15 de mayo de 2024 en Buenos Aires

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Spiroplasma: pautas para mitigar los daños en el maíz

El achaparramiento del maíz o Spiroplasma fue tratado en una jornada organizada por la región CREA NOA con especialistas en la materia.

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El achaparramiento del maíz o Spiroplasma es una enfermedad de amplia distribución en el norte argentino que requiere especial atención porque impacta fuertemente sobre la productividad de un cultivo clave para la sostenibilidad del sistema productivo regional.

Recientemente la Mesa Agrícola de la región CREA NOA realizó una jornada de capacitación en Las Lajitas, Salta, con el propósito de que especialistas en la materia explicaran el estado de situación y las herramientas disponibles para poder mitigar los daños generados por la enfermedad.

Karina Torrico y Paz Giménez Pecci de INTA-IPAVE señalaron que el achaparramiento del maíz se extiende desde el sur de Estados Unidos hasta la Patagonia y que es endémica en el norte de la Argentina.

Hasta el momento, se han identificado cuatro patógenos que causan la enfermedad, los cuales son transmitidos por el insecto vector Dalbulus maidis. Tales patógenos son Spiroplasma kunkelii, Maize bushy stunt phytoplasma, Maize rayado fino virus (MRFV) y Maize striate mosaic virus (MSMV) y pueden encontrarse en infecciones simples o mixtas en el maíz.

En la Argentina la enfermedad es causada principalmente por S. kunkelii, comúnmente denominado “Corn stunt spiroplasma” (CSS). Se trata de un patógeno sistémico que se propaga a todas las partes de la planta a través del floema.

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Las plantas infectadas presentan diversos síntomas, el más típico de los cuales consiste en una clorosis foliar que comienza a desarrollarse desde la base de la hoja, aunque en la Argentina es muy poco frecuente observarla en el campo.

En algunos casos, las hojas presentan enrojecimiento y bordes recortados, acortamiento de entrenudos y plantas multiespigas. Los síntomas pueden aparecer en etapas vegetativas hasta reproductivas. En las condiciones que se presentan en Argentina, generalmente se manifiestan en el periodo de posfloración (especialmente R4 en adelante).

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El reconocimiento de los síntomas en el campo resulta dificultoso debido a que la expresión de los síntomas depende de múltiples factores, como las condiciones ambientales (principalmente temperaturas), el híbrido, la presencia conjunta con otros patógenos, la presión del inóculo y el estado fenológico del cultivo al momento de la infección. Las plantas enfermas terminan su ciclo anticipadamente y se interrumpe el llenado de sus granos. Una vez cosechada, se observan espigas blandas con granos de menor tamaño y peso. Por tales motivos, la confirmación de la presencia de CSS debe realizarse mediante diagnóstico de laboratorio.

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Además, otros patógenos suelen aparecer junto al espiroplasma, lo que dificulta el diagnóstico a campo, que es ya de por sí complejo. Uno de tales patógenos es un procarionte (bacteria), similar al espiroplasma, mientras que otros son virus. Algunos son transmitidos por la misma Dalbulus maidis, mientras que en otros casos actúan las chicharritas del “Mal de Río Cuarto”, pulgones, ácaros, coleópteros y trips. Algunos afectan solo al maíz y otros se multiplican en cualquier gramínea, cultivada o silvestre, que se encuentra en el ambiente, ya sean estivales o invernales.

Por lo tanto, para el manejo del achaparramiento causado por espiroplasma, es importante primero realizar un diagnóstico integral y luego entender los patosistemas y sus interacciones con el cultivo en el ambiente en cuestión.

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Dalbulus maidis

Dalbulus maidis

En lo que respecta al vector de la enfermedad, en la jornada expuso Augusto Casmuz del área de Zoología Agrícola de la Estación Experimental Obispo Colombres (EEAOC), quien explicó que en el norte de la Argentina la presencia de D. maidis se da a lo largo del año en dos regiones principales: la primera tropical (hasta los 24°S) donde, debido a las condiciones ambientales y la disponibilidad continua de maíz, el insecto puede presentar generaciones continuas y solapadas a lo largo del año; y la segunda subtropical (entre los 24 y 28° S), donde el desarrollo del insecto está condicionado por la presencia de maíz y puede presentar hasta cinco generaciones entre los meses de noviembre y mayo; en este último caso, los adultos pasan el invierno refugiados en malezas y cultivos de invierno.

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D. maidis es un insecto monófago, que solo puede alimentarse y desarrollarse en plantas del género Zea (maíz y teosintes). Es una chicharrita de 3 a 4 milímetros de longitud de color amarillo pajizo, que presenta dos manchas negras sobre el vértice de la cabeza. Tiene una gran movilidad, pudiendo desplazarse grandes distancias (más de 20 kilómetros), con antecedentes de migración de hasta 300 kilómetros con ayuda del viento.

Otro aspecto por destacar es la longevidad de los adultos, que pueden vivir entre 45 a 70 días y sobrevivir entre 90 a 120 días refugiados en malezas y/o cultivos invernales durante el período donde el maíz está ausente. Además, los adultos infectivos suelen ser más longevos y tener una mayor capacidad para soportar condiciones ambientales adversas en comparación a aquellos individuos sanos.

Por su parte, Marcelo Druetta del INTA Quimilí abordó en su presentación las alternativas de manejo que se proponen para mitigar los efectos negativos del achaparramiento causado por espiroplasma.

La primera estrategia para intentar contener la expansión de la enfermedad es emplear híbridos que presenten un adecuado nivel de tolerancia a la enfermedad.

La segunda instancia son las prácticas culturales que se pueden llevar adelante para generar un ambiente menos favorable para la presencia del vector de la enfermedad. Una práctica de suma importancia es el control de maíces guachos en los lotes durante los períodos de barbecho, ya que estos sirven de refugio y en ellos el patógeno y el vector se reproducen aumentando la población y la probabilidad trasmitir la enfermedad. Otro es el caso del adelantamiento de la fecha de siembra, dado que en primavera la presión poblacional del insecto es menor que la registrada en el período estival.

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La última instancia es el control químico. Sin embargo, mientras que en Brasil existen más de cincuenta productos registrados para control de Dalbulus maidis, en la Argentina no hay ninguno habilitado.

*El presente artículo es propiedad de Contenidos CREA, si estás interesado en su difusión te pedimos que cites correctamente la fuente.

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