29 de mayo de 2026 en Buenos Aires

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Ganadería regenerativa en la cuenca del Salado

A través de la ganadería regenerativa, una familia del sudoeste bonaerense busca mejorar la productividad del campo y la salud del ecosistema.

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En Laprida, al sudoeste de la provincia de Buenos Aires, Beatriz Suárez y Ariel Dell'Orso impulsan un emprendimiento de ganadería regenerativa basado en manejo holístico. El proyecto comenzó durante la pandemia y hoy forma parte del grupo CREA San Jorge-Laprida.

Beatriz es técnica en producción y administración rural. Hasta la aparición del COVID-19 se desempeñaba en el área administrativa de una empresa de seguros, mientras trabajaba en el campo junto a su compañero, Ariel, quien es veterinario. “En nuestras recorridas, empezamos a pensar cómo llevar adelante un proyecto ganadero”, recordó. A partir de esas primeras conversaciones, decidieron capacitarse en manejo holístico a través de Ovis 21.

“Si bien había vivido en el campo y había visto trabajar a mis padres, no conocía la actividad ganadera desde adentro, no como protagonista. Con la formación me empecé a interesar por la producción de pasto y el cuidado del suelo. Arrancamos sin saber nada y desde 2020 me dedico de lleno a la ganadería”, contó.

El interés de Ariel por los sistemas regenerativos surgió a partir de una conferencia del biólogo y productor zimbabuense Allan Savory. “Vi el video Reverdecer desiertos, donde explica por qué desarrolló este enfoque y qué problemas buscaba resolver. Empecé a preguntar y nos metimos de lleno”, señaló.

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Uno de los principales desafíos fue aprender a manejar el recurso forrajero. “La veterinaria te da una idea de la producción animal, pero la producción de pasto tiene mucho más que ver con la agronomía”, comentó. “Por aquellos años también conocimos a Pedro Frías, con quien trabajamos hoy en Triple Impacto y comenzamos a desarrollar el proyecto de ganadería regenerativa”, indicó.

Los primeros pasos los dieron en un campo alquilado de la zona. Más adelante, en 2023, pudieron acceder a un establecimiento de mayor escala, de 230 hectáreas, ubicado en Laprida, en la cuenca del Salado bonaerense. A partir de entonces continuaron el proyecto como emprendimiento familiar.

Desde septiembre de 2025 forman parte del CREA San Jorge-Laprida, un grupo de reciente conformación en la región Sudoeste de CREA, con el objetivo de profesionalizar, hacer más eficiente y rentable el planteo productivo.

“Hoy la veterinaria sigue siendo la actividad principal. Toda la inversión que genera la vamos volcando a la ganadería, pero nos sumamos a CREA para empezar a medir y evaluar que esta actividad secundaria sea realmente rentable. De hecho, hoy la ganadería ya se está manteniendo sola”, afirmó.

Una nueva forma de ordenar la ganadería

Cuando ingresaron al campo, uno de los primeros desafíos fue reorganizar el manejo del pastoreo. “Era un establecimiento con pastoreo continuo y todas las tranqueras abiertas”, explicó Beatriz. Frente a esa situación, comenzaron a rediseñar el sistema a partir de parcelas delimitadas con eléctricos.

“A la estructura que ya existía le incorporamos una mayor cantidad de potreros”, señaló Ariel. Con ese objetivo, avanzaron en un esquema de parcelas fijas orientado a ordenar los movimientos de hacienda y mejorar los tiempos de descanso de los recursos forrajeros.

El planteo se basa en un manejo simple, con alta carga instantánea. “Nos enfocamos en darle descanso a cada parcela para potenciar el desarrollo de la biodiversidad”, indicó Beatriz.

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Actualmente manejan dos rodeos en de las 230 hectáreas del campo. El esquema contempla un servicio de otoño para las vaquillonas, que se entoran a principios de mayo, y un servicio de primavera para las vacas, iniciado hacia mediados de octubre.

“En el módulo de vacas, de 141 hectáreas, hoy estamos trabajando con una carga de 0,7 EV (equivalente vaca)”, explicó Ariel. Allí manejan las vacas preñadas de primavera, las vaquillonas que va a servicio de 15 meses y las vacas, que ya terminaron de parir, del servicio de otoño en un solo rodeo.

El planteo está orientado exclusivamente a la cría. “Producimos terneros y estamos apuntando también a generar vientres preñados”, comentó Ariel. Además, señaló que retienen toda la reposición que se encuentra en condiciones de recriarse.

“Este año vamos a arrancar por primera vez con un entore a los 15 meses, así que ahí aparece un nuevo desafío”, agregó.

Dos estrategias de pastoreo según la época del año

El planteo ganadero se desarrolla íntegramente sobre pastizal natural. A partir de esa base, el manejo del pastoreo se organiza con distintas estrategias según la disponibilidad de forraje a lo largo del año.

“Trabajamos con dos etapas: un plan abierto y un plan cerrado”, explicó Ariel. El plan abierto se aplica durante primavera y verano, cuando el crecimiento del pasto suele superar la demanda de los animales.

“La carga que manejamos es la que el campo soporta en invierno. Entonces, en primavera asumimos que la producción de forraje va a ser mayor a la demanda”, señaló. En ese período, el objetivo es priorizar largos descansos entre pastoreos.

Las parcelas tienen períodos de recuperación de entre 50 y 100 días. “No volvemos a una misma parcela antes del día 50. La rotación se calcula en función del tamaño y la calidad de cada ambiente: en una parcela de baja calidad permanecemos menos tiempo y en una de mejor calidad, más”, indicó.

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El plan cerrado comienza hacia marzo o abril, cuando realizan una estimación del stock de pasto acumulado. A partir de ese relevamiento elaboran un balance forrajero que organiza el manejo hasta septiembre.

“Durante el invierno hacemos una sola pasada por todo el circuito. Eso significa que en cada parcela vamos a entrar una sola vez en toda la estación”, detalló.

El sistema se apoya en el forraje acumulado durante los meses de mayor crecimiento. “Como en primavera y verano la producción supera la demanda, queda mucho más pasto remanente del habitual. Ese excedente es el que nos permite sostener el planteo durante el invierno”, señaló.

Manejo holístico

A pocos años de haber comenzado con el nuevo esquema de manejo, ya se observan cambios en la respuesta del campo. Uno de los principales indicadores es la mayor diversidad de especies presentes en el pastizal natural.

“Hoy están apareciendo especies como paspalum y lotus, que le dan una mayor estabilidad al sistema”, señaló Ariel. También comenzaron a notar un mejor equilibrio entre especies estivales e invernales.

Para Beatriz, otro de los cambios visibles es el aumento de la cobertura del suelo, uno de los objetivos centrales dentro del planteo regenerativo.

Además de los aspectos productivos y ecológicos, Ariel destacó el impacto organizativo que tuvo el sistema sobre el funcionamiento cotidiano del emprendimiento. “Una de las cosas que más me gusta es que tenemos todo planificado con seis meses de anticipación”, comentó.

Esa previsibilidad les permite compatibilizar el manejo ganadero con la actividad veterinaria, que sigue siendo la principal fuente de ingresos de la pareja. “Podemos atender la veterinaria y, al mismo tiempo, tener agendado todo lo que tenemos que hacer en el campo”, indicó.

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Un proyecto que busca seguir creciendo

El vínculo de Ariel con el Movimiento CREA comenzó antes de integrarse formalmente a un grupo. Como profesional, trabaja con empresas vinculadas a otros grupos CREA de la región y había participado en distintas reuniones.

“Me gustaba mucho la metodología”, afirmó. Más adelante, junto con Beatriz, participaron en la conformación del CREA San Jorge-Laprida, un grupo de reciente creación en el sudoeste bonaerense.

El acompañamiento del CREA Nuestra Señora de las Pampas fue clave durante ese proceso. “Fueron nuestros padrinos. Nos sostuvieron en las primeras reuniones, nos ayudaron a reunirnos y nos mostraron cómo funciona el Movimiento CREA”, señaló Beatriz.

El ingreso al Movimiento estuvo asociado al interés por mejorar el manejo del sistema y a la necesidad de ganar eficiencia productiva. “Nos metimos en CREA porque queremos ser eficientes, productivos y seguir creciendo, más allá del cuidado del suelo y del impacto positivo sobre la naturaleza”, sostuvo.

En ese sentido, uno de los principales desafíos hacia adelante es aumentar la producción de pasto para sostener el crecimiento del planteo. “Hoy el arrendamiento no está tan fácil y los valores están por encima de los históricos. Entonces, la idea es empezar a ver cómo podemos meterle más fichas a producir más pasto”, indicó Ariel.

Además, destacó el impulso que les aporta el intercambio dentro del grupo CREA. “En la última reunión surgieron muchas ideas muy buenas. Tenemos un grupo que va muy para adelante”, concluyó.

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