Entre los cambios previstos se encuentra una nueva rotación de 12 años, sobre una superficie de 1465 hectáreas, que combina cinco años de pasturas con siete años de agricultura y verdeos. La propuesta también contempla incrementar la carga ganadera sin comprometer las ganancias individuales de peso, mejorar el aprovechamiento del forraje e incorporar silaje de maíz para cubrir períodos de menor disponibilidad de pasto.
Cría, invernada y manejo del pasto
El sistema ganadero combina un rodeo de cría de aproximadamente 360 vientres con una invernada que termina los terneros propios e incorpora animales comprados. Según Baiocchi, por cada ternero producido en el establecimiento se compran entre dos y 2,5, por lo que la invernada representa la mayor parte de la actividad.
La alimentación se basa principalmente en recursos pastoriles. Durante el otoño y el invierno, la hacienda aprovecha verdeos de alta productividad, con rendimientos de pasto comparables a los de zonas productivas del oeste de Buenos Aires. En primavera y verano predominan las pasturas de alfalfa, un recurso que históricamente ocupa una proporción importante de la superficie forrajera.
El ciclo de invernada dura entre 340 y 350 días, desde el destete hasta la terminación de los novillos. La mayor parte de los animales se termina a pasto, con suplementación para cubrir eventuales déficits forrajeros. Los novillos se destinan a exportación, incluidos los mercados de la cuota Hilton y la Unión Europea.
Una característica del manejo es que los recursos de mayor calidad se asignan a la invernada, para favorecer las ganancias individuales de peso. “A la invernada le damos mucha velocidad de pastoreo para que coma muy bien”, explicó Baiocchi. Esto implica dejar parte del pasto sin consumir, que posteriormente es aprovechado por las vacas de cría.
El rodeo de cría también utiliza sectores de monte y campo natural. Sin embargo, el acceso a los remanentes de las pasturas de mayor calidad le permite mejorar la alimentación y obtener terneros con pesos de destete superiores al promedio de la zona.
En la campaña 2025/26, el establecimiento produjo 159 kilos de carne por hectárea ganadera, un resultado similar al registrado en las últimas campañas. La estabilidad productiva constituye una de las fortalezas sobre las que la empresa busca avanzar con su proyecto de intensificación.
Salud del suelo
Otra de las secciones de la jornada estuvo dedicada a las condiciones del suelo y su relación con la productividad agrícola y ganadera. Romina Fernández, especialista del INTA Anguil, y Javier Seewald, asesor de La Minnesota, abordaron los factores que pueden limitar el desarrollo de cultivos y pasturas, y las estrategias de manejo para sostener la salud del suelo.
A partir de la observación de una calicata, se buscó reconocer posibles limitantes físicas dentro del perfil, como la compactación, que puede restringir el crecimiento de las raíces y el aprovechamiento del agua. Según Baiocchi, las diferencias de productividad entre lotes también pueden responder a factores de manejo, fertilización y presencia de malezas.
La presentación abordó la importancia de distinguir entre el potencial productivo de un suelo, condicionado por su textura y profundidad, y su estado de salud. En este sentido, el contenido de materia orgánica debe interpretarse en relación con la proporción de arcilla y limo, ya que un mismo porcentaje puede representar condiciones diferentes según la textura del suelo.
Otro de los aspectos abordados fue el papel de las raíces en el mantenimiento de la estructura del suelo, la infiltración de agua, el ciclo de nutrientes y la acumulación de materia orgánica. Como referencia, la presentación mostró valores de biomasa radicular de unas 14 toneladas por hectárea en pasturas de segundo y tercer año, frente a unas cuatro toneladas por hectárea en cultivos de trigo o cebada.
Entre las estrategias de manejo analizadas se incluyeron la nutrición de los cultivos, la incorporación de pasturas y cultivos de cobertura en las rotaciones, y la combinación de descompactación mecánica con coberturas vegetales. Estos criterios se vinculan con el proceso de intensificación del establecimiento, que busca aumentar la productividad sin deteriorar los recursos del establecimiento.
Producción y aprovechamiento del pasto
Para evaluar la productividad de sus recursos forrajeros, la empresa utilizó el Monitor Forrajero, una herramienta digital de CREA que permite estimar el crecimiento del pasto en cada lote mediante imágenes satelitales. Los registros de distintas campañas muestran una producción promedio de 10.038 kilos de materia seca por hectárea al año para la alfalfa, mientras que los verdeos de avena y centeno alcanzaron 5296 y 6475 kilos de materia seca por hectárea por ciclo, respectivamente.
Durante la jornada, Baiocchi presentó un análisis realizado junto con Magdalena Fernández y Facundo Mendy, del área de Ganadería de CREA, que permitió comparar la producción de los verdeos de invierno de 2026 con el consumo estimado de la hacienda.
La firma registra la cantidad de animales que ingresan a cada lote y el tiempo que permanecen allí. A partir de esa información, realiza una estimación indirecta del consumo de forraje, que luego contrasta con los datos de producción obtenidos mediante el Monitor Forrajero.
El análisis comprendió nueve potreros, con una superficie total de 473 hectáreas y 43 pastoreos registrados entre el 27 de marzo y el 1 de octubre de 2026. Los resultados mostraron una producción promedio de 5030 kilos de materia seca por hectárea, de los cuales la hacienda consumió 2859 kilos. Esto representa un aprovechamiento del 57% del pasto producido.
Uno de los objetivos fue identificar la diferencia entre el pasto producido y el efectivamente consumido, para evaluar las posibilidades de mejorar su aprovechamiento y el impacto económico que tendría para la empresa.
Según las estimaciones presentadas, elevar el aprovechamiento al 65% permitiría incorporar unas 23.000 raciones adicionales durante el período evaluado. Ese incremento tendría un impacto económico potencial de 51 dólares por hectárea sobre la superficie analizada.
El análisis también permitió comparar la productividad de un mismo recurso forrajero entre distintos lotes, para identificar los factores que explican las diferencias de rendimiento. “La idea es identificar qué variables están limitando esa productividad”, explicó Baiocchi, en referencia a las condiciones físicas del suelo, el manejo, la fertilización y la presencia de malezas.
Resultados económicos
Durante la jornada, se presentó un análisis de la gestión productiva y económica de La Minnesota a partir de los registros de cinco campañas, entre 2019/20 y 2025/26. “Es una empresa que ha logrado mantener un resultado económico estable, más allá de los vaivenes económicos del país”, destacó Baiocchi.
En la campaña 2025/26, el resultado operativo del establecimiento alcanzó los 125 dólares por hectárea total, mientras que el margen bruto ganadero fue de 195 dólares por hectárea ganadera. La ganadería aportó el 70% del margen bruto de la empresa, mientras que la agricultura presentó resultados más variables entre campañas, afectados por episodios de sequía y heladas.
Uno de los principales desafíos identificados fue el aumento del precio de los terneros de compra en relación con el valor de venta de los novillos terminados. Este cambio reduce los márgenes de la invernada y obliga a revisar las estrategias de intensificación, ya que incorporar más animales no necesariamente garantiza mejores resultados económicos.
El análisis permitió identificar que, en el contexto actual, mejorar las ganancias individuales de peso y el aprovechamiento del pasto puede tener un mayor impacto económico que aumentar la carga ganadera. A partir de estas conclusiones, la empresa busca orientar sus inversiones hacia las variables productivas que ofrecen mejores oportunidades de crecimiento.
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