Respuestas variables a la fertilización
Si bien el nitrógeno es el principal nutriente limitante del cultivo de caña de azúcar, la respuesta a la fertilización no es uniforme y varía entre ambientes y campañas. Muchas veces, esas diferencias pasan desapercibidas por la falta de franjas testigo, lo que impide evaluar si la dosis aplicada fue adecuada, por debajo o por encima de lo necesario, con impactos económicos y ambientales.
Según el especialista, quien también es ex investigador de la Estación Experimental Obispo Colombres, hace décadas se utilizan tablas de recomendación de dosis, a partir de la materia orgánica del suelo y el potencial productivo del lote. Estas tablas ayudan a orientar las decisiones en lo general, pero no siempre ajustan en lo particular.
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Diferentes respuestas a la fertilización nitrogenada
Romero compartió imágenes de lotes con análisis de suelo similares que, según las tablas históricas, deberían tener la misma recomendación de nitrógeno, pero con respuestas muy distintas. “En algunos casos ni siquiera se distingue el testigo sin nitrógeno. En otros, las diferencias fueron muy claras. La variabilidad es la regla”, resumió.
“Hay procesos complejos que todavía nos falta comprender. Aún no hay un indicador que nos pueda pronosticar la respuesta al nitrógeno en un lote a nivel comercial, sin ensayos previos realizados ahí mismo”, dijo, y explicó que existe un conjunto de factores interactuando, como el ambiente (suelo, drenaje, porcentaje de materia orgánica), el clima (temperatura y lluvias), la edad del cañaveral y el historial de manejo del lote, entre otros.
El hecho de que se trate de un cultivo semiperenne también aporta a la variabilidad de respuestas. La plantación del cañaveral implica un importante movimiento de suelos que aumenta la oferta de nitrógeno por mineralización, sobre todo en los lotes que vienen de soja. Durante los siguientes cinco o seis años del cultivo, cuando el suelo no se toca, la oferta de este nutriente disminuye paulatinamente, al tiempo que aumenta la probabilidad de respuesta a la fertilización nitrogenada.
Según el asesor, “por este motivo la fertilización nitrogenada es una práctica ´de manual´ en las cañas socas. Así tiene que ser, pero es importante generar nueva información que permita ajustar dicha práctica a diferentes situaciones, disminuyendo los casos de excesos innecesarios”.
Un cambio de enfoque
Romero citó investigaciones recientes de Brasil, que evaluaron distintas estrategias de fertilización nitrogenada en cañas socas, y la respuesta se observó solo en una parte de los casos —en 7 de 25 ensayos—, lo que refuerza la idea de que no siempre su agregado se traduce en mayores rendimientos. “Es una inversión de riesgo; no es 100% segura”, advirtió.
También mostró que la eficiencia de uso del nitrógeno en caña es baja —con recuperaciones del fertilizante que rondan entre el 10% y el 40%— y que más del 50% del nutriente que absorbe proviene del suelo. “Si solo pensamos en cuántos kilos de nitrógeno aplicar, estamos mirando el problema de forma sesgada”, señaló.
“Es clave ajustar los cuatro parámetros de la fertilización, buscando la mejor combinación de la fuente, la dosis, el momento de aplicación y la ubicación del fertilizante, para aumentar la eficiencia agronómica y poder disminuir la dosis por hectárea. La tendencia es bajar la dosis de fertilizante nitrogenado sintético y sumar otras fuentes”, explicó.
Al respecto, explicó que corregir otras limitantes —como deficiencias de fósforo y de azufre, o problemas de compactación—, pueden generar respuestas positivas y, al mismo tiempo, mejorar la eficiencia del nitrógeno aplicado.
El planteo apunta cambiar el enfoque. “Primero hay que entender bien qué le está faltando al lote”, indicó, y remarcó que el manejo de la fertilización debe pensarse de manera integral, con una visión de mediano y largo plazo.
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Según Romero, el manejo de la fertilización debe pensarse de manera integral, con una visión de mediano y largo plazo.
Red de ensayos
Durante la jornada se presentó una red de ensayos de fertilización impulsada desde la región NOA de CREA, que articula a los grupos Yungas y Cañaverales de Tucumán junto con instituciones de investigación. El proyecto —denominado Innova— busca generar información a campo sobre el uso del nitrógeno y productos complementarios.
La red cuenta con dos campañas en marcha. “Hicimos 22 ensayos en 19 sitios distintos”, detalló, con pruebas distribuidas en toda el área cañera, incluido un sitio en el Ingenio Ledesma. Los ensayos tienen diseño estadístico y se realizan en condiciones productivas.
En la campaña 2024/25 se implantaron los primeros ensayos y en la siguiente se amplió la escala. “Este año estamos trabajando sobre unas 300 hectáreas”, señaló Romero, quien coordina la red de ensayos. El objetivo es generar información representativa sobre la respuesta al nitrógeno y el aporte de nuevas tecnologías en distintos ambientes.
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El proyecto busca generar información a campo sobre el uso del nitrógeno y productos complementarios, con 22 ensayos en 19 sitios.
Nuevo contexto
Romero explicó que los cambios responden a una transformación del sistema cañero. Las tablas históricas sirvieron y aún sirven para guiar, pero los suelos actuales y las zonas de producción ya no son los mismos que hace décadas. “Hoy la caña avanzó sobre ambientes diferentes y también cambió el sistema de cosecha”, señaló. Así se refirió a la cosecha en verde, que implica el abandono de la quema y la permanencia del rastrojo en el suelo, que aporta cobertura, materia orgánica, recicla nutrientes y mejora la humedad.
Ese proceso también modificó la aptitud de algunos ambientes. Algunas zonas que antes consideradas marginales para caña de azúcar, con un menor régimen de lluvias, pasaron a ser productivas gracias a la cobertura. “Con ese colchón, cuando llueve normalmente, las cañas responden muy bien”, explicó.
En ese marco, la red busca evaluar la respuesta al nitrógeno en combinación con nuevas tecnologías. “Estamos probando biofertilizantes, nanofertilizantes y fuentes que aportan otros nutrientes”, detalló, con ensayos distribuidos en distintos ambientes dentro de la misma campaña.
El esquema se apoya en el trabajo directo y el compromiso de los empresarios CREA, responsables de medir los rendimientos de las parcelas en su campo, con cosechas por franjas. “Es un trabajo conjunto, imposible de hacer sin ese compromiso”, señaló el asesor. Esa participación también acelera la adopción: “Cuando el productor mide en su propio lote, confía mucho más en el resultado”, concluyó.
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