“Los comienzos fueron muy modestos: seis chanchas con un padrillo prestado por un vecino. Pero con el tiempo logró un criadero modelo que llegó a tener 500 madres”, comenta Lucas Gandolfi, hijo de Ernesto y administrador de La Federala.
Ernesto no solo tenía buen ojo para el negocio productivo, sino también para el inmobiliario, ya que –atento a los ciclos de la actividad– en varias oportunidades compró barato y vendió caro, lo que le permitió escalar en superficie. “Antes de llegar a campo actual, adquirió y vendió nada más ni nada menos que 13 campos”.
Un par de décadas después, Ernesto combinó su pasión por el campo con el desarrollo de su carrera profesional (lidera hasta la actualidad su propio estudio jurídico). En todo momento, contó con el apoyo de su esposa, Graciela, quien lo acompañó en las buenas y las malas.
“Hasta comienzos del presente siglo, la historia fue de mucho sacrificio, ya que todo lo que se generaba se invertía en la empresa familiar agropecuaria y lo único que salía de la misma eran nuevas deudas; la mayor parte de los veranos, las vacaciones eran de prestado en lo de algún amigo o se pasaban en el campo. No sobraba nada”, explica Lucas.
En los ’90, con las grandes inundaciones que hubo en varias zonas de la provincia de Buenos Aires, el campo recibió hacienda de un amigo de Ernesto y así comenzó la pasión por la cría bovina, actividad que, desde entonces, jamás abandonó.
El criadero de cerdos se cerró en la crisis del 2001. La superficie propia de la empresa ya había crecido hasta alcanzar las 700 hectáreas. Actualmente cuentan con 1000 hectáreas en el partido de Rojas.
Desde ese entonces, siempre estuvo la vocación por participar en grupo de productores: con los cerdos participaron en PORMAG, con la ganadería fueron parte del CBI y actualmente integran la red CREA.
El contacto permanente con el campo –donde la familia se jugaba su patrimonio– hizo que Lucas descubriera su vocación por el agro. Con tan solo 8 años, convenció a su padre para que montase un pequeño emprendimiento avícola, de manera tal que Lucas regresaba a la ciudad de Buenos Aires con huevos para vender en comercios y almacenes del barrio.
Estaba cantado que Lucas quería dedicarse a la empresa. Comenzó a estudiar administración en agronegocios sin advertir que el destino le tenía preparada una sorpresa, porque completaría sus estudios en el establecimiento familiar.
Un conflicto interno del campo derivó en que la empresa se quedara sin conducción operativa. “Estaba en primer año de la facultad y mi padre me planteó si deseaba hacerme cargo de la parte operativa o sino el campo se alquilaría, pero que si yo aceptaba, podía comenzar a gerenciarla bajo su tutela”, recuerda Lucas.
Corría el año 2005. Lucas, con 19 años, aceptó, intuyendo –el tiempo le dio la razón– que se venía una buena época para la actividad agrícola.
Lucas completó sus estudios a la par de la capacitación empresaria intensiva aportada por su padre. “Me levantaba a la madrugada para llegar por la mañana al campo y luego regresaba por la tarde a la ciudad de Buenos Aires para cursar; fue un época de mucho esfuerzo”, comenta.
Con el auge del precio de los granos, comenzaron a expandir el área agrícola en campos arrendados. “La gestión compartida, hasta que tomé la plena conducción de la empresa en 2012, fue un proceso difícil que no estuvo exento de conflictos, pero en retrospectiva puedo entender que hubo mucha inteligencia emocional por parte de mi padre, quien confió en mí, pero no desatendió la tarea de formarme como administrador”.
Una de las decisiones que tomaron juntos fue la de comenzar a invertir en equipos de riego para transformar a la empresa productiva en una proveedora de servicios, de manera tal de diversificar el flujo de ingresos. Actualmente cuentan con más de 500 hectáreas bajo riego y brindan el servicio de multiplicación de semillas a importantes compañías del sector.
Cuando Lucas alcanzó la experiencia suficiente, Ernesto delegó completamente el mando para poder dedicarse a su estudio en un 100%.
Ganadería
Mientras que muchos vecinos se deshicieron de la ganadería, los Gandolfi siempre estuvieron de acuerdo en mantener esa actividad, a pesar de que durante muchos años resultó ser un clavo económico.
Sin embargo, dos años atrás, con la revalorización de la hacienda, Lucas vendió gran parte del rodeo para transformarlo en tierra y conservó los mejores ejemplares para crear una cabaña de Angus.
“Hubo muchos años en los cuales fue difícil seguir sosteniendo la ganadería, pero, en el largo plazo, las empresas integradas son más resilientes y sólidas ante los cambios, especialmente los inesperados; además, la ganadería es un rubro clave para propiciar la generación de trabajo y el arraigo rural”, remarca Lucas.
“El sábado 12 de septiembre estaremos presentando en la Sociedad Rural de Pergamino, los primeros productos de nuestra cabaña: dos primeras terneras de pedigrí y tres vaquillonas puras controladas, es una gran manera de festejar el cumpleaños”, añade.
Red CREA
Si la intuición y el coraje marcaron la etapa fundacional, el ingreso al grupo CREA Pergamino en 2012 representó el salto de escala en términos de profesionalización e institucionalidad.
Para una empresa acostumbrada a una impronta personalista y centralizada, la metodología CREA aportó herramientas concretas para el crecimiento, tales como la separación de los roles familiares de los ejecutivos, fortalecimiento de la estructura organizacional y adopción de metodologías orientadas al desarrollo de equipos de trabajo sólidos. Fue central además para realizar un traspaso generacional ordenado.
“Integré un grupo de siembra con amigos que eran parte de la red CREA y que todo el tiempo estaban hablando de CREA. Así fui participando en eventos de la comunidad, que me volaron la cabeza, y un día decidí que tenía que ser parte”, apunta.
Actualmente, la empresa trabaja 1.600 hectáreas (1.000 propias y 600 alquiladas en campos lindantes) con un esquema diversificado que incluye soja y maíz con trigo y arveja en el período invernal. Presta servicios de multiplicación de semilla de maíz, soja y trigo. Produce reproductores de la raza Aberdeen angus y mantiene un rodeo de hacienda para carne comercial.
“En algún momento la empresa llegó a tener un rodeo de 1.000 vacas; sería interesante poder recuperar ese capital en algún momento, así que estaremos atentos a las oportunidades que se presenten”, señala el empresario.
Valores
A 50 años de la compra de aquellas primeras hectáreas, La Federala opera hoy una superficie propia de 1.000 hectáreas –acompañadas por arrendamientos estratégicos en campos colindantes–, cuenta con seis equipos de riego de última generación y debuta formalmente en el circuito de exposiciones rurales con sus primeros reproductores de elite.
Los tiempos cambian, pero el ADN de la empresa se mantiene intacto: una mirada atenta a las oportunidades de inversión con una vocación permanente por la producción intensiva y la generación de valor a través del trabajo en red. La Federala es para los Gandolfi una historia de mucho esfuerzo, trabajo, familia y amigos.