29 de septiembre de 2026 en Buenos Aires

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Un viaje para conocer todo sobre el negocio ganadero y la producción de carne en Texas y Oklahoma

Durante once días el CREA Semiárido Norte recorrió Estados Unidos para interiorizarse sobre el negocio ganadero y la producción de carne.

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Por CREA Región Córdoba Norte | COR

Negocio ganadero en Estados Unidos

Integrantes del CREA Semiárido Norte (región Córdoba Norte) viajaron a Texas y Oklahoma para conocer de primera mano cómo se gestiona el negocio ganadero y la producción de carne en dos regiones pecuarias clave de Estados Unidos.

El viaje, coordinado por José Lizzi y Hernán Testa, implicó recorrer más de 4000 kilómetros para conocer distintas etapas de la producción de carne y conversar con productores, investigadores y profesionales del sector.

El recorrido comenzó en King Ranch, en el sur de Texas. Allí conversaron con Darren Bevans, gerente de ganadería, quien mostró las instalaciones, en las cuales gestionan unas 35.000 cabezas de cría de las razas Santa Gertrudis (que fue desarrollada por la empresa un siglo atrás) y Santa Cruz (raza compuesta a partir de Santa Gertrudis y Angus colorado).

Entoran las vaquillonas a los 10-12 meses de edad con un servicio de 60 días, con una inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) inicial y una segunda pasada con celo detectado.

La base forrajera es pastizal natural y pasturas implantadas con las mismas especies del pastizal natural mejoradas. Tienen una carga del orden de 14 hectáreas por vaca y suplementan con pellets proteicos durante el invierno y usan implantes hormonales desde la etapa de cría. Los terneros recríados se envían al feedlot propio con un peso 350 a 400 kilos para terminarse con 800 kilogramos. La base de la alimentación en los corrales consiste en maíz rolado al vapor y silaje de maíz y de sorgo, además de subproductos de destilerías cercanas

En Texas A&M University-Kingsville fueron recibidos por Ben Turner e integrantes del equipo vinculado con el King Ranch Institute for Ranch Management, que tiene como objetivo la formación práctica integral de gerentes de campo. “Nos llamó la atención la importante inversión en infraestructura y el cuidado de las instalaciones”, comenta José Lizzi.

En Angelo State University, Cody Scott y su equipo presentaron cuáles son las líneas de investigación que llevan a cabo, las cuales están focalizadas en gestión forrajera y control de arbustivas, además de aspectos relativos al manejo económico de la empresa pecuaria.

“Al recorrer las instalaciones ganaderas de la universidad, nos sorprendió encontrar Angus negro en un ambiente de mucho calor y pastos de escasa calidad. Nuestros anfitriones destacaron el impacto de la continuidad de los objetivos de selección genética y la mejora sostenida en el tiempo”, señaló José.

Al hablar de producción, aparecieron objetivos de destete de 300 a 350 kilogramos con lactancias de entre 210 días. “Esas referencias nos llevaron a pensar en la relación entre genética, alimentación, duración de la lactancia y productividad por vaca. La carga en el campo de la universidad es conservadora y estable en el orden de 10 hectáreas por vaca, con una producción de carne del orden de 35 kg/ha/año con muy bajo costo e intervención sobre el pastizal natural”, destaca.

La visita continuó en el instituto de carnes, frigorífico y sala de desposte la universidad. Tuvieron la posibilidad de observar dos medias reses de similar peso de animales diferentes para analizar el área de ojo de bife, grasa dorsal, marmóreo y evaluar calidad de res. Recorrieron además la sala de desposte y la tienda donde comercializan sus productos.

“Nos resultó especialmente valiosa la integración entre enseñanza, procesamiento y comercialización. La formación práctica permitía relacionar el animal producido a campo con las características de la carne que llega al consumidor”, indica José.

Ganadería en el oeste de Texas

La jornada comenzó en Lamesa, al sur de Lubbock, en el establecimiento de Jeremy Brown. Se trata de una región con tradición algodonera que cuenta con suelos arenosos y frágiles, donde la disponibilidad de agua del acuífero Ogallala condiciona el riego. Jeremy explicó cómo la disminución del caudal disponible en los pozos limita las posibilidades de producción.

Conocieron su propuesta de integración agrícola-ganadera mediante cultivos de servicio intercalados con algodón en un sistema regenerativo y orgánico. Utiliza mezclas de cereales, leguminosas y crucíferas que se implantan antes de la cosecha de algodón en una intersiembra y luego se pastorean con recría. También observaron un rodeo Bonsmara sobre pastizal natural.

Posteriormente, visitaron Tierras Blancas Feedyard, en Hereford, con una capacidad informada de al menos 42.000 animales. Allí pudieron observar la alimentación y el funcionamiento de un corral de engorde de gran escala. El establecimiento produce silaje bajo riego y recibe grano transportado en tren desde Nebraska y otras zonas del cinturón maicero.

“Conocimos el procesamiento del maíz mediante rolado al vapor, conocido como steam flaking, y la dosificación automatizada de minerales y aditivos. Nos llamó la atención cómo coordinan el abastecimiento, la preparación de las raciones y su distribución a los corrales”, apunta.

Otra observación destacada fue la presencia de animales beef on dairy: cruzamientos de razas de carne con vacas lecheras. Vieron principalmente Angus con Holstein y Charolais con Jersey.

En Canyon fueron recibidos por Vinnicius Gouvêa, de West Texas A&M University, con quien conversaron sobre la relación entre universidad, investigación, extensión y empresas, además de compartir conceptos sobre los números del negocio de terminación.

“En todos los casos que fuimos viendo, los jefes de departamento o de estaciones experimentales de la universidad cumplen con el rol de gerentes. Deben conseguir los temas de investigación en base a los intereses del sector, quien a su vez aporta un 20% a 30% del financiamiento operativo. Todas las estaciones experimentales prestan servicios y venden productos además de hacer ciencia básica y aplicada y tienen como meta al menos el resultado cero, es decir, no pueden generar pérdidas; en caso de haber utilidades, se aplican proyectos de investigación”, remarca José.

Uno de los temas de interés fue averiguar cómo opera el sistema de clasificación de carcasas y su relación con los precios. El grid, o grilla de premios y descuentos, conecta atributos como el marmóreo y el rendimiento con el valor comercial.

“Esas señales del mercado orientan decisiones de genética, alimentación y peso final. Por ejemplo, dos carcasas del mismo peso, pero diferente tipificación, pueden representar 300 u$s/cabeza de ganancia o 600 u$s/cabeza de pérdida en todo el proceso de engorde. La calidad de carcasa se toma muy en serio y se paga”, afirma.

También se interiorizaron sobre el uso de implantes, que se emplean para sostener altas ganancias de peso con el menor engrasamiento posible durante un período prolongado de engorde. “Todo se termina con mucha grasa, 20-25 milímetros de grasa dorsal, y eso sería mucho peor sin los implantes”.

En Bushland recorrieron las instalaciones de investigación vinculadas con la universidad y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA por sus siglas en inglés), donde tomaron contacto con diferentes ensayos sobre dietas, eficiencia alimenticia, horarios de alimentación y manejo del rodeo. También observaron experimentos sobre medición del metano entérico y evaluación de algas y otros productos para reducir su emisión.

Comercialización y genética en Oklahoma

En Oklahoma National Stockyards recorrieron las instalaciones de un remate feria. Visitaron la zona de descarga, los corrales y la pista de ventas, donde pudieron seguir la comercialización de distintos lotes.

“La recorrida incluyó la preparación y distribución de alimento. Nos interesaron los equipos utilizados para abastecer comederos y su posible relación con soluciones para nuestros sistemas de autoconsumo”, comenta José.

Después visitaron Express Ranch, en Yukon, donde se encontraron con vacas con cría Angus sobre Bermuda grass fertilizado y terneros que –según afirmaron– alcanzan alrededor de 400 kilos a los siete u ocho meses, todavía al pie de la madre.

En Oklahoma State University fueron recibidos por Paul Beck con su equipo, además de contar con el acompañamiento de Andrés Cibils, argentino que trabaja en el área de investigación del USDA.

Tomaron allí contacto con investigaciones sobre nutrición, recría y terminación, con especial interés en el consumo residual de alimento (RFI), efectos de promotores de crecimiento en la dieta y (nuevamente) trabajos sobre el control de emisiones de metano entérico.

En la recorrida visitaron a otro argentino, Joaquín Oliverio, quien hace más de una década se dedica a la evaluación, compra y puesta en producción de campos en EE.UU. “Nos mostró cómo integra información de suelos, topografía, disponibilidad de agua e infraestructura de transporte para analizar inversiones. El nivel de detalle de esa información nos permitió apreciar su utilidad para planificar y comparar alternativas de negocio”, cuenta José.

En Ardmore fueron recibidos por el equipo de Noble Research Institute, liderado por María Silveira y Joe Pokay, que se especializa en gestión del pasto y esquemas silvopastoriles, además de promover sistemas con un menor uso de insumos externos.

“Para el invierno combinan pasto diferido con suplementación proteica e intersiembras de especies anuales sobre Bermuda grass. Nos mencionaron un objetivo de destete cercano a 270 kilos y una carga del orden de cuatro hectáreas por vaca. No utilizan antibióticos, solo vacunas respiratorias y clostridiales, y tampoco usan los implantes hormonales generalizados en todos los sistemas estadounidenses”, explica José.

“También recorrimos sectores de monte de robles próximos al Red River y conversamos sobre el manejo de renovales y pastizales. Observamos caravanas con GPS y acelerómetros para el monitoreo de animales”, añade.

Teledetección para conocer mejor el pastizal

En Texas A&M, en College Station, Humberto Perotto Valdivieso y sus estudiantes de maestría y doctorado presentaron trabajos en curso con uso de drones y teledetección, que incluyen aplicaciones para identificar arbustivas invasoras, monitorear especies y estimar altura, volumen y disponibilidad de forraje, además de áreas de suelo desnudo.

También estudian el uso de sensores para estimar materia orgánica del forraje y contenido de proteína. Los drones utilizados permiten cubrir unas 500 hectáreas por un día de vuelo con una resolución de 1,2 centímetros y una tecnología que les permite construir imágenes 3D de la vegetación. El intercambio fue útil para entender los avances que se vienen en materia de ganadería de precisión.

Aprendizajes

“En los sistemas visitados encontramos una atención sostenida en el crecimiento y el peso de los animales, junto con decisiones de carga, alimentación y genética que respondían al potencial de cada ambiente, pero siempre con el foco en el objetivo comercial”, destaca José.

Otro aspecto relevante del viaje fue comprender la relación entre calidad de carne y el resultado económico: las señales que recibe el productor por el valor de la carcasa es lo que alimenta gran parte de las decisiones productivas.

“Nos pareció destacable la cercanía entre universidades, investigación, extensión y empresas. Encontramos equipos dispuestos a compartir información, discutir resultados y escuchar preguntas. Ese vínculo fue uno de los aprendizajes institucionales más valiosos de la gira”, resume José.

Los participantes de la gira ganadera fueron Agustín Laguinge, Agustín Padilla, Alejandro y Federico Stoppa, Carlos Monti, Carola, Daniela y Hugo Baldi, Christian y Lucía Bartolucci, Esteban Anadón, José García, Nicolás Patrizi y René Vicens.

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