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Cultivo de maíz: cómo producir en una "maceta"

Con 56 cm de profundidad de suelo, en el sureste de La Pampa ajustan el manejo por ambientes para aumentar los rindes y mejorar los márgenes.

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27 de mayo de 2026 - 15:15

En Guatraché, al sureste de La Pampa, la empresa Hijas de Juan Harriet produce el cultivo de maíz en un ambiente con lluvias escasas y suelos poco profundos. Gracias a la utilización de mapas de tosca, de rindes e imágenes satelitales, ajustan densidad y fertilización. Así fue que el maíz tardío pasó a generar los mejores márgenes, planteando nuevos desafíos en zonas marginales.

El establecimiento La Luna es miembro del CREA Guatraché, de la región Semiárida. “Nuestra principal limitante es la profundidad de la tosca”, explicó Paul Ventimiglia, asesor de la empresa. “Estamos produciendo prácticamente en una maceta. Nuestras áreas de siembra tienen apenas 56 centímetros de profundidad”, advirtió. A ello se suman restricciones hídricas, con lluvias variables de entre 400 y 600 milímetros anuales­.

“El desafío es producir con un régimen de lluvias muy variable y con un perfil que tiene poca capacidad para amortiguar los déficits hídricos”, resumió el asesor durante una jornada técnica organizada recientemente en el establecimiento.

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La empresa siembra maíz en suelos con poca profundidad y limitaciones hídricas, y en las últimas campañas se expandió hacia zonas aún más marginales.

Ampliar el potencial

Frente a esas limitantes, hace más de una década comenzaron a trabajar con agricultura por ambientes, con foco en el cultivo de maíz. El primer paso fue generar un mapa detallado de profundidad de tosca sobre las 4100 hectáreas del establecimiento.

“Se dividió todo el campo en cuadrículas cada 50 metros para conocer la profundidad efectiva del suelo”, explicó Ventimiglia. Así identificaron que 13% de la superficie tiene menos de 40 centímetros de profundidad; un 73% se ubica entre 40 y 80 centímetros, mientras el resto supera los 80 centímetros.

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Con los mapas de profundidad de tosca identificaron que 13% de la superficie tiene menos de 40 centímetros de profundidad, 73% se ubica entre 40 y 80 centímetros y el resto supera los 80 centímetros.

Con esa información, hace 12 campañas comenzaron a implementar siembras variables de maíz. “Ajustamos la densidad según el ambiente, en función de la profundidad de suelo de cada sector”, señaló.

En este período, el rendimiento promedio de maíz fue de 4310 kilos por hectárea. “En 10 de las 12 campañas tuvimos granizo o heladas. Si no hubiéramos tenido esos siniestros, estimamos que el promedio habría estado cerca de los 4600 kilos”, afirmó. Por esa razón, se replantearon el potencial productivo del establecimiento. “Nos preguntamos si este es nuestro techo o si podemos acercarnos a los 5000 kilos. Evaluamos qué ajustes de manejo nos faltan para llegar a esa meta”, comentó.

Agricultura por ambientes

Con el paso de los años, el sistema incorporó nuevas herramientas para ajustar la delimitación de ambientes. La segunda tecnología que sumaron fueron los mapas de rendimiento, que permitieron validar la respuesta productiva de cada sector definido originalmente por profundidad de tosca.

“Queríamos ver si los ambientes que habíamos determinado a partir del mapa de tosca se correspondían con los resultados de la cosecha”, explicó. “Por ejemplo, en los sectores de menor profundidad sembrábamos con menor densidad porque entendíamos que eran ambientes más restrictivos. Después analizábamos si el mapa de cosecha mostraba esa misma respuesta”, agregó.

Más adelante, incorporaron imágenes satelitales a través del índice verde (Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada - NDVI). “Fuimos solapando el mapa de tosca, el mapa de rendimiento y el índice verde para ajustar mejor los ambientes”, indicó.

Actualmente, la empresa maneja el maíz sobre tres grandes ambientes productivos. Desde 2025 se comenzó a trabajar con un cuarto ambiente para seguir afinando las estrategias de manejo y mejorar los resultados del cultivo.

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Los mapas de rendimiento permitieron validar la respuesta productiva de cada sector definido originalmente por profundidad de tosca.

Manejo diferenciado

A partir del trabajo de caracterización de ambientes ajustaron el manejo del maíz en función del potencial de cada sector. “Tenemos un ambiente de ultra baja densidad y ultra bajo potencial donde sembramos 12.000 plantas por hectárea, sin aporte de fósforo y con 40 kilos de urea”, explicó. A medida que mejoran las condiciones de suelo —por mayor profundidad o textura— aumenta la densidad de siembra.

Según el ambiente, se siembran 16.000, 23.000 y hasta 31.000 plantas por hectárea en los sectores de mayor potencial. “En esos ambientes acompañamos la siembra con fósforo y urea”, indicó.

Toda la fertilización se realiza al momento de la siembra. “No hacemos aplicaciones fraccionadas, como ocurre en otras zonas”, señaló Ventimiglia. La decisión está vinculada al régimen climático y a la ventana de implantación del cultivo. “El maíz tardío lo sembramos entre fines de noviembre y los primeros días de diciembre. Después empiezan a bajar las probabilidades de lluvia para incorporar la urea si la aplicáramos más tarde”, explicó. “Por eso hacemos toda la fertilización junta desde el arranque”.

El manejo por ambientes también se complementa con análisis periódicos de suelo. Según comentó el asesor, esos relevamientos permitieron validar las diferencias productivas detectadas a campo.

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El manejo diferenciado involucra mapas de profundidad de tosca y de rendimiento, para realizar fertilización y densidad de siembra variable

“Cuando muestreamos por ambiente encontramos que no estábamos errados con las prescripciones”, señaló. “Los sectores de mayor potencial tienen más materia orgánica, más fósforo y mayor capacidad de mineralización. En cambio, los ambientes de menor potencial presentan pH más altos, menor materia orgánica y muy baja mineralización”, detalló.

Además, todos los años realizan ensayos comparativos de híbridos de maíz adaptados a la zona. “Probamos materiales que creemos que pueden funcionar bien y después priorizamos en la siembra aquellos que mejor resultado tuvieron”, concluyó.

El maíz de segunda ocupa un área reducida y no forma parte de la rotación fija del establecimiento. Su incorporación depende de las condiciones de cada campaña, especialmente de la disponibilidad de agua al momento de la siembra. “Tenemos seis años de historia con este cultivo, pero la decisión depende de cómo viene la primavera y del agua disponible al momento de sembrar”, aclaró.

Ensayos para ajustar densidad y fertilización

La empresa viene realizando ensayos para ajustar el manejo del cultivo dentro de cada sector productivo. Los trabajos combinan distintas densidades de siembra y dosis de nitrógeno para evaluar la respuesta del maíz según la profundidad del suelo.

“Todos los años hacemos ensayos con densidades crecientes en semillas por hectárea y dosis crecientes de urea”, explicó Ventimiglia. En algunos casos el fósforo se mantiene fijo y en otros también se ajusta. “Las evaluaciones se repiten en cada ambiente para encontrar la mejor combinación entre densidad y nitrógeno”, indicó.

Los resultados muestran respuestas diferentes según el potencial productivo de cada ambiente. En los sectores de menor productividad —con profundidades de entre 0 y 40 centímetros—, el mejor desempeño apareció con densidades intermedias. “Probamos densidades de entre 10.000 y 30.000 plantas. Con 10.000 plantas nos quedábamos cortos, mientras que con alrededor de 15.000 aparecía el mayor rendimiento. A partir de ahí empezaba a decaer”, señaló.

En esos ambientes restrictivos, la respuesta al aumento de nitrógeno fue limitada. “Por más que agreguemos urea, la devolución en rendimiento es baja porque el ambiente ya está muy condicionado”, comentó. En cambio, en ambientes de mayor potencial la situación es distinta. “Ahí, cuando aumentamos la densidad y la dosis de urea aparecen respuestas positivas en rendimiento”, afirmó.

Maíz tardío: el mejor margen

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En la campaña 2026/27, el maíz alcanzaría un margen bruto promedio de 360 dólares por hectárea

Gran parte de la estrategia agrícola de La Luna se apoya en el maíz tardío, que viene mostrando los mejores resultados económicos del establecimiento. “Hoy es la actividad con mejor margen del campo”, afirmó. Según las proyecciones de la campaña 2026/27, este cultivo alcanzaría un margen bruto promedio de 360 dólares por hectárea, por encima de otras actividades agrícolas y ganaderas de la empresa.

Para construir esa estimación, realizaron un análisis económico diferenciado por ambiente, considerando rendimientos esperados, costos de semilla y fertilización, además del impacto del flete y la comercialización. “Armamos márgenes brutos por ambiente y después un resultado consolidado para todo el planteo”, explicó.

Las proyecciones se realizaron con un precio estimado de 195 dólares por tonelada para maíz julio y un rendimiento promedio de 4800 kilos por hectárea en maíz tardío. Según los cálculos de la empresa, los ambientes de mayor potencial muestran márgenes significativamente superiores a los sectores más restrictivos.

Cobertura para sostener el sistema

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En 2025 la empresa avanzó en un nuevo proyecto agrícola sobre un campo ubicado más hacia el oeste, en una zona límite para la agricultura en secano.

La incorporación de maíz tardío y maíz de segunda fue aumentando la intensidad agrícola del sistema y reduciendo la permanencia de rastrojos en superficie. “Después del maíz siempre hacemos trigo. Lo cosechamos en julio y enseguida sembramos arriba”, comentó Ventimiglia.

Ese planteo, sin embargo, genera limitaciones para sostener cobertura en ambientes frágiles como los del sur pampeano. “El trigo que hacemos es de ciclo corto y produce poca biomasa. Entonces, si después volvemos a maíz, queda muy poca cobertura en el lote”, señaló.

Frente a esa situación, comenzaron a evaluar cultivos de cobertura con vicia para mejorar la protección del suelo. “En nuestra zona, para que el maíz funcione bien necesitamos mucha cobertura”, afirmó.

A partir de allí realizaron ensayos con distintos momentos de secado para medir la acumulación de materia seca y el nivel de rastrojo generado en cada ambiente. Según los datos relevados en 2025, la producción promedio de biomasa osciló entre 1500 y 3000 kilos de materia seca por hectárea en los ambientes de menor productividad y superó los 7000 kilos en los sectores de mayor potencial.

No obstante, los ensayos también mostraron limitaciones en la disponibilidad de nitrógeno. “Después de la vicia encontrábamos menos nitrógeno disponible que detrás de un rastrojo de trigo”, explicó Ventimiglia. “Por eso tenemos que aportar más urea al maíz y todavía no sabemos con precisión cuándo se libera ese nutriente”, agregó.

“Por eso no usaría la vicia pensando en fijar nitrógeno, sino principalmente para generar cobertura”, sostuvo.

Aprovechamiento forrajero

La agricultura por ambientes también abrió nuevas posibilidades para el aprovechamiento forrajero del cultivo. A partir de la identificación de los sectores de mayor potencial, la empresa comenzó a destinar parte del maíz a picado. “Analizamos tres campañas de maíz para picado y estamos obteniendo entre 32 mil y 35 mil kilos de materia seca por hectárea”, comentó el técnico.

Para definir qué sectores se destinan a ese uso, utilizan herramientas que permiten identificar dentro del lote los ambientes de mayor productividad. “Picamos únicamente el ambiente de alto potencial. Es una forma de capitalizar la siembra variable y aprovechar los sectores donde el cultivo expresa mejor su rendimiento”, explicó.

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La agricultura por ambientes también abrió nuevas posibilidades para el aprovechamiento forrajero del cultivo.

Un nuevo planteo hacia el oeste

En 2025 la empresa avanzó en un nuevo proyecto agrícola en asociación con otras firmas, sobre un campo ubicado más hacia el oeste pampeano, en una zona límite para la agricultura en secano.

“Es un establecimiento de 6000 hectáreas que durante más de 40 años fue exclusivamente ganadero”, explicó Ventimiglia. La puesta en producción demandó un trabajo gradual de acondicionamiento y adaptación del sistema.

El nuevo planteo presentó una situación distinta a la de La Luna. Aunque se ubica en un área con menores precipitaciones —cercana a las isohietas de 400 milímetros—, los suelos muestran una mayor profundidad efectiva. Sobre este establecimiento, se concentran algunos de los principales desafíos de aquí en adelante.

“Todavía estamos haciendo estudios, pero estimamos que tenemos cerca de 70 centímetros hasta la tosca”, señaló. Según explicó, esa mayor profundidad ayudaría a compensar parte de la menor disponibilidad de lluvias de la región.

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