempranos”, señaló, al destacar el potencial de los grupos CREA para liderar estos procesos.
La propuesta es avanzar con encuentros periódicos —presenciales o virtuales— entre asesores, productores, técnicos del INTA, facultades de Agronomía y referentes de sociedades rurales. En esos espacios se analizan problemáticas concretas y se discuten posibles soluciones tecnológicas aplicadas en otros contextos.
“En ese intercambio se evalúan pros, contras y beneficios, se filtran opciones y, si es necesario, se articula con el sistema científico para validar tecnologías o facilitar su llegada”, indicó. Ese trabajo colectivo permite acelerar tanto la disponibilidad como la adopción de herramientas en el territorio.
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Liderazgo en el cambio
La incorporación de tecnología exige priorizar. No alcanza con identificar herramientas útiles: hace falta evaluar cuáles ofrecen la mejor relación costo-beneficio según las restricciones de cada sistema. Pero su adopción no depende únicamente de variables técnicas. “Hay componentes subjetivos y de imagen que influyen en estos procesos”, señaló.
Frente a ese escenario, Mullin planteó: “Si dejamos de mirar solo las dificultades y empezamos a trabajar sobre las tecnologías que pueden aportar soluciones, se genera un cambio cultural en todo el sector”.
Esa transformación involucra tanto a los productores y tomadores de decisiones como a los trabajadores y a los más jóvenes, que serán quienes sostengan esos cambios en el tiempo. Por eso, consideró clave intensificar el intercambio entre pares y acompañar los procesos de implementación con asistencia técnica.
Ese trabajo puede facilitar la adopción de nuevas tecnologías. “Es el momento de liderar estas transformaciones”, concluyó.
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