Ensayos realizados por Ferreira tanto en la región CREA Oeste como en zonas agropecuarias de Virginia, EE.UU., mostraron que, a pesar de que a altas densidades (como 100.000 plantas/ha) las espigas pueden presentar un aspecto incompleto –similar al de un año con estrés hídrico–, la calidad nutricional del silaje no resulta afectada significativamente.
“La disminución del tamaño de la espiga a alta densidad se compensa proporcionalmente con la reducción del diámetro del tallo y el aumento del número de plantas por hectárea”, destacó Ferreira.
“Por lo tanto, en ambientes de alta productividad o suelos profundos, y fundamentalmente al salir de periodos de sequía para recomponer inventarios de forraje, el incremento de la densidad de siembra es una estrategia válida para maximizar el rendimiento de materia seca sin penalizar la calidad”, añadió.
Efecto del estrés hídrico
En el sector productivo americano subsiste la noción de que el estrés hídrico severo incrementa la digestibilidad de la fibra debido a alteraciones estructurales. El presente análisis evalúa si este fenómeno responde a un cambio intrínseco en la pared celular o a un efecto confundido de manejo.
Ensayos conducidos por el investigador en Idaho en parcelas afectadas por sequía mostraron una mayor concentración de FDN en hojas debido a la senescencia, pero las diferencias en la digestibilidad de la FDN (dFDN) a las 30 horas no fueron significativas en términos estadísticos.
En un ensayo realizado en invernadero, a pesar del raquitismo extremo de las plantas bajo estrés (tallos de diámetros mínimos que requirieron tutorado), las curvas de cinética de degradación ruminal de la FDN para el tallo inferior, tallo superior y lámina foliar se mantuvieron virtualmente idénticas entre los tratamientos con y sin irrigación.
Ferreira dijo que aparente alta calidad o digestibilidad de los silajes de maíces con sequía en condiciones comerciales obedece a dos factores ajenos a la fisiología de la pared celulares inducida por el estrés, uno de los cuales es la anticipación del picado (efecto madurez).
“Ante el pánico de la pérdida total del cultivo, el productor cosecha el material de forma anticipada. Al ser una planta fenotípicamente más joven, posee intrínsecamente menores niveles de lignificación”, comentó.
Por otra parte, ante la escasez de forraje voluminoso de alta calidad, los nutricionistas suelen aumentar la proporción de concentrados energéticos en la dieta, incrementando la producción de leche, un resultado que erróneamente se le atribuye a la calidad del silaje de sequía.
“El impacto principal de la sequía en maíz para silaje es una penalización crítica del rendimiento y no una modificación positiva o negativa de la dFDN bajo condiciones de madurez equivalentes”, afirmó.
Fuentes energéticas alternativas
Ferreira testeó la inclusión agresiva de grano de trigo molido en dietas de alta producción de vacas lecheras, donde los animales alimentadas con dietas basadas en trigo mantuvieron niveles óptimos de producción, aunque se detectó una tendencia a la depresión del porcentaje de grasa en leche debido a la elevada tasa de fermentación ruminal del almidón de trigo. El éxito de esa estrategia –explicó– radica en el control estricto de la FDN efectiva y el uso de heno de alta calidad para amortiguar el ambiente ruminal.
En otros experimentos, a través del análisis cinético a 48 horas de 10 variedades de cebada (con y sin cáscara) frente a 5 variedades de maíz, se ratificó que, en líneas generales, la cebada presenta una tasa de degradación del almidón marcadamente superior al maíz.
Sin embargo, los experimentos revelaron un alto impacto de la variabilidad intrínseca de los materiales. Al contrastar variedades específicas de forma aleatoria, se hallaron escenarios donde ciertos maíces superaban en degradabilidad a ciertas cebadas, por lo que representa un error metodológico extrapolar los resultados de un único material genético a toda la especie.
Maíz en grano húmedo
El uso de silaje de grano húmedo aporta ventajas sustanciales en el aprovechamiento del almidón, reportando incrementos de eficiencia digestiva cercanos al 10% en comparación con el grano seco. En dietas de transición, se abre la flexibilidad de utilizar formulaciones con un nivel sutilmente menor de almidón total debido a su mayor entrega de energía ruminal.
Sin embargo, el verdadero limitante de esta tecnología no reside en el plano nutricional, sino en el operativo y logístico, tal como se debate frecuentemente en las mesas de asesores lecheros CREA.
Eso porque existe una marcada escasez de maquinaria moderna y con suficiente capacidad de trabajo en las regiones tamberas. Cuando el grano se cosecha con niveles de humedad críticos y el quebrado es malo, la técnica pierde toda su efectividad.
Por otra parte, al momento del picado (grano en torno al 30% de humedad), el flujo que sale de la cosechadora es masivo y las máquinas no pueden detenerse. Para evitar que la logística colapse, el establecimiento debe disponer de múltiples partidoras/moledoras en paralelo operando en simultáneo (o dar el salto a tecnologías de embolsadoras/quebradoras de gran escala), garantizando un quebrado perfecto y una compactación inmediata (en bolsa o puente) sin generar tiempos muertos en el lote.
Para auditar el proceso de forma objetiva, se recomienda realizar determinaciones de almidón en materia fecal (bostas). Si los valores superan el 3-4% de almidón en bosta, el sistema está evidenciando fallas por un ineficiente quebrado del grano o tasas de pasaje aceleradas.
Silajes de invierno
Para desentrañar las discusiones recurrentes sobre qué especie invernal sembrar y en qué etapa fenológica cosechar, Ferreira implementó un experimento de dos años de duración en tres localidades contrastantes de EE.UU. con diferentes variedades de cebada, centeno y triticale, las cuales fueron cosechados en dos estadios fenológicos críticos: espiga embuchada y grano pastoso.
“Al analizar el rendimiento físico de biomasa, en todos las especies evaluadas se evidenció que cosechar de forma anticipada en espiga embuchada deprime fuertemente los rindes de materia seca por hectárea, mientras que esperar a grano pastoso llega a duplicar el tonelaje producido”, apuntó.
“De todas maneras, al analizar las curvas de cinética ruminal, las muestras recolectadas en espiga embuchada exhibieron una tasa de degradación sustancialmente más rápida y una digestibilidad final marcadamente superior en comparación con el grano pastoso”, resaltó.
Al pasar el silaje de un cultivar de triticale a una prueba real con vacas lecheras en producción, los resultados desconcertaron a los investigadores porque las diferencias no fueron significarivas: 9,5% de proteína bruta y 42% de FDN total en el caso de silaje realizado con el cultivo en espiga embuchada versus 8,5% y 44% en el caso del silaje confeccionado con el cultivo en grano pastoso.
“Mientras que los ensayos controlados de parcelas pequeñas proyectaban brechas drásticas de calidad, las estructuras de los silos a escala real atenuaron significativamente los contrastes de composición química general, aunque la fracción indigerible de la fibra (uFDN240) sí mantuvo el comportamiento esperado, duplicándose en el estadio de grano pastoso (43% versus 24%)”, señaló.
Consideraciones para la toma de decisiones
En la charla técnica mantenida entre Ferreira y asesores CREA, se indicó que, al momento de definir la estrategia de verdeos de invierno, el análisis debe partir de la película completa del establecimiento y no de un recurso aislado.
En trigo y cebada retrasar el picado hacia grano pastoso se encuentra plenamente justificado, ya que el aporte energético del almidón depositado en el grano compensa la caída de digestibilidad de la fibra.
En cambio, en especies de bajo rinde en grano, como el triticale, al demorar el picado el rendimiento en grano no es lo suficientemente significativo como para diluir la FDN. Como consecuencia, se sufre la pérdida de digestibilidad de la fibra sin el beneficio de la ganancia en almidón.
En regiones con ventanas agrícolas ajustadas, la búsqueda de un silo de invierno tardío cosechado con grano pastoso puede retrasar de forma peligrosa la fecha de siembra óptima del maíz de segunda, perjudicando el rendimiento del principal activo forrajero del sistema. En tal caso, la opción más eficiente radicaría en evitar el doble cultivo para resguardar el potencial productivo del cultivo estival.
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