En el centro de San Luis, Ser Beef, empresa miembro del CREA Valle del Conlara, en la región Centro, produce el alimento para un feedlot con capacidad para 100.000 animales mediante un sistema agrícola basado en maíz bajo riego y en secano, manejo por ambientes y fertilización con estiércol.
Cómo se produce el alimento para el feedlot más grande del país
Producción de maíz bajo riego, manejo por ambientes y fertilización con estiércol son la base del sistema que abastece un feedlot de 100.000 animales.
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SUSCRIBITELa firma comenzó a desarrollarse hace 29 años, cuando adquirió cinco campos cercanos a la localidad de Granville e impulsó la incorporación de nuevas tierras a la agricultura junto con la instalación de 41 equipos de riego por pivote central.
"En esta zona de San Luis el régimen de lluvias es de 590 milímetros anuales, con un pico en enero y un mínimo en julio. El planteo fue desarrollar una producción agrícola intensiva bajo riego, con el principal objetivo de producir maíz como forraje para el consumo bovino", explicó Nicolás Ríos Centeno, gerente de producción agrícola de la empresa. "Mientras avanzaban el desmonte y la instalación de los equipos de riego, también se armó el feedlot", agregó.
El feedlot fue creciendo hasta convertirse en el de mayor capacidad del país. "Hoy tenemos 100.000 animales encerrados. Es todo hotelería, es decir, la hacienda pertenece a nuestros clientes y nosotros brindamos el servicio de engorde. La empresa no es propietaria de una sola vaca", señaló.
Riego para estabilizar la producción
En agricultura, la firma trabaja con una rotación dominada por el maíz. "Nuestro esquema es maíz-maíz-soja. Al tener el feedlot dentro del campo, el negocio del maíz es muy atractivo porque el flete hasta los corrales es mínimo", explicó Ríos Centeno.
La superficie agrícola alcanza unas 13.700 hectáreas, de las cuales alrededor de 9.500 se destinan a maíz y algo más de 4.000 a soja. Para la próxima campaña, el objetivo es sembrar 1.800 hectáreas de maíz bajo riego. "Con riego apuntamos a rindes de entre 90 y 100 quintales por hectárea, frente a los 60 quintales que obtenemos en secano. Es decir, logramos rendimientos alrededor de un 50% superiores", señaló.
Más allá del incremento en la productividad, el principal aporte del riego es la estabilidad de los resultados. "En secano tenemos un coeficiente de variación interanual de los rindes de alrededor del 35%, porque el régimen de lluvias en San Luis es muy variable. Con riego ese valor baja al 12-15%, lo que nos da mayor previsibilidad y nos permite saber que una parte de la producción está prácticamente asegurada", afirmó.
Ese mayor potencial productivo también exige un manejo diferencial. "Los planteos bajo riego se siembran aproximadamente un mes antes, con mayor densidad, más nitrógeno y materiales distintos a los utilizados en secano", indicó. Además, tanto los lotes bajo riego como los de secano están ambientados y se manejan con siembra variable.
Agricultura y feedlot, con cuentas separadas
Aunque ambas actividades funcionan de manera integrada, la producción agrícola y el feedlot se administran como unidades de negocio independientes. "Tratamos de manejarlos como centros de costos separados. En agricultura hacemos lo que más le conviene a la agricultura y el feedlot es un cliente más. Nos compra el maíz a precio de mercado y cada centro de costos tiene que defender su propia economía", explicó.
En ese esquema, toda la producción de maíz tiene como destino el feedlot, mientras que la soja se comercializa en el mercado. "Nunca enviamos maíz al puerto porque estamos lejos. Históricamente vendíamos a compradores locales y hoy seguimos haciéndolo con la soja, pero el maíz queda íntegramente para el feedlot", señaló. Además, destacó que el abastecimiento con producción propia reduce los costos logísticos al minimizar el transporte del cereal.
Sin embargo, la producción de la empresa no alcanza para cubrir toda la demanda del sistema de engorde. "Con las 9.500 hectáreas de maíz abastecemos un tercio de lo que consume el feedlot. Como el establecimiento creció mucho en los últimos años, hoy también somos un comprador importante de maíz en la zona", indicó.
La integración entre ambas actividades también incluye la producción de forrajes conservados. "Todos los años hacemos silo de maíz para el feedlot y también silo de cebada. La cantidad se define en cada campaña según las necesidades del sistema, pero básicamente lo que entregamos es todo el maíz en grano, más una determinada superficie destinada a silo de maíz y de cebada", explicó.
El estiércol como fertilizante
Uno de los pilares del sistema es el aprovechamiento de los residuos generados por el feedlot. "Hace ocho años que aplicamos estiércol en todos nuestros lotes, con resultados espectaculares", aseguró. La producción supera incluso la capacidad de utilización de la empresa, por lo que desde hace varios años el material también se entrega sin costo a productores de la zona. "Con las 13.700 hectáreas que tenemos ya no alcanza para absorber todo el estiércol que genera el feedlot. Hoy hay cinco campos vecinos que se lo llevan y ojalá sean más, porque sobra mucho material", comentó.
Los principales efectos de esta práctica se observan en la fertilidad del suelo. "Lo que explota es el fósforo y el zinc. En materia orgánica no vimos un salto porque ya veníamos de muchos años de siembra directa con suelos muy sanos". En la región, los suelos presentan alrededor de 1% de materia orgánica y en el establecimiento ese valor pasó de aproximadamente 1,1% a 1,2%. "Lo importante es que no cae. Los suelos de hoy son mejores que los que había cuando estos campos se compraron hace tres décadas", afirmó.
Para Ríos Centeno, esa evolución permitió responder una de las principales dudas que tenía cuando llegó a la empresa, hace 20 años. "No sabíamos si un planteo de agricultura continua, sin pasturas ni participación de la ganadería en la rotación, podía ser sustentable. La materia orgánica terminó demostrando que no solo se mantiene, sino que aumenta lentamente todos los años, así que estamos tranquilos con el sistema que hacemos", sostuvo.
El uso del estiércol también redujo de manera significativa la dependencia de fertilizantes minerales: "Hoy solo compramos un poco de urea. El estiércol aporta fósforo, zinc, azufre, boro y muchos otros nutrientes". Aunque existe una facturación interna entre las dos unidades de negocio, informó que el costo para la agricultura es aproximadamente un tercio del que tendría si esos nutrientes se adquirieran en el mercado, lo que mejora la rentabilidad del sistema en su conjunto.
El estiércol se distribuye de forma sólida, con equipos esparcidores de unas 20 toneladas que trabajan durante el invierno, cuando los lotes están sin cultivo. "Es lo que antes hacíamos con un fertilizante fosforado; ahora voleamos estiércol", resumió.
El costo del riego condiciona la estrategia
Aunque la empresa dispone de 34 pivotes centrales con capacidad para regar unas 3.500 hectáreas, esta campaña solo utilizará 20 equipos. "Regamos menos de lo que podríamos por una cuestión de rentabilidad. El riego está caro y hoy no todos los pivotes son económicamente viables", sostuvo Ríos Centeno.
El costo promedio de aplicación ronda los 1,35 dólares por milímetro, aunque existen diferencias importantes entre lotes. "Hay pivotes que hace varios años dejaron de ser rentables de operar", señaló. La energía representa el 51% del costo total del riego, mientras que el resto corresponde principalmente a reparaciones, repuestos, personal y al canon provincial por el uso del agua.
Frente a ese escenario, la empresa decidió concentrar el riego en los equipos de menor costo operativo. "Este año van a trabajar los 20 pivotes más baratos y los otros 14 van a quedar parados. Es una lástima, porque la inversión ya está hecha y duele no poder usarlos por falta de rentabilidad ", afirmó. Si bien durante estos 30 años fue necesario reemplazar distintos componentes por el desgaste propio del uso, tanto los pivotes como la red de cañerías enterradas corresponden a la infraestructura original instalada cuando comenzó el proyecto.
Las diferencias de costos responden principalmente a la ubicación de cada lote. El agua proviene del río Quinto, que atraviesa el establecimiento. "Los pivotes que están cerca del río son los más económicos porque requieren menos presión y menos consumo de energía para bombear el agua. Los más caros son los que están lejos y, además, en sectores más altos del campo, donde hay que atravesar una mayor distancia y un desnivel, lo que incrementa el consumo energético", detalló.
La energía solar, una alternativa en evaluación
Frente al aumento de los costos energéticos, la empresa también analiza alternativas para mejorar la competitividad del sistema de riego. "Se está estudiando la posibilidad de incorporar paneles solares. Por ahora es un proyecto que sigue en evaluación", comentó.
Según explicó, algunos productores de la región ya avanzaron con sistemas fotovoltaicos que funcionan de manera independiente de la red eléctrica. "Hay regantes que directamente se desconectaron de la red pública y operan con un sistema cerrado alimentado por paneles solares. Nosotros también analizamos esa opción", indicó.
No obstante, advirtió que esa alternativa implicaría modificar la estrategia de riego. "Desde el punto de vista productivo habría una pérdida de rendimiento porque no se podría regar durante la noche ni cuando no hubiera radiación solar. Aun así, es una alternativa que parece interesante", señaló.
La incorporación de baterías, en cambio, quedó descartada por el momento. "La opción de almacenar energía es muy costosa. La idea sería regar cuando hay sol y detener el sistema durante la noche o en días nublados, evitando la inversión en baterías", concluyó.
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