El hecho de disponer de una red propia de evaluación de cultivares de trigo es esencial para poder realizar diseños agronómicos que puedan potenciar la sostenibilidad del negocio.
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Cultivares de trigo: datos que muestran la importancia de contar con una red de evaluación propia
Cultivares de trigo. La importancia de la correcta elección del genotipo para asegurar el éxito productivo en el cultivo de trigo.
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SUSCRIBITEEn la campaña 2025/26 la brecha genética entre los cultivares evaluados en la red de la región CREA Sur de Santa Fe se ubicó entre 1640 y 1811 kg/ha con un máximo del 25%.
“Esto muestra que la elección del genotipo adecuado para cada ambiente sigue siendo muy importante, incluso en campañas climáticas muy favorables, como es el caso de la pasada”, comentó Santiago Álvarez Prado, integrante del Grupo de Investigación en Manejo y Utilización de Cultivos Extensivos (GIMUCE) del IICAR CONICET-UNR.
Al comparar los resultados obtenidos en la red con los rendimientos logrados por los empresarios agrícolas de la región en 2025/26, se observa que la brecha osciló entre 0,5% y 5%.
“Ese indicador refleja que los productores de la zona están haciendo las cosas bien en términos de elección de cultivares de trigo”, añadió Álvarez Prado en una charla ofrecida en una jornada en formato virtual organizada por la región CREA Sur de Santa Fe.
Al analizar la relación genotipo/ambiente con los datos obtenidos de la red en 2025/26, se evidencia que, entre los cultivares con mayor rendimiento, Catalpa y Araza copiaron muy bien el potencial del ambiente –es decir, se trata de variedades con mayor capacidad de adaptación–, mientras que Casuarina se destacó en ambientes de mayor potencial y Baguette 610 en ambientes más restrictivos.
“Las variedades que registraron los mejores rendimientos tuvieron comportamientos diferentes, lo que implica que no existe una sola receta para elegir el mejor genotipo”, expresó el investigador.
El promedio de proteína registrado en la red de ensayos de la región fue del 10,3% base húmeda (13,5%). En muy pocos casos se logró superar la base mínima del 11% requerida para panificación, lo que se explica por la relación negativa existente entre rendimiento y proteína.
En la campaña pasada se llevó a cabo en la red un experimento radical en el cual se evaluaron densidades ubicadas en un rango muy amplio de 65 a 443 plantas logradas por metro cuadrado.
“Para nuestra sorpresa encontramos que los rendimientos fueron similares independientemente de la densidad. Esta falta de respuesta a la densidad está explicada por compensaciones entre los componentes del rendimiento”, comentó Álvarez Prado.
“En el experimento el cultivar de ciclo corto tuvo en el peor de los casos 200 espigas por metro cuadrado, pero logró compensarlas con un ajuste en el número de granos por espiga. En el ciclo largo esa variación fue menor porque tiene mayor capacidad de macollaje, pero el rinde fue similar en todos los casos”, apuntó.
En lo que respecta a controles de enfermedades, el investigador recomendó estar al tanto de las respuestas medidas por la red de ensayos regional, ya que la evidencia muestra que tanto variedades viejas como más recientes “pagan” con creces la inversión en fungicidas.